Viajes

De tapas y raciones por Marbella: ruta por sus míticas calles

Tópicos aparte, Marbella tiene mucho que ofrecer al visitante. Lo primero, su clima. La localidad malagueña disfruta de un microclima que hace que las temperaturas prácticamente no varíen a lo largo de todo el año.

Sobre esa base, en Marbella se puede disfrutar mucho. Su casco antiguo es un pueblo marinero que conserva parte de su sabor, muy diferente de las partes más modernas de la ciudad, donde el lujo, como en Puerto Banús, es el atractivo.

Ese casco viejo es el que nos interesa en esta ocasión, porque nos vamos de tapas y raciones por Marbella. En esta zona antigua se concentran los bares y tabernas que conservan lo mas auténtico de su gastronomía. Pocos guiños internacionales, como sí hace “la otra” Marbella, y muchas recetas tradicionales.

Bien podríamos empezar la ruta por aquí, porque en este bar del “mercao”, en su tercera planta, se desayuna y muy bien. Que se lo digan al chef Dani García, un asiduo a esas horas. Podemos pedir, es un clásico, su bocata de carne mechada. O probar mezclas como el Campero cubano, el Guateque o el Fiesta. Podemos volver a la hora de comer: platos de cuchara, papas relías, ensaladas, arroces y hasta platos combinados, pero de los buenos.

La plaza de la Victoria puede ser un punto de partida céntrico para una ruta de tapeo marbellí. De allí parte la calle de San Lázaro y en ella está El Estrecho, una de las tabernas más veteranas: este bar de tapas se fundó en 1954. Entre sus clásicos están los boquerones en vinagre, las sardinas rebozadas al limón, la pipirrana de pulpo, la carne con tomate y, para muchos lo mejor, la ensaladilla rusa.

En la misma calle que El Estrecho está esta taberna. La “niña del pisto”, la jefa de todo ésto, es María José. Sus especialidades, las más demandadas son el pisto con huevo, el salmorejo y el rabo de toro. Los conocedores del local también incluyen sus flamenquines.

Una de las barras más recomendables y, por ello, de la más abarrotadas. Entre las mejores opciones las mollejas a la plancha, las croquetas de cecina y queso cabrales, los pimientos del padrón, el carpaccio de buey, la entraña a la parrilla con aliño de tomate y la tosta de salmorejo y bacalao. Su vinculación con Asturias se manifiesta en su “auténtica” fabada asturiana, que podemos disfrutar con auténtica sidra asturiana.

Aquí nos recibe, como bien dice el discreto cartel, Francisco. Lleva tras la barra (de estaño) más de 30 años, junto con su hermana Toñi. Azulejos hasta el techo y mostrador de cristal. Y todo más que limpio. Por algo le dicen ‘Paquito el limpio’. El bacalao con tomate es imprescindible. También, rosada en adobo, boquerones fritos, salmonetes o albóndigas con tomate.

El primer local, el original, se inauguró en 1985 en San Pedro de Alcántara. Pero con su éxito llegó un segundo, el de Fontanilla. Ambos son o parecen la típica taberna andaluza. Lo suyo es el embutido; los ibéricos de calidad, de Huelva o de Salamanca. También tiene estupendos quesos y, de su cocina, el rabo de toro o las chuletas de cordero lechal.

Lo enumerado es solo una selección. Pero también pueden valer para nuestra ruta de tapas por Marbella estos otros: el Bar El Ceuta (Calle Buitrago, 2); El Diamante (Calle Vicente Blasco Ibáñez, 3); Bodega San Bernabé (Calle Carlos Mackintosh, 3; El Cordobés (Calle Arte, 7); o Lekune Bar (Edificio Granada, Av. Fontanilla, Local 1)

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