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Abuelas que tejen sin cesar para los más vulnerables: niños de Sierra Leona y sin techo de Madrid han recibido sus labores

Ochenta abuelas madrileñas de siete residencias de mayores y de un centro de día tejen a diario todo tipo de labores con fines solidarios. Desde personas sin hogar que viven en las grandes ciudades de la región hasta una maternidad de Sierra Leona pasando por niños de corta edad de una guardería de Collado Villalba: decenas de personas de todas las edades se benefician cada año del trabajo desinteresado de estas tejedoras senior, que están más que comprometidas con el proyecto. De hecho, durante la pandemia, lejos de parar el ritmo, han subido una velocidad y en el segundo semestre de 2020 y en el primero del 2021 han tejido como nunca.

“Estoy encantada de hacer esto”, afirma Rosa Moya, de 89 años y natural de Jaén, aunque desde hace un año vive en la residencia de mayores Nuestra Casa de Collado Villalba. Cada tarde, Rosa teje junto a más de una decena de compañeras en el aula de labores. Todas participan en el taller ‘Tejiendo Solidaridad’ que coordina la Asociación de Labores Solidarias IAIA. Su presidenta, Concha Rey, y el resto de voluntarios de la organización sin ánimo de lucro han conseguido abrir sedes en Madrid y Valencia y formar grupos de tejedoras –solo hay un tejedor, en Salamanca– por toda España.

En total, hay unas 500 personas mayores comprometidas con el proyecto. La asociación IAIA les distribuye tanto la lana como los utensilios para tejer, que en la mayoría de casos vienen de empresas que colaboran de forma altruista. Hasta los envíos de las labores se hacen sin coste a la asociación gracias a la colaboración de Fundación Seur.

Entre todas las personas que participan en el proyecto han conseguido tejer y enviar patucos, jerseis y mantitas para los bebés de unas maternidad de Sierra Leona. A este país africano también han enviado 200 ositos para otros tantos niños vulnerables. Para personas de Madrid sin hogar han tejido gorros y bufandas que les fueron entregadas en Navidad. Las mismas prendas las elaboraron para los pequeños de la escuela infantil La Vaca Flora de Collado Villalba. Antes de la pandemia, las tejedoras incluso salieron a la guardería para entregar en mano las prendas.

Otra iniciativa que les granjeó muchas alegrías fue el proyecto ‘Mares de solidaridad’: en 2015, durante meses, las abuelas tejedoras crearon con la ayuda de grupos jóvenes animales marinos y cuadrados azules de lana. Todo lo tejido se unió en unas mantas-océano que se dispusieron en la sede del Ministerio de Agricultura Alimentación y Medio Ambiente, en Madrid, y en el Oceanográfic de la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia con motivo del Día Mundial de los Océanos (8 de junio). El inigualable esfuerzo tuvo su recompensa, porque recibió un premio europeo.

Comprobar de primera mano cómo reciben sus labores los destinatarios les genera un gran bienestar, porque les hace sentirse útiles. No son los únicos beneficios: tejer contribuye a mantener activas las habilidades físicas y cognitivas de las personas mayores y, como lo suelen hacer en compañía, mitigan la soledad. Sin duda, todo son ventajas.

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