Economía

El acuerdo sobre la eurodeuda abre el próximo gran debate: los impuestos europeos

En la Unión Europea la idea genera tanto reparo que ni siquiera se les llama por su nombre. En la jerga bruselense se les llama “recursos propios de la UE”. Pero la primera emisión masiva de deuda conjunta de los Veintisiete hace que el debate empiece a abrirse de verdad: si hay deuda europea, quizás sea el momento de discutir de impuestos europeos.

La UE lleva décadas rehuyendo el debate, pero junto al acuerdo del Consejo Europeo para la emisión de 750.000 millones de euros para financiar la recuperación de las partes de la economía europea más golpeadas por el Covid-19, los líderes europeos admitieron que en los próximos años habrá que hablar de “recursos propios”, de impuestos europeos que, entre otras cosas, ayuden a financiar el pago de esa deuda, que comenzará al final del próximo Marco Financiero Plurianual, que concluye en 2027.

“Ahora que la emisión de deuda común en una escala significativa ya no es un tabú, los impuestos europeos serán la próxima gran batalla de la próxima década para proporcionar a la UE las herramientas adecuadas y completar su arquitectura”, asegura Grégory Claeys, experto del think tank económico Bruegel. Es una idea en la que coincide Luis Garicano, eurodiputado de Ciudadanos, que ya insistió en ello durante el debate sobre la puesta en marcha del Fondo de Recuperación.

Reunión del Consejo Europeo (EFE)Reunión del Consejo Europeo (EFE)Reunión del Consejo Europeo (EFE)

Políticamente no es un debate sencillo. La Unión ha dejado el asunto congelado desde hace décadas, aunque en los últimos años ha comenzado a revitalizarse. El Parlamento Europeo exige un IVA europeo del 1%, un gravamen europeo sobre las emisiones de CO2 y de transacciones financieras. Bruselas trabaja sobre una tasa de ajuste de carbono en frontera, una medida enormemente compleja, y durante las últimas semanas señaló también la posibilidad de poner en marcha un impuesto para las grandes compañías que se benefician del mercado interior de la Unión Europea, aunque manejando cifras que la mayoría de analistas consideran optimistas.

En un mensaje lanzado pocas horas después de que se alcanzara el histórico acuerdo en el Consejo Europeo, el francés Thierry Breton, comisario de Mercado Interior, mandó un mensaje problemático que muchos han calificado de “trumpista”. “Por primera vez Europa captar dinero para Europa y los europeos. Y para financiar esta deuda histórica, no habrá impuestos para nuestros conciudadanos europeos. Solo será en las fronteras de nuestro mercado interior donde impondremos impuestos”, aseguró Breton.

“Es muy similar al lenguaje utilizado por Trump: alguien más pagará. Aunque estoy de acuerdo con el comisario Breton en que algunos de estos impuestos “fronterizos” son deseables desde una perspectiva social, al final los impuestos fronterizos a menudo, al menos en parte, son pagados por clientes”, explica el analista de Bruegel, que señala que “los políticos tienen que reconocer eso” y “explicar por qué estos impuestos pueden ser útiles”.

EFE

Muchas de estas ideas son polémicas. Algunas por el potencial choque que pueden generar con los Estados Unidos, como ha demostrado la discusión sobre la posible tasa digital europea, que ha sido imposible acordar debido a los temores de algunos países a la reacción del Gobierno americano, que ha bloqueado también las discusiones a nivel de la OCDE y ha amenazado a los países como Francia o España que se planteaban imponerlo a nivel nacional. Otras son complejas porque Estados miembros como Irlanda o Países Bajos se niegan a adoptar medidas que pueden dañar sus esquemas fiscales que les convierten en paraísos fiscales dentro de la propia Unión Europea.

Y el potencial para que este debate se bloquee es total: es necesaria la unanimidad. Y los asuntos fiscales son siempre complejos. De hecho recientemente la Comisión Europea ha explicado que baraja usar el artículo 116 para calificar los esquemas fiscales de Dublín, La Haya o Luxemburgo como distorsiones del mercado interior y que se puedan adoptar medidas con mayoría cualificada.

Pero la Unión tendrá difícil escapar del debate. Cuando llegue la hora de repagar la deuda solo quedarán dos opciones: o se añaden recursos propios que vayan directos al presupuesto europeo y que ayuden a la operación o lo aportan los Estados miembros de su propio bolsillo. Pero las capitales siempre encuentran otra vía, una tercera opción cuando parece que no existe. Y si no hay impuestos europeos los países no van a pagar la fiesta con más aportaciones, sino que seguramente recorten el tamaño del presupuesto europeo, dañando las prioridades comunes.

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