El cementerio que nació para un ‘western’ de Clint Eastwood y que hoy sigue en pie en Burgos

A veces la ficción se convierte en realidad. La inventiva de un hombre puede inspirar la de otros y hacer real lo que sólo era una ficción, un cuento. En este caso un cuento del Salvaje Oeste llevado al extremo y al cine por Sergio Leone. La hemos visto todos: El bueno, el feo y el malo (que en el original era Il buono, il brutto, il cattivo).

Siempre decimos que los spaguetti western se rodaban en Almería. Y es verdad. Pero a veces, alguna escena llevaba a los localizadores de escenarios a salir de la soleada provincia andaluza y acabar, por ejemplo, en Burgos. Una de las películas de este genero bizarro eligió el burgalés Valle de Mirandilla para una sola escena, ¡pero qué escena!

Allí, muy cerca de Santo Domingo de Silos, se esconde el escenario real del mítico cementerio circular de la escena final de El bueno, el feo y el malo. Es esa escena en la que el personaje interpretado por Clint Eastwood se bate en duelo con el malo (Lee Van Cleef) y el feo (Eli Wallach) para quedarse, claro, con todo el dinero.

Lo cierto es que Leone nunca explicó por qué se inventó un cementerio imposible (circular) e inexistente para el climax final de su western y, sobre todo, por qué tuvo que «levantarlo» en un valle de Burgos, a casi 800 kilómetros de Almería. Pero lo hizo.

Fueron los propios vecinos de los pueblos de la zona y los soldados del ejército de Franco quienes se encargaron de dar forma a las 5.000 tumbas del cementerio de Sad Hill (tumbas falsas, por supuesto), en donde se desarrolla la famosa escena del duelo a tres. El rodaje se fue y aquella bonita mentira (las cosas de cine) quedó olvidada.

Hoy el lugar se puede visitar y disfrutar por lo que es y por el bonito emplazamiento natural que tiene como telón de fondo. En los últimos años un grupo de fans de Sergio Leone y vecinos de la zona lo han recuperado (el documental ‘Desenterrando Sad Hill’ lo cuenta).

No es, por supuesto, un cementerio cualquiera. Por un lado, no es un camposanto real. Por otro, está muy vivo: es un mito, un edén para cinéfilos y amantes del western y, para cualquier viajero, un lugar lleno de misterio y curiosidades en el que revivir una historia de cine, las mejores.

Los vecinos de la zona se han entregado a la causa. Después de todo Sad Hill es un complemento turístico (un perfil más joven) al cercano Monasterio de Silos. Hay cerveza y vino con su nombre y hasta una carrera ciclista.

Y como la recuperación del cementerio y su mantenimiento cuestan dinero, las tumbas pueden apadrinarse y personalizarse. Ya lo hizo, por ejemplo, Alex de la Iglesia. No así Metallica, la banda de rock, que tiene su propio sepulcro porque siempre inician los conciertos con la música, ya mítica, que Ennio Morricone compuso para la película.

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