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El Barcelona se queda desnudo y sin rumbo: esto ya no puede arreglarlo Messi

Semedo por Rakitic y De Jong por Coutinho fueron los únicos cambios en el once titular del Barça que cayó ayer humillado en Lisboa ante el Bayern respecto al Barcelona que se pegó el sopapo el año pasado ante el Liverpool. Arturo Vidal, De Jong y Lenglet por Iniesta, Rakitic y Umtiti son los tres respecto al que se la pegó hace dos años en Roma. Ambas derrotas, tanto la de Roma como la de Liverpool, fueron lo suficientemente humillantes como para que el club, la directiva, hubiera tomado decisiones más allá de cambiar de entrenador (Valverde por Setién) el pasado mes de enero. Las decisiones se aplazaron porque la plantilla aún tenía pedigrí después de ser la más exitosa de la historia de la entidad, pero también porque desde el club, la directiva, Bartomeu concretamente, no existe un líder capaz de plantarse ante un vestuario de estrellas que exprimen el 65% (680 millones ) de los 1.047 que hay de presupuesto y que sigue exigiendo renovaciones para seguir subiendo sus honorarios como es el último caso de Ter Stegen que en Lisboa fue gelatina.

Bartomeu el escapista

Bartomeu es un maestro en el arte del escapismo y a pesar de que el Barça daba muestras clarísimas en los últimos años de desintegración, él seguía con su sonrisa perenne y su discurso poco articulado tirando palante como si aquí no pasara nada. Ni siquiera salió a dar explicaciones cuando en pleno confinamiento le dimitieron seis directivos y el que debía ser su sucesor, Emili Rousaud, deslizó que alguien había metido mano en la caja después de que la Cadena SER diera la noticia de que el club había contratado a una empresa para monitorizar las redes sociales saltándose los controles internos.

Messi, tras el final del partido. (Efe)Messi, tras el final del partido. (Efe)Messi, tras el final del partido. (Efe)

Hace un mes, con LaLiga ya finiquitada y en manos del Madrid, Bartomeu hablaba así de Setién: “No me arrepiento del cambio de Valverde. El equipo necesitaba un impulso. Setién conoce nuestro ADN, el modelo y ha traído nuevos aires y nuevas ideas. Continuará, evidentemente. Todos estamos sujetos a los resultados, pero estoy satisfecho de la evolución de equipo. Ha mejorado, se nota un cambio y espero que siga así”. Hace una semana, el presidente seguía confirmando a Setién en el banquillo para la próxima temporada. Ayer, después del ridículo histórico ante el Bayern, salió a hablar ante los micrófonos de Movistar para anunciar: “Ha sido un desastre y a partir de ahora a tomar decisiones, algunas de ellas ya las teníamos pensadas y ahora las ejecutaremos”. Es de cajón que la primera será destituir al técnico. Decisión que ahora dice que ya estaba tomada antes de. Entre balbuceos, se le cambió la cara cuando le preguntaron por un adelanto de las elecciones, previstas para el próximo verano: “No es el momento. Hay que reflexionar”.

Bartomeu tiene pinta de querer escaparse también de ésta, otra cosa es que pueda. Porque el 2-8 es tan escandaloso que nadie saldrá de rositas por mucho que se empeñe. El Barça se ha desintegrado ante los ojos del mundo y de lo único que depende ahora el presidente es de lo que diga Leo Messi, que aún no ha abierto la boca pero su entorno ya ha encendido el ventilador para propagar que está muy enfadado y que si no hay cambios drásticos incluso medita marcharse al final de la temporada que viene. Entre esos cambios está el del banquillo y es Xavi el que el argentino quiere y no Pochettino con el que Ramón Planes, secretario técnico del club, se reunió la semana pasada en Barcelona.

Xavi, la opción ideal

Pochettino soltó hace tres años: “Antes de entrenar al Barça, me iría a mi granja de Argentina”. Hace dos semanas intentó arreglarlo en una entrevista en El País, pero lo dicho, dicho está. Y el aficionado culé no está para tragarse ahora después del ridículo en Lisboa a un técnico que tampoco les ilusiona especialmente. Xavi sería la opción ideal que devolvería la ilusión al barcelonismo, pero ya le intentaron fichar en enero, dijo que no y desde el club Eric Abidal le menospreció, así que mucho tendría que cambiar ahora el panorama, mucho tendrían que ofrecerle, para que aceptara el cargo con un presidente y una directiva con la que no tiene ninguna conexión y que no se ha cubierto de gloria precisamente por su gestión en las últimas temporadas que ha culminado con el naufragio total en Lisboa.

La próxima semana habrá una reunión de la Junta directiva y por ahora, más allá del adiós a Setién, el plan es esperar a que escampe la tormenta, pero nadie es capaz de aventurar si Bartomeu aguantará como para no convocar elecciones esta misma semana. Gerard Piqué ya le apuntó nada más terminar el partido por elevación: “Creo que el club necesita cambios y no hablo del entrenador ni de los jugadores”. El silencio de Messi es oro para el presidente por ahora.

Piqué, tras la eliminación. (Efe)Piqué, tras la eliminación. (Efe)Piqué, tras la eliminación. (Efe)

Una renovación imposible

Las decisiones aplazadas de Bartomeu respecto a la renovación de la plantilla son ahora una losa. Pensar en una revolución es una quimera por una razón muy simple: la pandemia. El Barça ya vivía en el alambre económico y fue el primer club en anunciar un ERTE. No hay dinero como para afrontar fichajes que le cambien la cara al equipo e incluso el fichaje de Lautaro está en el aire. Piqué se ofreció a dar un paso atrás en Lisboa, pero más le vale al Barcelona que se quede porque no hay nadie para sustituirle. Y lo mismo se puede decir de la mayoría de los futbolistas que cayeron frente al Bayern, el Liverpool y la Roma. Los únicos brotes verdes que han surgido esta temporada han sido Ansu Fati y Riqui Puig, pero les hace falta un entrenador que se atreva a alinearles.

El fallo en el Barcelona ha sido sistémico, estructural, de base en el disco duro y sólo un 2-8 inapelable, doloroso por humillante, puede hacer reaccionar a un club que va a la deriva desde hace años y que se refugiaba en Messi y los títulos de Liga para seguir adelante dejándose el estilo, los valores y el ADN a jirones por el camino. El emperador está en pelota picada y ya no hay nada ni nadie que pueda disimular la hecatombe. No es un accidente. Esto es el final.

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