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De beneficiarios a benefactores en tiempos de Covid

Daniel huyó de Venezuela por hambre. «Mi mamá y yo resolvíamos la comida de mis dos hermanas y, si sobraba, ya comíamos». Tiene 23 años. Movido por esta causa de primera necesidad se vino a España «para dar de comer» a su «familia». Este es su octavo mes en el país y aún no ha conseguido dinero para alimentar a su madre. En cambio prepara 1.000 comidas diarias para ayudar a otras familias vulnerables en plena crisis del coronavirus.

«Yo he pasado por lo mismo y estoy haciendo todo lo posible porque ellos no lo pasen», cuenta este voluntario que ahora trabaja en las cocinas de Villaverde. «Es lo más gratificante que he hecho hasta ahora: estoy sembrando lo que ni yo tengo».

Su compañera Viviana atiende la plancha al otro lado de la cocina. Como Daniel, se vio obligada a huir de su país, Colombia, aunque por razones distintas. «Me vine hace dos años y medio con mi pareja y mi hijo porque corríamos un gran riesgo y buscábamos seguridad». Ahora tiene la misma edad que Daniel. También comparten trabajo en Villaverde. «El poder dar la mano a los que ahora no tienen nada significa mucho, porque nosotros sentíamos lo mismo hace tiempo». Viviana se dice consciente de su labor: «Gracias a mi esfuerzo mucha gente está recibiendo su comida en tiempos de pandemia».

Estos jóvenes tienden la mano a quienes ahora piden ayuda para levantarse. Hoy pueden hacerlo gracias al proyecto solidario La Quinta Cocina: «Ellos nos dieron la mano y, por ello, pudimos levantarnos», sostiene la chica.

Este proyecto municipal está dirigido a jóvenes de entre los 16 y los 23 años en riesgo de exclusión que, por diversas circunstancias, no han terminado un proceso de formación que les facilite su inserción sociolaboral. Son los casos de Daniel y Viviana, que tras ingresar en el curso formativo han logrado adentrarse en el mercado laboral. Si bien el chico se ha visto afectado por los ERTE que ha hecho el restaurante donde iba a ser contratado tras las prácticas, Viviana ha logrado un trabajo estable en la asociación Cesal que coordina el proyecto.

Tras el cierre del restaurante y ante la alta demanda social, los alumnos y exalumnos de La Quinta Cocina han colaborado con la Junta Municipal de Villaverde para la preparación, desde primeros de mayo, de 1.000 menús diarios para la población que ha visto mermados o desaparecidos sus ingresos. «Este recurso, que ha supuesto una oportunidad para los alumnos de ofrecer su trabajo y recibir formación práctica sobre hostelería de emergencia, ha estado a la vez compaginado con un plan telemático de formación con el fin de dar continuidad y seguimiento al proyecto», valora el área de Familias, Igualdad y Bienestar Social, dirigido por Pepe Aniorte.

Oportunidades semejantes con historias muy distintas se tejen en la calle Ballesta de Madrid. En un pequeño taller de la asociación Apramp, varias mujeres cosen mascarillas para aportar su granito de arena en tiempos de Covid. Ellas son víctimas de trata que luchan por reinsertarse en la sociedad. Ana (nombre ficticio) viajó de Nigeria a España en 2014 para comenzar «un buen trabajo». Esto es lo que, según su madre, le había prometido el pastor de su iglesia. La realidad fue muy distinta, en cuanto puso un pie en el país le captaron en una red de prostitución. No fue hasta hace dos años (ahora tiene 20) que fue rescatada por la asociación Apramp. «El proceso de recuperación le ha costado un par de años», cuenta una de las encargadas del centro.

Ana está contratada ahora en este taller. «Después de todo lo que le ha pasado en este proceso ya no solo está recuperada y a gusto sino que también enseña a otras mujeres a coser y a superar su situación». Y aun más: «Ha estado ayudando a otras personas durante la crisis de la pandemia». Ana y sus compañeras han dedicado los últimos meses a coser mascarillas para sanitarios y residencias de ancianos. «Nos sentimos orgullosas de que estas mujeres hayan sacado todas sus fuerzas para ayudar a la sociedad en un momento así», afirman desde el centro.

La ayuda tiene recompensa. El Ayuntamiento de Madrid ha prorrogado los contratos de ambos proyectos solidarios para ayudar a estas personas a reinsertarse en la sociedad. La Junta de Gobierno aprobó el nuevo contrato del programa de formación en el sector de la hostelería para jóvenes vulnerables que se realiza en el Espacio Abierto de la Quinta de los Molinos. También aprobará un nuevo contrato para impulsar la mediación intercultural en la lucha contra la trata.

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