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Ducati, entre esperar a Andrea Dovizioso o acelerar el regreso de Jorge Lorenzo

Jorge Lorenzo sigue buscando la fórmula de volver a competir en MotoGP. A fin de cuentas, el balear nunca se retiró convencido, tal y como informamos en El Confidencial. Dejaba Honda, una moto que nunca domó y que sabía que nunca se le adaptaría, no el campeonato. Antes de anunciar su adiós, el ’99’ ya había tanteado a otras marcas para ofrecerse como probador, firmando finalmente por Yamaha con unas condiciones muy buenas. Aparte de ayudar en el desarrollo de la M1, se aseguró una ‘wildcard’ para Cataluña. Lamentablemente, la crisis del coronavirus le ha impedido llevar a cabo el programa previsto con la marca de los diapasones. Jorge estaba convencido de que tenía la capacidad para mejorar la moto y ser rápido con ella en Montmeló. Un buen puesto ahí le hubiera abierto las puertas del Petronas, bien para ocupar el puesto de Rossi en caso de retirada o para reemplazar a Quartararo, pero la situación actual le ha roto los esquemas.

Sin sitio en la fábrica nipona, Jorge vira el rumbo dirección Ducati. Ha jugado al gato y al ratón durante estos meses, asegurando en multitud de entrevistas y encuentros digitales que estaba feliz con su nueva vida, viendo los toros desde la barrera, pero sin terminar de despejar algunas incógnitas. Nadie en el ‘paddock’ creía 100% en su adiós, desde compañeros hasta dirigentes. Lorenzo nunca quiso que se dejara de hablar de él y armó una estrategia para su regreso, agitando el avispero cada vez que le ponían el altavoz en la boca. La opción de volver a Ducati se contempla, pero hay ciertas reticencias en el equipo italiano, cuya prioridad sigue siendo la continuidad de Dovizioso.

Dovizioso y Lorenzo, durante una sesión libre en el Mundial del 2018. (EFE)Dovizioso y Lorenzo, durante una sesión libre en el Mundial del 2018. (EFE)Dovizioso y Lorenzo, durante una sesión libre en el Mundial del 2018. (EFE)

Dovizioso, sin alternativas

Pero Lorenzo ya les ha transmitido su intención de subirse encima de la Desmosedici, una moto que le gusta y que abandonó en 2018 obligado por las circunstancias, pues los de Borgo Panigale dejaron de confiar en él justo antes de que empezara a obtener resultados. El tiempo demostró que los transalpinos se precipitaron porque Danilo Petrucci, su sustituto, no convenció y el año que viene cambiará de colores (KTM). Dos años después, el español vuelve a la órbita de Ducati y ahora estos podrían utilizar su carta como medida de presión contra un Dovizioso que se resiste a renovar por motivos económicos. No obstante, el de Forli no baraja muchas alternativas: si dice que no saldrá del campeonato y se despedirá del sueño de ser campeón del mundo para siempre. No hay sitio en los principales garajes y los que quedan libres (Aprilia) no son garantía para pelearle el mundial a Marc Márquez.

Con Jack Miller ascendido al equipo oficial en 2021, la continuidad de Dovizioso no tendría por qué impedir la llegada de Lorenzo, que aún podría, aunque es más difícil, encajar en el satélite del Pramac por Pecco Bagnaia, que no terminó de agradar en 2019. Disfrutaría eso sí, de las misma moto que los otros dos. Ahora, ¿tiene Ducati la capacidad para acometer esta operación? En principio, con el balear no habría demasiados problemas de caché, pues viene de dos cursos en la sombra, aunque tampoco es un ‘rookie’, mientras que ajustar las ambiciones de Andrea con las limitaciones impuestas por la fábrica tras los envites del covid se antoja más complicado. Las negociaciones llevan encalladas mucho tiempo y el problema no es la duración del contrato, sino el dinero. Dovizioso, que cobra más de seis millones por año, no estaría muy a favor de bajarse el sueldo a la mitad y Ducati insiste en que el panorama ya no es el mismo que hace unos meses.

Lorenzo celebra su victoria con Ducati en el GP de Austria. (EFE)Lorenzo celebra su victoria con Ducati en el GP de Austria. (EFE)Lorenzo celebra su victoria con Ducati en el GP de Austria. (EFE)

Ducati, prudente

En condiciones normales, el italiano hubiera mantenido su salario o incluso lo hubiera aumentado un poco, acercándose al de Rossi (más de ocho millones), pero el virus le ha dado la vuelta por completo al tablero. Si quiere continuar, tendrá que ceder. No queda otra. Lo que está claro es que la marca utilizará en su propio beneficio el as de Lorenzo, que aceptaría el rol por la misma oferta o menos. En contra de Dovizioso juega el tiempo (Ducati podría hartarse y, por edad, es un año mayor que el mallorquín), a su favor que nadie desde Stoner le ha dado tanto rendimiento a la Desmosedici, pese a no haber ganado un mundial. Ducati sabe que encontrar a alguien mejor, con su disciplina y experiencia en el mercado es ya imposible, por eso mantiene cierta prudencia mientras inicia conversaciones con Jorge por si las moscas.

Lorenzo permanece a la espera, sabiéndose segundo plato. El balear mantiene una gran amistad con Gigi Dall’Igna, director general de la escudería, que fue su gran padrino en Ducati y con quien ya compartió grandes momentos en la Aprilia de 250cc. Su relación viene de lejos y es estrecha. Tanto es así que cuando Jorge finalizó su aventura en Valencia, paró la Honda durante unos segundos a la altura del box de Ducati para fundirse en un abrazo con Gigi, que ahora podría avalar de nuevo su regreso. Que Dovizioso diera su brazo a tocer y estampara finalmente su firma le alejaría por completo del equipo oficial, pero aún habría posibilidades en el Pramac. Eso sí, completar la pareja de pilotos aquí no es tan prioritario. Ducati podría tomarse un tiempo hasta decidirse y no está claro que se vaya a prescindir de Bagnaia.

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