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Eiking no es Lauritzen y Roglič no es Savoldelli: la Vuelta da un paseo por el Rincón

Por Málaga hay unas cosas que se llaman jábegas. Bueno, también tienen pescaíto frito, y bastante sol, y un montón de guiris bien rojos que parecen cangrejos recién cocidos (valga la redundancia), pero a mí me interesan las jábegas. Las jábegas son embarcaciones de pesca. Tradicionales, ojo, ya no se usan demasiado. Largas, estilizadas, a remo. Un poco como las traineras acá en septentrión, para que se hagan ustedes idea (porque a ustedes les chiflan las traineras, que lo sé yo). De jábegas también hay regatas, y se reparten trapos, y es cosa digna de verse. Tienen, además, una característica visual muy llamativa… la roda de popa, que sobresale mucho. A ver, cómo explicarlo… algo parecido a las quillas en los drakkar, solo que sin dragones y ganas de arrasar con todo. Vamos, que no pasan desapercibidos. En el Rincón de la Victoria hay un montón de jábegas, así que no era descartable alguna buena vikingada, seguro que me entienden. Ojalá hubiese algún noruego con opciones.

Marcos Pereda

(Ah, la victoria del Rincón es por la Virgen de la Victoria. Lo digo para que no me tienten con juegos de palabras facilones, porque aquí no estamos para eso. En Cantabria tenemos otra victoria, en Ramales, pero aquello fue con asuntillos de las Guerras Carlistas, y las Guerras Carlistas ya las vimos en Cullera, así que lo vamos a dejar aquí). Etapa llana, dijimos. Solo que no. O no del todo. Ciertos peligros, oigan. Escasos, y tampoco cosas de llevarse las manos a la cabeza esperando zafarranchos y pelotones disgregados con tipos corriendo en forma individual, para qué engañarnos, pero… chicha.

Tras la jornada de descanso, algo que, vaya usted a saber razones, suele deparar sorpresas. Vamos, que estos descansos ciclistas los carga el diablo, como aquellos domingos en que bajas a tomar el café y te encuentras con uno, y luego con otro, y acabas de madrugada, chándal y tu camisa del Toho, bailando La Macarena con siete desconocidos y tres tasugos. Más o menos. Ah, el viento, también, que se va siempre bordeando la costa y eso… pues ya se sabe. Aunque el viento insiste últimamente en soplar fuerte-fuerte solo en los puertos (y de cara, para justificar el ir a rueda), pero, oigan, nunca se pierden esperanzas. Pegaba, en la salida, a favor y ligeramente de costado. Vamos, que si eso no es perfecto para montar abanicos yo ya no sé. Nervios, cunetas y tales dramas. Y, por último, el puerto. Almáchar, le dice la Vuelta. Moclinejo, he leído yo también por ahí.

Damiano Caruso, Primoz Roglic y Fabio Jakobsen antes de iniciar la décima etapa. (EFE)Damiano Caruso, Primoz Roglic y Fabio Jakobsen antes de iniciar la décima etapa. (EFE) Damiano Caruso, Primoz Roglic y Fabio Jakobsen antes de iniciar la décima etapa. (EFE)

En fin, no me voy a enfadar, porque aquí tenemos un Puerto del Caracol que también es Alto del Campillo y Collado de las Mazas, por ejemplo. El puerto, dijimos. Duro. Primera parte suave, luego casi cinco kilómetros de pared. A ver, una pared muy poco pared teniendo en cuenta lo que nos trae el ciclismo estos últimos años, pero suficiente para hacer daño. Casi el nueve de media, rampas que llegan al catorce. Como para descolgar paisanos de esos que tienen patas gordas y ganan sprints.

Oportunidad, pues, para tipos como Matthews (que está muy bien), o incluso otros rollo Bardet y ese ritmillo sabrosón que tiene en los descensos, porque el descenso también trae lo suyo. Digamos que se abre un abanico táctico, porque de cima a meta hay solo dieciséis kilómetros, así que… Hasta los de la general podrían tener su toquecito, si se decidieran a probar. No digo ir a lo loco, pero probar, juguetear luego, meterle presión al líder, que diga, coño, igual esto no va a ser tan fácil como yo pensaba… Luego no se vayan quejando por las esquinas de que, ay, no tenemos terreno, no sé dónde meter mano, es que Jumbo es tan fuerte, es que la abuela fuma. Y no miro a nadie, Movistar e Ineos, no miro a nadie.

Al lío. Salida con velocidad de AVE, pelotón roto en mil pedazos, ninguno de los grandes con problemas, la fuga que tarda mucho en hacerse. Sucede que cuando se hace cuenta con setecientos catorce tíos, más o menos. Hay clase media de calidad en la Vuelta, sí, pero sobre todo hay un equipo que lleva el maillot de líder y quiere dejarlo a toda costa. Uno no sabe si les rentará, porque estos paripés no suelen tener buenos finales, pero ellos a lo suyo. Y eso, que por delante se filtra Guillaume Martin, que es un tipo súper interesante, con su libro y todo. “Sócrates en bicicleta” (Libros de Ruta), se llama, y es una frikada auténticamente deliciosa donde filósofos griegos, franceses y alemanes pillan sus bicis y se van a correr el Tour de Francia. Lógico, vamos, solo hay que escuchar ruedas de prensa para saber que todos los ciclistas (con pocas excepciones) han leído la Crítica de la razón pura.

Nuevo líder de La Vuelta

El tipo también es buen ciclista (Martin, no Kant), con puestitos aquí y allá, y cierta facilidad para filtrarse en bidonazos. Lo hizo en el Tour (para cagarla más tarde en Envalira, hay que ver) y prueba también por España. El problema es que Martin va vigésimo en la general, y justo por delante aparece un mozuco noruego con el eufónico nombre de Odd Christian Eiking. Solo veintinueve segundos los separan, pero van a valer. A mí me dices ciclista noruego y me acuerdo de Dag-Otto Lauritzen bajando Alisas entre la niebla, así que no me molesta mucho el cambio de líder. Otro día será, para Martin. Felicidad, para Eiking, que llega en jábega (o en drakar) hasta el Rojo.

El recorrido entre Roquetas de Mar y Rincón de la Victoria. (EFE)El recorrido entre Roquetas de Mar y Rincón de la Victoria. (EFE) El recorrido entre Roquetas de Mar y Rincón de la Victoria. (EFE)

Por detrás… ataca Primož Roglič. Sí, amigos, el líder, en primera persona. Cuando aún queda bastante puerto. Nadie sale a por él, entre sorprendidos y con testículos donde la glotis. Para defenderse, mejor atacar. Raza de campeón, lo que algunas veces le habíamos reprochado al esloveno. Siempre demasiado calculador, siempre dentro de su distancia de seguridad. Y para arriba. Tras él se ponen Mas, Sepp Kuss (que camina mucho cuando no debe trabajar), Haig y López. Bernal cede, Yates cede, Landa pierde ya un mundo, y lleva pinta malísima lo de seguir en la Vuelta a España. Si tienes cabeza de cristal y las piernas no funcionan… Mus.

Roglič sube incluso con cierta rabia, si quieren. Alternando su clásica pose (sentado, manos sobre las gomas de sus frenos, cadencia alta) con otra más crispada. De pie, arrastrando desarrollo, tirando desde la curva del manillar. Pareciera como si quisiera demostrar algo. Solo que él, precisamente él, es quien menos tiene que demostrar.

Y, en fin… corona con casi veinte segundos. Porque es el más fuerte y porque los otros empiezan a mirarse con cara de tira tú, no, tira tú, no tú, tontorrón. Esas cosas. Ah, en cabeza va Michael Storer, el chavalín australiano que ganó en Balcón de Alicante. Allí se defendió perfecto en toboganes loquísimos asfaltados para la ocasión. Hoy, en un puerto de verdad (no una montaña rusa) ha hecho exactamente lo mismo. Veinticuatro añitos, cara de yerno perfecto (ojo, esos son los más peligrosos un sábado por la noche) y mofletillos de koala. Dos etapas en la Vuelta 2021. Por ahora, que vaya usted a saber. Ya tiene contrato para el año que viene, con FDJ. Igual firmó demasiado pronto.

Marcos Pereda

Bajando Primož arriesga. Arriesga en una curva, en dos, apura demasiado. Cuando uno apura demasiado en varios sitios muy seguidos… mal. Puede estar descendiendo rápido, pero no suele estar descendiendo bien (salvo que te llames Paolo Savoldelli). Y caída. Giro a derechas, la rueda de atrás se vuelve loca, el líder al suelo. Parece que no es nada, porque el tipo es muy duro. Arriba, cadena engarzada, grupito de cuatro, junto a Mas, López y Haig (no me le vayan a quitar ojo a Haig, amigos). Todo ocurre casi a la vez que Storer alza los brazos, tan grande es la diferencia.

Y así queda el asunto. Eiking líder, pero Roglič más líder (aunque con la duda esa del descenso, porque aquí cada síntoma de ser falible te lo pueden cosquillear en el futuro). Los Movistar que se asientan como alternativa principal. Egan manda saludos a casa, Yates dice que mejor no. Haig escondidillo, a mí ni me nombres, yo soy underdog. Gran espectáculo para una etapa que, quizá, no prometía tanto. A veces el ciclismo nos da sorpresas maravillosas.

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