Economía

Así ha rescatado la Generalitat la economía de Andorra al dejar que se abra la frontera

Cuando la Generalitat publicó su endurecimiento de las medidas anticovid justo antes de las fiestas navideñas, incluyó una sorprendente excepción andorrana. Andorra, por arte de magia, era considerada una extensión de la comarca de l’Alt Urgell, con lo que en la práctica se abría la frontera con el Principado y se permitía el tráfico de personas.

La decisión era anómala pero tenía una razón estructural de fondo: salvar la economía andorrana. El pequeño país llevaba tiempo ahogándose y sin el turismo de Cataluña y sin otros visitantes con el recorte mundial de la movilidad provocado por el coronavirus. La decisión de la administración catalana le daba oxígeno al gobierno andorrano en el último momento, como han reconocido fuentes de la propia Generalitat, que prefieren permanecer en el anonimato.

José María Olmo

El invierno es la temporada alta del turismo andorrano. Pero este año las estaciones de esquí andorranas estarán cerradas hasta enero. Según el Diari d’Andorra la previsión de la caída del PIB del país para este año es del 20%, casi el doble de la de Cataluña. La economía del pequeño enclave de los Pirineos volvería de golpe al año 2004 en términos de niveles de riqueza y bienestar. El gobierno andorrano niega estas cifras pero la única cifra real es una caída del 21,6% a cierre del primer semestre. El equivalente a un tsunami económico.

En un país alérgico a subir impuestos y con una deuda de 900 millones de euros, la situación se vuelve insostenible. Las importaciones hasta octubre han caído un 21%. Las ventas en centros comerciales un 35%. Por eso, la apertura de la frontera con Cataluña, aunque haya sido parcial, ha resultado tan importante: la única inyección de oxígeno en este 2020.

Las estaciones de esquí del Pirineo. (EFE)Las estaciones de esquí del Pirineo. (EFE)Las estaciones de esquí del Pirineo. (EFE)

Fuentes de la Generalitat han explicado que Andorra llevaba pidiendo desde noviembre al Govern en funciones que abriese la frontera. Su petición había sido mucho más amplia, habían solicitado una apertura total que la Generalitat ha limitado a l’Alt Urgell. Además, así se facilitaba que los varios miles de catalanes de la comarca que trabajan en Andorra pudiesen acudir a su puesto de trabajo.

Las fronteras exteriores no son competencia de la Generalitat pero en el actual clima de crisis de múltiples frentes todo el mundo ha hecho la vista gorda. La Generalitat remitió una carta al Ministerio de Exteriores para consultar la situación pero no obtuvo respuesta. Así que al final se optó por esta apertura parcial que mantiene a la economía andorrana con respiración asistida y que no ha tenido ningún eco, tal vez porque para España es mucho más importante controlar los vuelos que lleguen de Londres que el paso fronterizo de un país minúsculo y donde, ademas, la pandemia se ha combatido relativamente bien.

Acto de soberanía

En estos tiempo de radicalidad independentista de buena parte de la política catalana el acto de soberanía de abrir la frontera con Andorra, donde además también se habla catalán, ha pasado del todo inadvertido. En realidad porque es un tema menor para Cataluña si bien muy importante para Andorra.

Desde la crisis de BPA la economía de Andorra da síntomas de ser insostenible

Sin embargo, la situación tampoco ha podido disfrutarse mucho porque al cerrar el Ripollés y la Cerdanya, precisamente por la subida del coronavirus en esta comarcas como consecuencia de la movilidad que hubo en el puente de la Purísima, el turismo de invierno más rico de Cataluña ha quedado fuera de la ecuación andorrana. Muchos turistas instalados allí han vuelto a Barcelona, pues se podía regresar a la primera residencia.

Modelo andorrano

La crisis de Andorra no viene del coronavirus, sino que se ha agravado por la pandemia. Desde los tiempos de la intervención de BPA el modelo bancario da síntomas de agotamiento. El comercio hacía tiempo que ya no era competitivo, en la actualidad no es raro ver andorranos comprando en el Mercadona de La Seu d’Urgell, algo impensable hace una década; y el pilar que quedaba, el turismo, ha sido duramente golpeado por la pandemia.

Hace tiempo que el modelo andorrano de paraíso fiscal que dice que no lo es, escasos derechos laborales, impuestos bajos y ausencia de un banco central no es sostenible. El covid-19 sólo ha hecho que ponerlo más en evidencia.

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