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Del Cholo al Cholito

No había llegado el reloj a las 19:00 cuando la pelota comenzó a rodar en Burgo de Osma. Un partido que casi tres horas después se decidiría a los penaltis para los rojiblancos y que, como en las películas de verano, dejó como protagonistas a los actores esperados. El campeón de la última Liga se había plantado sobre el césped ante el Numancia aún temblando por la última noticia del COVID sobre la plantilla del Cholo, positivo de Kondogbia, uno de únicos siete futbolistas del primer equipo convocados. Temblando y como aterrizado en un mundo de antes, un mundo de fútbol con público, 900 afortunados, con distancia y mascarilla, pero llenando de voz los silencios en las gradas de LaLiga en el último año. Con un 4-4-2 férreo, aquel sobre el que primero se cimentó Simeone en el banco, saltó el campeón lleno de chicos, ocho, y dos esos actores llamados a protagonistas: Saúl titular y Giuliano, su hijo, titular. Pronto se pidió el último los focos.

Porque pronto Giuliano llevó al fútbol aquel refrán ‘de tal palo tal astilla’ para adelantar a los rojiblancos en el marcador. El Numancia, dibujado 4-2-3-1 y con sólo tres días de entrenamiento en las piernas, apenas lo vio correr como una flecha tras un balón a la derecha. Lo peleó, lo luchó y lo llevó, Giuliano, al estilo Cholo, todo pundonor y garra, como era su padre en el inolvidable doblete. Camello, titular junto a él en la delantera, lo dejó pasar porque en carrera venía Soriano para patear la pelota y enviar a la red de Varea. Tres minutos habían pasado y el Cholito, por méritos propios, ya era noticia. Soriano, Camello y él habían salido con un empeño: ser un quebradero para la defensa del Numancia.

Oblak, titular en la primera prueba que para el Cholo ya se sabe, no hay amistosos, no asomó en la foto hasta el minuto 22, que Diego Suárez disparó desde fuera del área. El Numancia había encontrado una vía de acceso hacia su portería por la espalda de Ricard. ¿Y Saúl? ¿Saúl, qué? Pues fue titular en el mediocentro como si no estuviera. O sí, pero para salir mal en la foto. No le salía nada. Ni los pases ni carreras en las piernas como si tuviera la cabeza en otro sitio, lejos, muy lejos ya, de Burgo de Osma y del Atleti. Mientras, los focos que en la tarde se habían reservado para él se los pedía El Cholito, un incordio constante, en todas partes, y Germán Valera, eléctrico, en todas partes también por la derecha, por banda, por fuera, incontenible.

Fue después de la pausa de hidratación que Oblak volvió a asomar para llevarse un agujero. Todo comenzó en Saúl, que seguía despistado, lejos, tan lejos. Pase horizontal en zona de creación, pase horrible, pase fallido… que se convirtió en una asistencia para David Sanz que sólo debía quitarle el lazo con un disparo potente y cruzado. Golazo. Empate. Si el Atleti buscaba que el partido ante un Cuarta División pusiera en el escaparate a Saúl y zancada nada más lejos. El Atlético se fue trabando en sus fallos e indolencia. Porque en el 40′ Cortijo estaba en fuera de juego porque Oblak recibía el segundo balazo en el traje. El descanso llegó con el Numancia volcado en su portería y Saúl recordando a Saúl, a aquel Saúl que tanto se ha añorado en los últimos dos años, el Saúl ante el Bayern con esa zancada llenando 40 metros mientras va sentando rivales. La pelota terminó en ningún lugar pero la última foto del iliciano en el partido sí fue a Saúl tras el viejoSaúl.

Dos onces distintos

Al regresar del descanso el tiempo de muchos ya había terminado, el Atleti era otro, Gbric en portería, debut de Marcos Paulo, Garcés, Montero capitán y Guerrero dando un paso adelante, de la defensa al medio. El Numancia seguía con el control, muy serio y sin perder su sitio en el partido. Si Riquelme llenaba de filigranas cada jugada, ahí seguía el Cholito (sólo él y Medrano continuaban de los once iniciales), en todas partes, inteligente en los duelos, en la presión y haciendo honor a su apellido. El Atlético había subido un punto la intensidad y pronto lo llevó a la portería de Varea, con una doble ocasión de Garcés y Giuliano, cómo no.

Arias, por la lesión de Fran, Rojas y Saponjic, oh sí, Saponjic existe (o no, porque en un once plagado de canteranos y sólo seis futbolistas del primer equipo, Simeone sólo le dio 20’) fueron los hombres a los que el Cholo dio media hora ante un Numancia que seguía bien plantado y llevó el empate a los penaltis (fallaría el suyo Marcos Paulo, marcaría el decisivo Camus). Salvo la lucha de Garcés, un rato de Marcos Paulo y las paradas de Grbic, contundente en su portería, segundo partido como rojiblanco, lo que lo que el partido le dejó al Cholo ya lo traía aprendido de casa: que el legado continúa. Que mira al césped y se encuentra un espejo. Giuliano.

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