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Adriana Cerezo, del instituto a Tokio sin escalas: “Mis padres no querían que pelease”

Falta menos de un mes para que miles de estudiantes comiencen la temida selectividad en España. Nervios, tensión, ilusión… Un cóctel de sensaciones que marcará el inicio de su verano. Adriana Cerezo es una de estas estudiantes. La diferencia con el resto de sus compañeros es que, en vez descansar o disfrutar de las vacaciones antes de comenzar la universidad, esta joven de 17 años nacida en Alcalá de Henares se marchará a disputar unos Juegos Olímpicos como representante del equipo español de taekwondo: “Me voy a ir liberada, va a ser un buen verano… ¡Mi viaje de fin de curso va a ser Tokio!”

El pasado 7 de mayo, Adriana pasó de ser una promesa del deporte español a consolidarse como una deportista de élite. Lo hizo en Sofía, Bulgaria, triunfando en un preolímpico que le dio el pase directo a Tokio para este mismo verano, en la categoría de taekwondo de menos de 49 kilos. Allí derrotó a la suiza Andrea Schnell (49-4), a Kyriaki Kouttouki de Chipre (18-1) y a la rumana Liana Musteata (18-3). En conversación con El Confidencial, admite no ser fácil explicar con palabras aquella desmesurada alegría que ejemplificó con un salto vertical cuando se agotó el tiempo del tercer asalto frente a su última rival: “Me imaginaba lo de los Juegos Olímpicos como un proyecto de futuro, como algo que conseguir más adelante. Pasó de ser un sueño a un objetivo, daba igual que tuviera 17 años. No sabría decir qué sentí cuando lo conseguí, casi me da un infarto, es lo mejor que me ha pasado en la vida, la sensación fue increíble”.

Cerezo cumplirá la mayoría de edad el próximo 24 de noviembre. Cuando eso suceda, acumulará a sus espaldas sus primeros Juegos Olímpicos. Quien sabe si con medalla incluida. “El último enfrentamiento del preolímpico quería que fuese un combate más. En el momento en el que se te cruzan otras cosas por la mente… Malo. Al inicio del tercer asalto me dije ‘que no se te vaya la cabeza’, y ya”, asegura con la misma naturalidad con la que es capaz de golpear el casco de su rival gracias a una fugaz patada circular.

Adriana comenzó su andadura en las artes marciales alentada por las películas de Jackie Chan o Bruce Lee que se veían los fines de semana en su casa, aunque al principio no fuera del agrado de sus progenitores: “Hice un montón de deportes. A mis padres no les gustaban las artes marciales, lo relacionaban con pegarse directamente…-¿algo demasiado violento?- Exacto, pero no era así. Al final fue mi abuelo quien tomó la decisión de apuntarme: ‘No seáis pesados, que haga la niña lo que quiera’. Y con cuatro años estaba apuntada a taekwondo”.

Desde entonces, el gimnasio pasó a ser su otra casa, concretamente el del club Hankuk, situado en San Sebastian de los Reyes. “Mi vida gira en torno al taekwondo”, reconoce. Adriana no tarda mucho en desmitificar la figura de joven promesa del deporte que dedica los mejores años de su juventud a su trayectoria: “Para mí no es un sacrificio. Lo hago porque disfruto. Tirar de fuerza de voluntad un día, vale, pero otro, y otro, y las vacaciones… Nah, no puede ser. A mí me encanta el taekwondo”. Es esa tenacidad la que reconoce como su mejor cualidad como taekwondista. “Destaco mucho por mi capacidad de trabajo. Me gusta mucho entrenar, ese es mi mayor talento (risas). Me pego con quien haga falta todos los días por poder venir a entrenar”, confiesa.

“Tienes nervios o tensión, pero nada más, corriendo te puedes torcer tobillo”

Lejos de la teórica dificultad que uno imagina para una chica de 17 años que estudia segundo de Bachillerato, entrena a diario como deportista de élite y se clasifica para unos Juegos Olímpicos con la selectividad pendiente (y con intención de estudiar Biología Sanitaria el próximo curso), Adriana se quita el mérito de un plumazo. “Mis padres siempre me dijeron que para seguir haciendo taekwondo tenía que cumplir en los estudios y ha ido muy bien la verdad. Se puede perfectamente compaginarlo. El tiempo que estarías en el sofá viendo la tele, pues estudias. Si es que hay tiempo para todo, al final es organizarse bien”, resume.

A pesar de lo que sus padres pensaron cuando se inició a practicar taekwondo, Adriana afronta un combate “como el que hace una carrera de 100 metros”. “Tienes nervios o tensión, pero nada más. Corriendo te puedes torcer tobillo y nosotros nos podemos llevar un mal golpe, estás algo más expuesto y ya está. Puede pasar, pero no es lo normal”, explica. Sí reconoce que, precisamente en el preolímpico, “Musteata me metió una patada en la nariz y me quedé ‘así así’, creo que fue el golpe más fuerte que me he llevado”.

De carácter familiar (su abuelo fue quien la apuntó a taekwondo y su abuela la que se encargó “durante años” de acompañarla en autobús al gimnasio), Cerezo no podrá contar con sus padres en Tokio debido a las restricciones del coronavirus. Jesús Ramal, su entrenador desde hace seis años, tampoco estará: “Es un pilar fundamental en todo. Él puso toda su confianza en mí. Al principio no quería competir, solo quería entrenar, y Jesus me impulsó… Se ha portado siempre genial conmigo. Mi 100%, con él, es un 200%”. Le acompañará José Jesús Márquez, entrenador de la Federación, al que está “muy agradecida”, sin ocultar la pena de no poder contar con Ramal. “Pero lo gestionaremos, lo gestionaremos”, sentencia.

Adriana Cerezo junto a su entrenador, Jesús Ramal. (Fotografía cedida)Adriana Cerezo junto a su entrenador, Jesús Ramal. (Fotografía cedida)Adriana Cerezo junto a su entrenador, Jesús Ramal. (Fotografía cedida)

“Si te digo la verdad, no soy ni supersticiosa, ni religiosa, ni nada”, responde cuando se le pregunta por las numerosas manías que realiza antes de las citas deportivas: “Pero cada vez que hago cualquier tontería antes de un combate, si después sale bien, pues tengo que repetirlo. Entonces se me van juntando y se me van juntando, y cada día más tonterías (risas)”. “La primera fue la cinta, gané un campeonato con esa cinta y ya dije, pues ale, esta para siempre. Luego perdí el neceser y cogí otra cinta y esa fue la nueva de la suerte. El bucal, colocar las chanclas, las botellas de agua… Tengo tantas cosas que al final se me olvidan, pero vaya, que si no lo hago pues no pasa nada. Solo la de la cinta si me fastidiaría más. Son como rituales que me ayudan a concentrarme más que otra cosa”.

Cuando se clasificó para Tokio, una de las primeras llamadas que recibió fue la de Juan Antonio Ramos, exolímpico español, que se encontraba junto a su mujer, Brigitte Yagüe, medalla de plata en Londres 2012 y gran inspiración de Adriana como taekwondista. “Nos dieron la enhorabuena y muchísimo apoyo durante todo el preolímpico. Como competidora y como persona, es un 10. Para mí es increíble, es mi ídolo”, relata.

Desde luego, si algo le sobra a Adriana Cerezo es carácter, tanto en el tatami como en entrevistas. Se niega amablemente a hablar de “lo que espera” de Tokio, el único objetivo “es la medalla de oro, no somos favoritos ni mucho menos, pero si ese no fuera el objetivo ni siquiera me plantearía ir a los Juegos Olímpicos. A luchar por e

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