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Desde Portet se ve el pódium de París: sobre la victoria de Pogačar

Lo malo de los inventos es que no siempre salen como uno quiere, y entonces te queda la cosa un poco regular. A ver, también le puedes dar la vuelta al asunto, y hacer del desastre rasgo, como le pasaba al Profesor Bacterio. Pero Bacterio es un personaje de ficción (como el Capitán América, o Michele Ferrari), y en la vida real lo hubiese tenido negro para encontrar curro tras los primeros estropicios. Eso sí, allí, sobre páginas… ay. Es que Ibáñez es un genio, amigos. Amor eterno a Ibáñez.

Marcos Pereda

Igual Christian Prud´homme no es un genio. O no lo es tanto como él se piensa. Igual, digo, está más en la linde de Bacterio que en la de Torres Quevedo, no sé si me entienden. Solo así se explica lo del Tour 2018. Etapa con sesenta y cinco kilómetros, que ya la cosa atufa a ridi por todos los lados. Pero es que además… Salimos en parrilla, como si esto fuese Fórmula 1. O motos, que hay mucho motociclista sin victorias más aficionado a la bici que a leer. Brum, brum. Uno se imagina a Prud´homme en casa ahí, a tope de motivación, las navidades anteriores, un par de ponches en el cuerpo, ya verás, ya… leña desde el principio, a ver cómo consigue el vigésimo adelantar esos metros decisivos que lo separan del pódium, sí, sí, es acojonante, menuda idea, menuda idea he tenido, me voy a poner otra copichuela. Y luego… en fin, lo que ustedes se piensan, porque todos hemos visto la salida de una etapa en el Tour (todos menos Prud´homme, parece), y aquello no es precisamente el Gran Premio de Mónaco.

Ahora reinciden, aunque (afortunadamente) sin hallazgos de interés. Digamos que la etapa ya tiene distancia de profesional, pero con truco, porque los ciento y pico kilómetros iniciales te los completa cualquier periodista a buena media, vean ustedes la dificultad. Remontar vallucos, que es cosa muy de las montañas, y esquivar los puertos, que es cosa muy de quien esto firma. Vamos, que sí pero no, pero sí. Porque luego llega el puerto final…

Tadej Pogacar, exhausto tras el final de etapa. (Efe)Tadej Pogacar, exhausto tras el final de etapa. (Efe) Tadej Pogacar, exhausto tras el final de etapa. (Efe)

Col du Portet. O, lo que es lo mismo, tirar dirección Pla d´Adet, allá por Saint-Lary-Soulan, y a la altura de Espiaube coger desvío. Desvío que dirige a una carretera arreglada para la ocasión, que acaba en medio de ninguna parte y corona a 2215 metros después de dieciséis kilómetros a casi el nueve de media. Implante a subida clásica, vaya. A mí estas cosas no me gustan mucho. Reconozco que quizá no hay un puerto tan largo en los Pirineos (seguramente a este nivel no), que tenga tanto desnivel (seguramente a este nivel no), que suba tan alto (seguramente a este nivel no), y que mantenga pendientes sostenidas durante tanto tiempo (seguramente a este nivel no). Pero, reconociendo lo anterior… meh, sabe rarito. Es como mezclar percebes con ensaladilla, que por separado te gustan ambas cosas, pero parecen hechas para días que no coinciden. Digamos que hay suficientes cols en los Pirineos (o en los Alpes, o en los Dolomitas, o aquí cercuca, en la Cordillera Cantábrica) como para inventarnos cosas nuevas y hacer esfuerzos que no se corresponden. Es mi opinión, ¿eh?, pueden llamarme raro.

La jugada es que en lo estrictamente deportivo tampoco acaba de llegarme esta tipología de etapa, porque una subida tan extrema como final hace que todo quede reducido a sus rampas. Vamos, que nadie se mueve de lejos por miedo a petar en un bicharraco tan extremo (en este caso por dureza mantenida… si tuviera rampas de esas imposibles el razonamiento también nos vale). Todos de la mano y sálvese quien pueda. Entonces… ¿qué podríamos hacer para modificar el guión? Pues hay dos caminos que llevan al mismo sitio: aumentar el desgaste. Bien cargando puertos, bien metiendo kilómetros antes. Si las piernas llegan tocadas veremos ataques legendarios… pero para atrás. O, dicho de otra forma, ponderaríamos la batalla no por sus grandes ofensivas sino por sus bajas. Stalingrado en vez de Gaugamela. El Tour no lo ha querido así, y ellos sabrán la razón.

Marcos Pereda

Y eso, que al lío. Escapada, como no podía ser de otra forma, y los buenos esperando al final, como no podía ser de otra manera. Check, check. Lucha por la montaña, con Nairo y Poels al contraataque, luego Latour corre a por un balón que todos sabemos perdido y recibe aplausos tribuneros. Indurain comentando en la tele, que a estas alturas Indurain no sabe si va de amarillo el esloveno, el eslovaco, el eslavonio o el robocó. Vamos, que el tío tiene pinta de no haber visto ni un minuto de este Tour, y conoce (regular) a seis o siete en todo el pelotón. Se lo puede permitir, ojo. Primero porque tiene cinco jaunes en su casa, y eso da cierto pedigrí, oigan. Y en segundo lugar porque… joder, es que sigue teniendo “esa mirada”. Vamos, que no me preguntes al mozo por frenos de disco, concentraciones en el Teide o marginal gains, pero si echa ojeada a un grupo de seis tíos te puede decir el orden exacto en el cual se va a ir quedando cada uno. Grandísimo siempre. Ah, y se le entiende al hablar (y no grita), que después de lo de Camacho y Kiko es algo digno de mención…

Igual ustedes no lo habían notado, pero es que hoy es catorce de julio. Por eso en la escapada había mucho galo, porque siempre buscan lucirse en fechas señaladas, y ahora resulta que aquí nadie defendía a los de las flores de lis, y todos republicanos de siempre, a mí que me registren, putos Borbones, etcétera, etcétera. Bueno, a ver, ocurrió hace 200 y pico años, pero… No vamos a engañarles… pinta regular la cosa para los anfitriones. Anthony Perez llegó hasta muy lejos, pero sin opciones reales. Al menos lo intentan, que otros ni eso. Y no miro a nadie…

Por detrás… ojo porque Tadej Pogačar pone a su equipo a tirar. Que quiere ganar allá arriba, en el Portet, que siempre da gustito lo de levantar los brazos y, desengañémonos, los rivales tampoco son Bahamontes y van Impe. Y así todos a una… si hasta entraron al relevo Hirschi y Majka, que es como poner a unos youtubers trabajando de tornernos fresadores y curren de verdad. Milagro, sorpresa… funcionó, la escapada cada vez más cerca, Cavendish cada vez más lejos (pero en el tiempo, porque siempre entra en el tiempo, no importa cuándo ni cómo se quede, Cavendish va en el tiempo). Ah, subiendo Azet Richie Porte lanzó un ataque durísimo, cuyo único objetivo era coger dos barritas energéticas (o lo que coño coman los ciclistas hoy en día). Ese era el grado de combatividad antes del Portet.

Enric Mas, en una fotografía de una etapa anterior. (Reuters)Enric Mas, en una fotografía de una etapa anterior. (Reuters) Enric Mas, en una fotografía de una etapa anterior. (Reuters)

Todo igual hasta mitad del último puerto, con Majka tirando “bastante” fuerte y los líderes a su vera. Llega la primera víctima. Enric Mas, nada menos. Para ayudarle se queda Miguel Ángel López. Gracias a este sencillo gesto (petada, auxilio) ambos líderes han salido por la tele más que en todo el Tour. Rendimiento publicitario óptimo.

(Igual ahora se dan cuenta que penar por un octavo en la general tiene estos peligros… aunque yo mismo pensaba que el rendimiento del mallorquín iba a ser mejor este julio).

Ocho kilómetros, Majka pone esa cara de “joder, esto duele un montón”, y Pogačar cambia el ritmo. Vale… la cosa no es demasiada seria, porque se le sueldan a rueda Vingegaard, y Urán, y unos cuantos Ineos, y hasta Ben O´Connor, y Kelderman, que es muy majo, pero como vueltómano… Segundo ataque y ya soltamos brozas… solo quedan el colombiano, el danés y el ecuatoriano. Metritos y Rigo cede. Coño, parece que hay nivel, oigan. Urán siempre va cerca, porque otra cosa no, pero Urán siempre va cerca (salvo al final, que cogió una pequeña caraja). No importa. Por un instante París se viene a los Pirineos, y lo que parece pódium de los Elíseos pedalea cuesta arriba. Es uno de esos momentos. Epifanía.

Entonces la carrera empezó a subir por praderas y herraduras donde el público esprinta cuesta arriba para ver a los corredores dos veces atajando campo a través. Y allí… mira… las nubes, oh, nos chafan paisajes. Tiene su punto pedalear entre la niebla, ojo, pero aquí da un poco de penita, porque la estampa merece la pena.

En fin, que la carrera se pone así, como con legañas y fondo de algodón. Pogačar parece ir sobrado, aunque no le sobre del todo, porque quería ganar de lejos, y eso no salió bien. Pero, en fin… lleva el amarillo, tiene 22 años y se le sale el pelo por entre las rendijillas del casco, lo que es punto a favor (otro) en un deporte con tanto alopécico. Lo intentó más veces (la última a dos de meta, justo mientras corría a su lado un imbécil vestido solo con bañador de marcar paquete y un gorro de los que regalan con dos cubatas de cacique) pero Carapaz y Vingegaard iban bien soldados a su rueda.

¿Sprint? Nah, Carapaz ataca casi en el último kilómetro. El tío no dio un relevo en toda la subida, y llevaba carita de estar a punto de hacer un examen de Derecho Administrativo… pero no te fíes, no te fíes. Que te cuente Landa, lo que camina el ecuatoriano a la mínima que le dejas. Entonces… latigazo, y Vingegaard se queda metritos, y Carapaz tira para meter tiempo, solo que luego enlaza Vingegaard otra vez, y Pogačar aprovecha para ganar la etapa vestido con el líder, que es algo que luce mucho luego cuando se hacen los resúmenes del Tour.

Pogacar, el gran protagonista de este Tour de Francia. (Reuters)Pogacar, el gran protagonista de este Tour de Francia. (Reuters) Pogacar, el gran protagonista de este Tour de Francia. (Reuters)

Diferencias grandes, para lo que son las diferencias hoy en día. Gaudu cuarto, y podía ir parecido en la general si quitas el Ventoso. O´Connor y Kelderman después, intentando que algún niño grite sus nombres con cierto interés. Urán a casi dos minutos, Enric Mas después, subiendo al séptimo puesto de la general y fuera del pódium en mi corazón (vuelvan a leer lo que pusimos más arriba). Rosario. Cosas que se aclaran, ¿no?

Desde el Portet se ve París.

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