Viajes

10 hoteles con impresionantes vistas… sin salir de la cama

A un lado del cristal, uno de los paseos marítimos más elegantes del mundo, el de La Concha. Al otro, todo el encanto que desprende esta villa original del siglo XIX. Son varias las habitaciones con vistas a la bahía, pero las más especiales son las Panorámicas. El día comienza en ellas y termina en el restaurante Amelia, donde Pablo Airaudo prepara un delicioso menú degustación que cambia con las estaciones. hotelvillafavorita.com.

Su forma de vela, desafiante al viento, y su altura (se eleva casi sobre el mismo mar) han hecho del hotel W Barcelona uno de los iconos de la ciudad. Tiene habitaciones Wonderful, Cozy, Fabolous… y también Cool, que parecen aún más grandes gracias a la asombrosa vista al puerto y al Mediterráneo que brindan sus ventanas panorámicas. Ideales para disfrutar de un atardecer de ensueño sin rozar el suelo. Para más información aquí.

La ciudad andaluza es sinónimo de luz y playa, dos cosas desde las que se pueden disfrutar sin necesidad de salir del hotel, o mejor dicho, de levantar la cabeza de la almohada. Situado junto a La Caleta, ofrece unas magníficas vistas a la bahía desde sus habitaciones, con inmensas cristaleras por las que el océano casi se cuela dentro. Para saborearlo mejor, una deliciosa fritura gaditana en el restaurante. Obtén más información del Parador de Cádiz.

Cuesta imaginar que este sofisticado alojamiento fuera en su día una cabaña de pastores. A medio camino entre el santuario de Aranzazu, en Oñate, y el Parque Natural de Aizkorri-Aratz, junto a los acantilados y las campas de Urbia, la vista se pierde en el horizonte verde. Pero hay más colores. Toca elegir: el apartamento amarillo, más funcional, o el rojo, con una espectacular pared de cristal junto a la cama. Visita su página web.

Pocas cosas quedan por decir de este fantástico hotel diseñado por Frank Gehry que es todo un homenaje al mundo del vino. En sus habitaciones no hay nada al azar: desde las lámparas de nubes junto a la cama hasta los espaciosos baños de mármol italiano verde y negro. Los huéspedes pueden elegir hacia dónde mirar nada más despertar: los ondulantes viñedos, la sierra de Cantabria o el pueblo de Elciego. Descubre Hotel Marqués de Riscal.

Encaramada a una roca frente al río Aragón, la villa medieval de Gallipienzo, a 20 kilómetros de Sangüesa, es un privilegiado lugar para olvidarse del mundo. Algo que enseguida descubrirán los huéspedes de este hotel, con nueve habitaciones que recuerdan en su nombre a los viejos oficios. Una de ellas es La Herbolera, con un ventanal panorámico que nos acerca el esplendor de la Reserva Natural de la Kaparreta. heredadberaguhotel.com

No todos los días se tiene la suerte de abrir los ojos por la mañana y contemplar uno de los monumentos más bellos del mundo. Eso ocurre en esta antigua vivienda de finales del siglo XV, en el corazón mismo del Albaicín. Con artesonado de estilo mudéjar, la habitación El Mirador es precisamente eso. Un insólito rincón para contemplar La Alhambra, tanto desde la cama como desde el cuarto de baño. hotelcasamorisca.com

Desconectar de la rutina para conectar con uno mismo. Esta es la filosofía que impera en este hotel en el que la naturaleza forma parte del decorado. Situado en el valle del Guadalest, hacia él se orientan las paredes acristaladas de las suites, distribuidas a lo largo de varios caminos en la ladera de una montaña. Quienes viajen en pareja, un consejo: reservar el Spa, también con ventanal panorámico, al atardecer. vivood.com

En la comarca de Las Cinco Villas nos espera este hotel súper romántico. Cuenta con once amplias y luminosas habitaciones que se abren a la naturaleza a través de grandes ventanales. El bosque aguarda afuera, por mucho que no apetezca salir de ellas. La decoración minimalista, con bañera en el centro, ayuda a crear un ambiente íntimo. Otra tentación: su restaurante, con una carta con productos de la tierra. arantzahotela.com

Dormir en el Pirineo casi al raso es posible en este alojamiento tan especial situado a 1.800 metros de altitud, en la estación de Formigal-Panticosa. Aquí no hay habitaciones sino cuatro curiosos iglúes en los que los huéspedes podrán despertarse con los primeros rayos de sol que iluminan las montañas nevadas tras el inmenso cristal. Hay más recompensas: ser los primeros en deslizarse por las pistas. formigal-panticosa.com

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