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Cómo los ‘sherpas’ han pasado de ser mano de obra barata a una industria de alta montaña

El pasado 16 de enero, a las 16:58 hora local de Pakistán, un equipo de 10 ‘sherpas’ alcanzó la cumbre del K2. La segunda montaña más alta del planeta (8.611 metros de altitud) y el único ochomil que no había sido escalado en invierno. La avanzada se detuvo y esperó a los rezagados. Se agruparon y abrazados “hermano con hermano, hombro con hombro”, cantando el himno nacional de Nepal, pisaron la cúspide del K2. Ninguno debía llevarse toda la gloria. Ellos no habían subido gracias al trabajo de otros.

Al llegar, los ‘sherpas’ supieron de la muerte del alpinista español Sergi Mingote. En la cumbre, vivieron una jornada de euforia y lamento. “Este puñetero deporte, no da una alegría gratis en la vida”, comentó ese día un presidente de federación montañera.

Carlos Soria, cuya opinión es autoridad para el alpinismo, manifestó su reconocimiento de la gesta: “Me gustaría apuntar que he leído muchas tonterías estos días, como que hacer un ochomil con oxígeno es en realidad como caminar por un seismil, o incluso alguno decía que es como hacer el Camino de Santiago en coche y que conduzca otro… Les recomiendo a todos esos que tanto hablan en las redes que intenten ascender por allí con oxígeno y además fijando las cuerdas… Es el K2 en invierno… Salieron [los ‘sherpas’] del Campo 3, abrieron ruta hasta 7.800 metros, volvieron y durmieron en el C3 y al día siguiente atacan la cumbre… Incluso dos de ellos descienden directamente después al Campo Base. Eso es un hecho insólito. Me parece increíble. Estoy encantado. Es un homenaje al pueblo ‘sherpa”. Lamentablemente, las tonterías continuarán. Es parte del espectáculo.

Un homenaje al pueblo ‘sherpa’

Un siglo ha transcurrido desde que algunos jóvenes ‘sherpas’, gente del este, asentados 500 años antes en el valle del Khumbu, emigraran a la ciudad india de Darjeeling para ser empleados en las expediciones de los ‘sahibs’ occidentales hacia el Himalaya. Esta etnia tiene su origen en la provincia de Khan, en el Tíbet Oriental, y su nombre señala la procedencia: ‘shar’, este, y ‘pa’, gente.

Uno de los integrantes del equipo cruza a través de una escalera. Uno de los integrantes del equipo cruza a través de una escalera. Uno de los integrantes del equipo cruza a través de una escalera.

Nepal era un país hermético que restringía la entrada a los visitantes extranjeros; esta circunstancia, unida al dominio del British Raj sobre el subcontinente indio, convirtió a Darjeeling en un centro neurálgico. En esa ciudad se fundó, en febrero de 1928, el Himalayan Club. Con el beneplácito del comandante en jefe del Ejército indio. El club intervenía en la logística expedicionaria y contribuyó a regular las condiciones de trabajo de los porteadores. Sus salarios y el peso de los fardos que acarreaban. Se necesitaban cientos de ellos para transportar los pertrechos hacia los campamentos base.

En los años treinta del siglo pasado, un porteador recibía 12 annas —una rupia se fraccionaba en 16 annas— al día por llevar cargas de 27 a 41 kg. Un porteador de altura ganaba una rupia diaria por acarrear 25 kg por encima de la línea de nieve. Sirva de comparación el salario de un oficial del Ejército, que ganaba 15 rupias al mes. “Así que, si yo camino bien, puedo ganar más dinero que nunca antes” (‘Tenzing de l’Everest. Autobiographie’, contada a Ullman. J. R. Arthaud, 1955).

Se regularon también las indemnizaciones: seis annas por cada dedo que perdían por congelación. Y si la lesión era realmente grave y el ‘sherpa’ no podía volver andando a Darjeeling, tenía derecho a un poni y una indemnización de una rupia. Los ‘sherpas’ recibían mantas para los campamentos de altura. Los sacos de dormir se entregaban solo en caso de emergencia.

Imagen de la expedición, recorriendo una de las zonas más accesibles. Imagen de la expedición, recorriendo una de las zonas más accesibles. Imagen de la expedición, recorriendo una de las zonas más accesibles.

Tharkay, el patriarca

A Darjeeling llegó, desde el valle del Khumbu, Ang Tharkay, quien en 1933 consiguió ser contratado como porteador en la expedición al Everest dirigida por el inglés Hugh Ruttledge. Tharkay fue el primero de los grandes escaladores ‘sherpas’. El patriarca de los héroes del K2. Desempeñó todos los oficios: porteador, cocinero en los campos base, porteador de altura y, finalmente, ‘sirdar’. La función más importante. El ‘sirdar’ contrata y paga a los porteadores. Dirige a los ‘sherpas’ que equipan la montaña y transportan el equipo a los campos de altura. Es el interlocutor con el jefe de la expedición y su opinión se respeta en las decisiones que afectan a la ruta de escalada.

Ang Tharkay fue el ‘sirdar’ de la expedición francesa, liderada por Maurice Herzog, que conquistó el primer ochomil el 3 de junio de 1950: el Annapurna. Alcanzó el último campo de altura desde el que se atacaría la cumbre y rechazó el ofrecimiento de acompañar a los alpinistas franceses y obtener su parte de gloria: “Muchas gracias, Bara Sahib, pero mis pies están empezando a congelarse”. En el descenso, Maurice Herzog y Louis Lachenal sufrieron graves congelaciones. El médico, Jaques Oudot, tuvo que realizar amputaciones sin anestesia. Herzog perdió todos los dedos de manos y pies; Lachenal solo los de los pies. Ellos dos y Gaston Rebuffat fueron cargados a hombros por los ‘sherpas’ durante el regreso.

Los primeros que hacen cima en el K2 en pleno invierno. Los primeros que hacen cima en el K2 en pleno invierno. Los primeros que hacen cima en el K2 en pleno invierno.

Tharkay no apareció en la portada que ‘Paris Match’ dedicó a la gesta, pero sirvió de inspiración a Herge, el creador de Tintín, que le dibuja evitando que el capitán Archibaldo Haddock se rompa la crisma: “¡La voz de Tharkey! ¡Estamos salvados!”, exclama Tintín en el Tíbet. Quizá Herge, sin saberlo, reflejó el difícil cometido de los ‘sherpas’. “Los ‘sahibs’ tal vez no se den cuenta de que el propósito de la ceremonia de la puja es comprometer a los dioses para proteger a los ‘sherpas’ de los riesgos creados por los propios ‘sahibs”.

A los tres años de la conquista del Annapurna, el 29 de mayo de 1953, Tenzing Norgay y Edmund Hillary alcanzaron la cumbre del Everest: “Hice una señal a Tenzing para que subiera. Unos pocos golpes con el piolet, unos peldaños más, muy cansados, y estábamos en la cumbre del Everest”. El ‘sherpa’ es protagonista. No asume un papel secundario. La posición de Norgay en la hazaña del Everest anuncia los cambios que el crecimiento del turismo de montaña en Nepal hará posibles años después. Un cambio que no llegó a intuir Ang Tharkay: “No hay industria en nuestro país, por lo que dependeremos de nuestros campos y el ganado para vivir y, ocasionalmente, del trabajo de porteador durante la estación de ascenso. Y así es, sin duda, que viviremos hasta el fin de los tiempos” (Ang Tharkay, ‘Mémoires d’un sherpa’. Amiot-Dumont, 1954).

Nace una industria

En 1977, el número de turistas de montaña (‘trekkers’) que llegaron a Nepal fue de 21.919. Las últimas estadísticas del Ministerio de Turismo y Aviación Civil de Nepal corresponden a 2017 y la cifra se eleva a 75.217 ‘trekkers’. 13.831 guías y 2.637 agencias completan los datos de una industria que, solo en ‘royalties’ por permisos de escalada, generó ingresos cercanos a los cuatro millones de dólares.

En 1988, cuando el número de ‘trekkers’ rondaba los 50.000, un ‘sherpa’ de nombre Lakpa Sonam organizó una pequeña agencia. Él y dos empleados. La llamó Thamserku en honor a un pico de 6.623 metros que había escalado un año antes, tras abrir una durísima ruta. En la actualidad, Sonam emplea a más de 3.000 personas. Dirige la principal compañía de aviación civil de Nepal, posee hoteles y, por supuesto, una de las principales empresas de expediciones.

En septiembre de 2019, Seven Summit Treck, la agencia nepalí que organizó la expedición invernal al K2, recibió el reconocimiento de las autoridades por su contribución al fortalecimiento de la economía. Según publicó el periódico ‘The Himalayan Times’, “Seven Summit pagó casi un millón de dólares en ‘royalties’ al Gobierno de Nepal en el último año fiscal, al traer cientos de montañeros de todo el mundo”.

La expedición descansa en un momento de la escalada. La expedición descansa en un momento de la escalada. La expedición descansa en un momento de la escalada.

Seven Summit y Thamserku controlan el negocio del turismo de montaña. Son empresas creadas y dirigidas por ‘sherpas’. Herederos directos de esos porteadores a los que se les pagaba seis annas por dedo congelado. Una experiencia y una madurez en la gestión que son la base para que Chhang Dawa Sherpa, el gerente de Seven Summit, organizase un reto tan complejo como la expedición al K2 invernal. Dawa puso los medios para que la determinación, la fuerza e inteligencia de los ‘sherpas’ conquistaran la cumbre.

El círculo cuya primera pincelada dio Ang Tharkay se ha cerrado. En el camino, muchos ‘sherpas’ no regresaron. A diferencia del alpinista, ellos pierden la vida ganándose el sustento. En la fecha del 28 de abril, se recuerda en Nepal a los trabajadores muertos en accidente laboral. En 2014, una avalancha en el Everest mató a 13 ‘sherpas’. Entre ellos, se encontraba Dorje Khatri, el vicepresidente de los sindicatos nepalíes. “¡Qué casualidad! Uno de nuestros colegas que pereció en la primera avalancha de 1922 en el Everest fue Dorje Sherpa. Murió a la altura de 6.800 metros. Esta vez, después de 92 años, hemos perdido a otro colega, Dorje Khatri, a 5.800 metros. El mundo entero ha llorado la pérdida de estos héroes, no solo sus familiares” (discurso de Bishnu Rimal, líder de la confederación sindical Gefont).

Agencias

El K2 invernal ha demostrado cómo hay que trabajar en equipo para conquistar la gloria. “Hermano con hermano, hombro con hombro”. Además, los ‘sherpas’ tuvieron la deferencia de invitar y compartir con alpinistas occidentales, quizá para que dieran fe de que pasaban a la Historia. O simplemente como un gesto de generosidad y amistad. Hubo críticas por ser una expedición comercial. Quienes las hicieron, quizá no entendieron nada. Los ‘sherpas’ señalaron a la luna y los críticos miraron el dedo. Todavía hoy siguen embelesados con su dedo, hablando del oxígeno y de las fotos y el vídeo de cumbre. Como si eso le importase a alguien.

Un día antes de su partida hacia Pakistán, hablé con Sergi Mingote. Recuerdo vívidamente sus palabras: “Estoy convencido de que esta expedición invernal al K2 es un gran paso adelante del colectivo nepalí. Los ‘sherpas’ han dicho, ‘oye, queremos ser nosotros los protagonistas’, y esto puede inquietar a una parte de la comunidad montañera internacional”. Descanse en paz.

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