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11 patadas que ‘Star Wars’ le ha dado a la ciencia en sus 43 años de vida

11 patadas que 'Star Wars' le ha dado a la ciencia en sus 43 años de vida

Hoy es 4 de mayo, así que antes de nada, feliz Día de Star Wars. Mucho tiempo ha pasado desde aquel 7 de noviembre de 1977, cuando George Lucas llevó al cine ‘Star Wars IV: Una nueva esperanza‘ y, desde entonces, la saga se ha encargado de conquistar a millones de fans de la ciencia ficción a lo largo y ancho del globo. Sin embargo, no deja de ser eso, ciencia ficción, y como tal hay algunas imprecisiones científicas que se han ido arrastrando en todas las entregas de la saga. Hoy vamos a conocer unas cuantas.

Porque si algo nos ha enseñado ‘Star Wars’ es que saltar a la velocidad de la luz es básicamente pulsar dos botones, que los sables láser pueden funcionar durante horas con una simple batería de Diatium y que en todos los planetas hay la misma gravedad. Sin embargo, en el universo que conocemos las cosas son muy diferentes y lo que ‘Star Wars’ nos propone es más bien poco posible. Comencemos.


Viajar de un planeta a otro en un segundo

Las distancias en el universo conocido son bastante amplias, hasta el punto de que se miden en años luz. Que un planeta esté a diez años luz significa que para alcanzarlo habría que viajar durante diez años a la velocidad de luz, que es de 300.000 kilómetros por segundo (más o menos). Desgraciadamente, viajar a la velocidad de la luz es teóricamente imposible.

Analizamos este problema en profundidad en este artículo, pero en pocas palabras, la fórmula E=(mc^2)^2+(pc)^2 nos dice que masa es lo mismo que energía. Cuando aumentamos la velocidad, la masa también aumenta. Conforme nos acercamos a la velocidad de la luz, la masa tiende a infinito, por lo que se necesitaría energía infinita para seguir acelerando hasta alcanzar la velocidad luz, y eso es imposible.

Además, incluso consiguiendo alcanzar la velocidad de la luz, tendríamos que pasar mucho tiempo viajando. Podríamos viajar en un segundo a un cuerpo celeste que estuviera a 300.000 kilómetros, así que para llegar a la Luna tardaríamos 1,22 segundos, por ejemplo. Luego habría que frenar para no estrellarnos contra la superficie, pero eso ya es otro problema.

El sonido de las naves

Los combates de naves estelares son espectaculares, sobre todo cuando Luke consigue acertar a los Tie Fighter usando la torreta del Halcón Milenario. Todos conocemos el clásico sonido de lo cañones láser, el sonido de los Tie Fighter… Pero es todo falso. En nuestro universo, una persecución como las que vemos en Star Wars sería bastante aburrida porque no habría sonido.

El sonido se propaga mediante ondas sonoras a través de un medio físico, el aire, por ejemplo. En el espacio no hay aire, o al menos no lo hay en las mismas proporciones que en nuestro planeta. Hay gases, pero las moléculas están demasiado dispersas para que el sonido que puedan transportar sea audible por nosotros. El «sonido del universo» viene en forma de ondas electromagnéticas, que nosotros tampoco podemos escuchar.

Dicho de otra forma, si una nave dispara en el espacio, se choca contra un asteroide o hace cualquier cosa que en la Tierra haría ruido, en el espacio no lo oiríamos. ‘Interstellar’, por ejemplo, es muy precisa con este asunto. Desgraciadamente, el sonido de las naves es una licencia que la saga se permite para dar tensión y emoción a las escenas, pero poco más.

Aquí hemos de romper una lanza a favor de la saga, y es que en la novela canónica ‘Star Wars: Los Lores Sith’ se especifica que los personajes no escuchan las explosiones:

«Su interceptor [refiriéndose a la nave de Darth Vader] se estrelló contra la cúpula de artillería del transporte. El sonido no se transmite en el vacío, y la colisión se produjo en un silencio inquietante. Hubo una explosión de llamas momentánea, que se extinguió rápidamente en el vacío».

Y las naves, en general

Las naves también son todo un misterio. Es cierto que estamos asumiendo que existe una tecnología súper eficiente que permite a estos vehículos funcionar durante días, incluso dando varios saltos a la velocidad de la luz para llegar de un planeta a otro, pero eso no quita que, según los conocimientos que tenemos hasta el momento, su funcionamiento sea impreciso.

Por un lado, ¿cómo giran? Al no haber aire, girar no es tan sencillo como mover un ala y cambiar la dirección de la corriente de aire, así que necesitarían un sistema de propulsión lateral (como un escape de gas) para poder girar, y eso no se ve en las películas. Por otro lado, ¿por qué caen cuando son derribadas? Salvo que la batalla suceda en un planeta, en cuyo caso se presupone cierta gravedad, cuando una nave es derribada en el espacio, gravedad hay más bien poca, así que lo normal sería que el cuerpo siguiese su trayectoria.

Los sables láser que no son de láser

¿Quién no ha querido blandir un sable láser cuando era pequeño? Todos conocemos estas «armas nobles para tiempos más civilizados», pero lo cierto es que de láser tienen poco. Un láser, por definición, es un haz de luz. Su color dependerá de la longitud de onda, pero lo que es irrefutable es que hacer chocar dos láseres y que se frenen entre sí, como sucede en Star Wars, es imposible. Es luz, después de todo. Además, su longitud tendería a infinito, por lo que el sable láser seria kilométrico.

Pero asumamos que son posibles. El láser continuará su trayectoria hasta que una superficie lo absorba o lo rebote. Bastaría con que el oponente llevase una armadura reflectante para que el sable láser no funcionase en absoluto. Incluso podría devolver el láser contra nosotros y matarnos, así que vaya arma más absurda.

Para ser precisos tendríamos que hablar de sables de plasma, y ahí tenemos otros problemas. El primero es la fuente de alimentación, y es que en Star Wars se usan baterías de Diatium, que tienen mucha capacidad, pero en la Tierra este material no existe. Si quisiéramos tener un chorro de plasma caliente activado durante mucho tiempo, posiblemente necesitaríamos cargar con una batería muy grande que posiblemente nos diera poca autonomía. No sabemos cuánto puede durar una batalla de sables láser, pero quizá no sea sencillo ganar cargando con una batería de 20 kilos a la espalda.

Hay algunas estimaciones basadas en la escena en la que Qui-Gon Jinn usa su sable para derretir una puerta de acero en ‘La amenaza fantasma’. Asumiendo que la puerta es de acero convencional, que mide 2,35 metros de ancho y que el maestro Jedi derrite 0,87 metros cúbicos, la energía consumida sería de 1,69 gigajulios, o lo que es lo mismo, la energía de 120.380 pilas AA que pesarían 2,7 toneladas. No parece viable.

La Estrella de la Muerte (y todas sus versiones)

Si algo nos ha enseñado Star Wars es que construir estaciones espaciales del tamaño de la Luna e incluso dentro de un planeta es algo relativamente sencillo. Pero desgraciadamente no es así. Para el caso, vamos a analizar la primera Estrella de la Muerte, la que destruye Alderaan. Esta tiene 120 kilómetros de diámetro de puro acero quadanio (aleación ficticia) y alberga dos millones de personas a bordo entre pilotos, oficiales y soldados.

Para poder construir semejante mastodonte necesitaríamos mucho acero. ¿Cuánto? Basándonos en el nivel actual de producción de acero, 128 veces la producida en la edad actual del universo. A todo esto tendríamos que darle energía, y para eso podemos usar el ejemplo de la Estación Espacial Internacional. Esta consume 0,75 W por metro cúbico que proceden de ocho paneles solares de 34×12 metros. Una Estrella de la Muerte consumiría 45 veces esta energía, y hay un problema.

En el hipotético caso de que consiguiéramos recubrir la superficie de la Estrella de la Muerte con paneles solares 100% eficientes, la captación de energía solar iría disminuyendo conforme nos alejáramos del Sol, así que llegaría un punto en el que nos quedaríamos tirados en el espacio hasta que el azar nos acercase a otro. Entonces tendríamos que tener la suficiente capacidad para recargar los motores y salir pitando antes de que la gravedad de ese sol nos atrajese hasta él y nos matase. Hay flecos en este plan.

Luego tenemos el láser que destruye Alderaan. De acuerdo a las estimaciones anteriores, este láser emitió en ese momento una energía de 2,25 x 10^32W. Nuestro Sol, por poner la cifra en contexto, produce 3,846 x 10^26W. Para darle vida a este láser una sola vez, un solo tiro, se necesitarían 598.000 millones de veces la energía que se consume en la Tierra. El coste de mantener la Estrella de la Muerte operativa sería de 30 quintillones de veces el dinero existente que hay en toda la Tierra, por día.

Y si esta cifra parece alta, espera a ver la del Starkiller, la Estrella de la Muerte construida dentro de un planeta que se alimenta de la energía de los soles cercanos y que la Primera Orden usa para destruir la República. Esta tiene cinco veces la potencia de la primera Estrella de la Muerte, así que para destruir los cinco planetas que destruye necesitaría tres quintillones de veces el suministro de energía de nuestro planeta. Ahí es nada.

La Fuerza

La Fuerza, aunque debería acompañarnos en todo momento, no lo hace exactamente. Obi Wan dice que La Fuerza es un campo de energía creado por todos los seres vivos, que nos rodea y penetra y mantiene a la galaxia unida. Cualquiera diría que está hablando de campos electromagnéticos, ¿no? Eso permitiría a los Jedi manipular objetos metálicos, levantar naves hundidas en un pantano y empujar a los soldados con trajes metálicos.

Pero claro, habría que aprender a controlar los campos magnéticos a nuestro antojo, con precisión, a mano descubierta y en cualquier situación, y eso no parece demasiado sencillo. Además, incluso siendo capaces de doblar una cuchara con la mente, todavía habría que resolver el asunto de leer las mentes, manipular haciendo un gesto con la mano y demás habilidades sobrenaturales de los Jedis y Sith.

Las explosiones en el espacio

Las explosiones son espectaculares en la saga, de eso no hay duda, pero desgraciadamente, una explosión similar en nuestro universo conocido no sería tan visual. Para que haya fuego se necesita oxígeno, y este no es que abunde demasiado en el espacio más profundo. Si la batalla sucede en un planeta en el que se supone que hay oxígeno sí, la explosión sucedería como normalmente, pero en una batalla en mitad de vete a saber qué cuadrante alejado de la mano de Dios, una explosión sería bastante… decepcionante.

Vamos a asumir que en las naves hay cierta cantidad de oxígeno para que los pilotos puedan respirar. Si la nave es alcanzada por un disparo láser, el oxígeno de la nave crearía una pequeña combustión y, como mucho, habría un pequeño flash y los trozos de la nave se dispararían en diferentes direcciones (no caerían, sino que se moverían en línea recta ad infinitum porque no hay gravedad). Serían bastante aburridas.

Medir el tiempo en «Parsecs»

El Halcón Milenario es la nave más rápida de la galaxia porque fue capaz de recorrer el Corredor de Kessel en menos doce parsecs. Un parsec es una unidad de longitud utilizada en astronomía que viene de «paralaje de un segundo de arco». En pocas palabras, un parsec es 3,2616 años luz, por lo que decir que hemos recorrido el Corredor de Kessel, que tiene 18 parsecs de longitud, en 12 parsecs, es como decir que hemos recorrido un kilómetro en tres metros. Es absurdo. Recordemos la fórmula básica del tiempo: tiempo es igual a distancia entre velocidad.

Los cinturones de asteroides que parecen la M30 en hora punta

‘Star Wars II: El ataque de los clones’. Obi Wan llega al planeta Camino, se entera de la existencia de un ejército de clones y conoce a Jango Fett. Tras una intensa batalla, Fett huye en la Esclavo I, pero Obi Wan lo sigue gracias a un rastreador. Al final acaban intercambiando disparos en un campo de asteroides en el que es difícil transitar porque todas las rocas están muy juntas. Hay que maniobrar (no se sabe cómo, porque ya sabemos que las naves no podrían girar sin un sistema de propulsión lateral) y los asteroides parecen una trampa mortal solo salvable por los más hábiles.

Pues más bien no. J.L Galache, astrónomo del Centro de Planetas Menores de la Unión Astronómica Internacional en Cambridge, hizo un estudio para demostrar que chocarse contra un asteroide en un cinturón de asteroides sería complicado. Se estima que en nuestro sistema solar hay unos mil millones de asteroides que se pueden encontrar mayormente en el cinturón que hay entre las órbitas de Marte y Júpiter.

En el volumen que ocuparían 120.000 planetas como el nuestro, lo más probable es que nos encontrásemos con un solo asteroide. Muy grande, pero solo uno. Muy mal tenemos que pilotar para acabar estrellándonos contra él.

Las comunicaciones instantáneas

‘Star Wars VIII: Los último Jedi’. Lo poco que queda de la Resistencia se refugia en una antigua base de la Alianza Rebelde en el planeta Crait. La única opción que tienen de sobrevivir es o encontrar una salida, algo que por la propia estructura de la base no es posible (una entrada, una salida), o que los afines a la Resistencia vengan en ayuda de estos pobres rebeldes capitaneados por Leia y Poe Dameron.

Al llegar, todo el equipo funciona correctamente (la casualidad) y Leia dice que usen su clave para pedir ayuda a los aliados. No viene nadie, algo que en la saga se enlaza con que los aliados de la Resistencia han perdido la fe en ella. Pero tiene otro sentido: la velocidad a la que se llevan a cabo las comunicaciones entre elementos muy distantes.

Para que nos entendamos, en Mars One explican que la comunicación entre la Tierra y Marte puede demorarse entre tres y 22 minutos, ya que la señal rebota en diferentes satélites. Si pudiéramos mandar un WhatsApp, el mensaje tardaría unos seis minutos en llegar. No es que los aliados hayan perdido la fe en Leia o en la Resistencia, es que si los planetas aliados están a 30 años luz de Crait, un mensaje enviado por ondas de radio tarda 30 años en llegar y otros 30 años en volver. Para cuando hubieran recibido el mensaje, lo poco que quedaba de la Resistencia sería poco más que polvo.

Las comunicaciones en el espacio no son instantáneas, sino que tienen cierta latencia, dependiendo de la distancia a la que esté el objeto. Si enviamos un mensaje por ondas de radio a la Luna, este tarda 1,25 segundos en llegar y otro 1,25 en volver. La Luna está a 350.000 kilómetros, así que podemos echar cuentas de cuánto tomaría el mismo mensaje en llegar a un planeta en el otro extremo de nuestra galaxia.

La gravedad universal

Por último, no está de más hablar de la gravedad universal. Si os fijáis en las películas, en todos y cada uno de los planetas hay la misma gravedad, da igual que estemos en Tatooine, Naboo o Coruscant. Todos los personajes, sean de la raza que sean, andan sin problemas, saltan, se mueve y hacen su vida. Es como si en todo el universo hubiera una idílica gravedad de 9,807 m/s^2, pero desgraciadamente esto no es así.

La gravedad depende del tamaño y la masa de cada cuerpo celeste, por lo que no es lo mismo la gravedad de Tatooine, que tiene un diámetro de 10.465 kilómetros, que la de Endor, cuyo diámetro es de 4.900 kilómetros. No hace falta irse a planetas ficticios para darse cuenta de eso.

En nuestro sistema solar la gravedad cambia muchísimo de un planeta a otro. En Venus es de 8,87 m/s^2 y en Jupiter es de 24,8 m/s^2. No nos comportaríamos igual en todos los planetas, porque en algunos pesaríamos más y en otros menos.


La noticia

11 patadas que ‘Star Wars’ le ha dado a la ciencia en sus 43 años de vida

fue publicada originalmente en

Xataka

por
Jose García

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