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Bruselas critica la Superliga de “ricos y poderosos”, pero ¿qué puede pasar ahora?

La Comisión Europea es como los buenos centrales: está en todos lados. En el asunto en el que menos se puede sospechar que el Ejecutivo comunitario tiene algo que decir, Bruselas acaba implicada de una forma u otra. Y, por supuesto, el fútbol no puede ser menos, como están demostrando las últimas horas. El anuncio este pasado domingo de la creación de una Superliga impulsada por algunos de los principales clubes de fútbol de Europa, como Real Madrid, FC Barcelona, Atlético de Madrid, AC Milan o Liverpool, ha provocado mucho malestar entre aficionados, deportistas y políticos de alto nivel, como el propio primer ministro británico Boris Johnson, que ha expresado la voluntad del Gobierno británico de buscar mecanismos para evitar la puesta en marcha de la Superliga. También se ha expresado Emmanuel Macron, presidente galo.

Liverpool y Real Madrid se enfrentan en Anfield, esta temporada. (Reuters)Liverpool y Real Madrid se enfrentan en Anfield, esta temporada. (Reuters)Liverpool y Real Madrid se enfrentan en Anfield, esta temporada. (Reuters)

La Comisión Europea también ha acabado entrando en el debate, y tomando un claro partido a nivel deportivo y político. “Debemos defender un modelo europeo de deporte basado en valores, la diversidad y la inclusión. No hay margen para reservarlo para los pocos clubes ricos y poderosos que quieren cortar los lazos con todo lo que representan las asociaciones: ligas nacionales, ascenso y descenso y apoyo al fútbol base ‘amateur”, escribió este domingo Margaritis Schinas, vicepresidente de la Comisión Europea. “La universalidad, la inclusión y la diversidad son elementos clave del deporte europeo y de nuestro estilo de vida”, ha subrayado el comisario griego.

Una portavoz comunitaria ha señalado que el deporte forma parte del “tejido de la sociedad europea” y ha explicado que la organización debe tener como característica la “autonomía, apertura y solidaridad” con “normas no discriminatorias”. Estas tradiciones deben ser mantenidas porque forman parte del ADN europeo”, ha asegurado la dirigente. La Comisión Europea es la última voz de un amplio coro que conforma la negativa a la idea anunciada este domingo. Junto a la UEFA, también han rechazado por ahora la propuesta la Real Federación Española de Fútbol (RFEF), LaLiga, la Federación Inglesa de Fútbol (FA), la Premier League, la Federación Italiana de Fútbol (FIGC) y la Lega Serie A.

También se han unido a las críticas varios miembros del Parlamento Europeo. “Necesitamos defender el modelo europeo de deporte. Estoy en contra de que el fútbol se convierta en el dominio exclusivo de unos pocos ricos, el deporte debe ser para todos”, ha escrito en Twitter el italiano David Sassoli, presidente de la Eurocámara.

Un asunto demasiado complejo

Pero la lectura más relevante, la que más implicaciones tiene, es desde las normas de competencia de la Unión Europea. ¿Es contraria a dichas reglas la Superliga anunciada? ¿Qué medidas se pueden tomar? El departamento dirigido por la danesa Margrethe Vestager ha evitado posicionarse de forma clara, explicando que hay una “ausencia de información detallada” respecto a la idea. El asunto es enormemente complejo, tiene muchas posibles derivadas y tiene a expertos, políticos y técnicos especulando en las últimas horas cuáles pueden ser las implicaciones.

Albert Ortega

La portavoz ha subrayado que para las disputas entre actores lo ideal es utilizar órganos de arbitraje y los tribunales nacionales, dejando caer por lo tanto que Bruselas querría quedar al margen de la disputa de fondo, prefiriendo que quede en manos de los tribunales nacionales. Para Borja García, profesor titular de Política y Gestión Deportiva de la Universidad de Loughborough (Reino Unido), es un claro intento por parte del Ejecutivo comunitario para evitar tener que entrar en el fondo de un asunto “que nunca le ha gustado”. “Porque tiene demasiadas implicaciones políticas y en las que la Comisión no suele salir bien parada de cara a la opinión pública. Tradicionalmente, tiende a tratar esos asuntos de forma excesivamente económica aunque en realidad no lo son”, explica García a El Confidencial. “El deporte es un terreno en el que las consideraciones puramente económicas y de mercado se van un poco por la borda debido a la importancia sociopolítica y cultural del deporte en Europa; la dirección general de Competencia tiene problemas para decidir en estos casos”, añade.

Los más críticos lo catalogan de cártel

Es, además, un asunto complejo. Muchos expertos coinciden en que ahora mismo hay muchas más preguntas que respuestas, y que se trata de un caso con bastantes aristas, aunque hay algunos que sí son mucho más tajantes al considerar que se trata de un cártel. Los grandes clubes se organizan para aglutinar un mayor poder económico, cuyas consecuencias se multiplican a nivel nacional en una especie de proceso de consolidación del talento en unos pocos equipos: los que tienen derecho directo a participar en la Superliga y los pocos que quizás tengan posibilidades de ocupar uno de los puestos a causa de sus resultados. Y eso significa que también concentrarán aficionados, venta de camisetas y un largo etcétera, que en el fútbol es sinónimo de dinero.

Tsjalle van der Burg, profesor asistente en la Universidad de Twente, escribía ya en febrero sobre este escenario. “Solo se podría crear una Superliga si varios clubes aceptan participar. Pero esto esencialmente implicaría que lleguen a un acuerdo que restrinja la competencia. El artículo 101 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea (TFUE) prohíbe “todos los acuerdos entre empresas, decisiones de asociaciones de empresas y prácticas concertadas (…) que tengan por objeto o efecto la prevención, restricción o distorsión de la competencia en el mercado interior”. Dado que los juristas y los tribunales han llegado a un acuerdo en que los clubes de fútbol son empresas, solo puede haber una conclusión: una Superliga europea viola la ley europea de competencia”, escribía hace unos meses.

Leo Messi se prepara para lanzar un penalti ante Keylor Navas en la Champions League. (Reuters)Leo Messi se prepara para lanzar un penalti ante Keylor Navas en la Champions League. (Reuters)Leo Messi se prepara para lanzar un penalti ante Keylor Navas en la Champions League. (Reuters)

“Lo que se ha pasado por alto es que estos desarrollos (de una Superliga) son ilegales desde la perspectiva de la legislación europea en materia de competencia. Esto se debe al hecho de que los clubes de fútbol compiten entre sí por los consumidores (visitantes del estadio, espectadores de televisión, compradores de productos del club) a nivel nacional (principalmente)”, resumía Van der Burg en un artículo publicado en el blog de la London School of Economics.

En esta línea, García cree que la Superliga ha cubierto dos flancos clave. Por un lado, al permitir que haya “accesos” desde fuera, es decir, que cinco equipos por temporada accedan por sus resultados en las competiciones nacionales. Esto es fundamental en dos sentidos. Por un lado, porque protege un aspecto del llamado Modelo Europeo del Deporte, al que se refirió la Comisión en su Libro Blanco sobre el deporte de 2007 y que de manera indirecta inspira la redacción del Artículo 165 del TFUE el aspecto central del Libro Blanco sobre los deportes publicado en 2007, que marca la visión europea respecto al deporte, en el que se hacía hincapié en la “estructura piramidal”, en la que hay promociones y descensos dentro de esa pirámide.

Los clubes están jugando con fuego

Y por otro lado porque “una Superliga completamente cerrada tiene todos los ingredientes para poder ser ilegal al poder considerarse como un cártel definido en el artículo 101 del tratado”, algo que al mantenerse “abierta”, o permitiendo que participen otros equipos, pueden defender mejor. El otro flanco clave que cubre la propuesta de la Superliga son los llamados “pagos de solidaridad”, que pretenden cubrir una de las posibles razones para obtener una exención legal bajo el apartado tercero del artículo 101. “Ese es el segundo argumento legal para justificar esta concentración de poder en el mercado: hacemos esto para que haya más dinero de solidaridad”, señala. “La Superliga no es tonta, sabe perfectamente por dónde tienen que ir”, explica García.

El asunto es complejo porque no solamente los clubes que participan en la Superliga están jugando con fuego. El movimiento por parte de la UEFA y la FIFA de prohibir a los jugadores de los equipos de esta Superliga participar en competiciones internacionales, como el Mundial o la Eurocopa, puede ser otra violación de las normas de competencia. Hay base para creerlo. En 2017, la Comisión Europea decidió que las normas de la Unión Internacional de Patinaje (ISU) que imponían sanciones duras a los atletas que participaban en competiciones de patinaje de velocidad que no estaban autorizadas por la ISU “infringen la ley antimonopolio de la UE. La ISU ahora debe cambiar estas reglas”. Sin embargo, García señala, como recordatorio de la tradicional falta de apetito de la Comisión Europea sobre estos asuntos, que lo que más costó en todo ese proceso fue que Bruselas se convenciera a abrir el procedimiento contra la decisión de la ISU.

Aleksander Ceferin y Andrea Agnelli, durante un sorteo de Champions League. (Reuters)Aleksander Ceferin y Andrea Agnelli, durante un sorteo de Champions League. (Reuters)Aleksander Ceferin y Andrea Agnelli, durante un sorteo de Champions League. (Reuters)

El Ejecutivo comunitario tiene, por otro lado, una relación muy estrecha con la UEFA, con un acuerdo de cooperación desde 2014 que se ha extendido este pasado febrero hasta finales de 2021. Aleksander Čeferin, su presidente, se ha reunido en numerosas ocasiones con altos cargos de la Comisión Europea, y la creación de una Superliga europea de clubes ha estado casi siempre en la agenda de los encuentros. Esta relación tan estrecha es uno de los motivos por los que el Ejecutivo comunitario puede preferir esquivar entrar en aspectos de competencia. “La Comisión sabe muy bien que ahora, en 2021, tiene muchas más presiones políticas del Parlamento y de algunos gobiernos de los Estados miembros, e incluso de otros departamentos de la misma Comisión, para decidir asuntos de competencia de una manera más favorable a la UEFA”, explica García, que señala que en la dirección general de competencia es “perfectamente consciente de ello”.

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