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El día que Margaret Thatcher llamó “Ballerina Sevesteros” a Ballesteros y nació ‘Seve’

La pésima educación del público norteamericano en la Ryder Cup de este año no ha sido una anomalía. En la edición de 1991, después de que la Europa liderada por Severiano Ballesteros hubiese ganado tres torneos seguidos (terminando con la supremacía estadounidense durante medio siglo), el ambiente era ya “bastante agresivo”, como cuenta el golfista escocés Colin Montgomerie; y no sólo por parte de los aficionados, sino del propio equipo: en el vídeo de la cena de gala anterior al comienzo, los americanos no pusieron ni una sola imagen del triunfo europeo dos años antes en The Belfry. Sólo golpes del equipo anfitrión. “No sabíamos dónde meternos”, explica Nick Faldo; “nadie abría la boca”.

El asunto, como cuenta Montgomerie, es que “todos querían batir a ‘Seve’”, el desconocido llegado una década antes desde un pueblo del norte de España y al que habían cometido el error de tratar despectivamente cuando cruzó el Atlántico por primera vez, con 18 años, para aprender durante nueve semanas. Paul Azinger, puntal de aquella selección de Estados Unidos (y nada amigo de Ballesteros), lo confirma: “Era prácticamente imposible ganar a esos tipos” (en referencia a la pareja formada por ‘Seve’ y José María Olazábal).

Un segundo documental en 2021

Mientras Europa vive quizá la resaca más severa de la historia de la Ryder, puede resultar analgésico el visionado de SEVE, el documental dirigido por Joss Holmes y David White estrenado hace unos días por Rakuten TV. Este año se cumple el décimo aniversario de la muerte del golfista de Pedreña. A pesar de la aparición hace sólo unos meses de otro documental largo en Amazon, ‘SEVE’ sorprende por la participación de personas como la exmujer de Ballesteros, Carmen Botín, su hermana Ana Patricia (presidenta del Banco de Santander), Rafa Nadal, su primer agente o dos de sus hijos. Pero aún más por las insinuaciones sobre el trato que recibió de sus hermanos mayores (eje principal del documental de Amazon) antes y después de alcanzar la cima del golf mundial. ¿Batalló Ballesteros durante toda su vida, como se apunta en la película, contra la depresión crónica?

Ballesteros, cuando ejerció de capitán del equipo europeo de la Ryder en 1997. (EFE)Ballesteros, cuando ejerció de capitán del equipo europeo de la Ryder en 1997. (EFE) Ballesteros, cuando ejerció de capitán del equipo europeo de la Ryder en 1997. (EFE)

El insólito ascenso del joven Ballesteros a la fama y su adopción por el público británico mientras era mayormente despreciado en España ha sido ya glosado numerosas veces. Hay en ‘SEVE’, sin embargo, una anécdota divertida y muy poco conocida. Ed Barner, su agente entre 1975 y 1983, cuenta cómo el 3 de abril de 1980 estaban comiendo ambos en un restaurante de Londres con un parlamentario británico. Al poco tiempo llegó al establecimiento Margaret Thatcher, entonces primera ministra, a la que le propusieron saludar al joven talento español. En aquella época, narra su agente, él estaba intentando “desesperadamente” convencer a Ballesteros de que utilizase el apellido de su madre, Sota, y hacerlo un poco más fácil para el público. El jugador se negaba: “Mi nombre es Severiano Ballesteros”. Pero entonces llegó a su mesa la primera ministra y el diputado dijo: “Primera ministra, le presento al ganador del Open Británico del año pasado. ‘Ballerina Sevesteros’. Y Thatcher respondió: “Encantada de conocerle, señor Ballerina“.

“Desde ese momento fue ‘Seve’”, explica Barner: el golfista más imprevisible y con la mayor obsesión por ganar que se haya conocido (“por demostrar que valía, que encajaba, a todos los niveles”, como afirma un amigo suyo en la cinta), hasta el punto de que su “espíritu” fue invocado la semana pasada por el capitán y diversos jugadores del equipo europeo para revertir su teórica inferioridad, confirmada después con dolorosa claridad.

Ascenso y caída de una estrella única

‘Seve’, explica el no menos legendario Gary Player, “era como una fiera salvaje en una jaula”. El largometraje explora su tormentosa relación con Estados Unidos, donde después de conquistar el Masters en 1980 ya nadie confundiría su nombre de nuevo (“tenía tanta confianza… Sabía que era el mejor”, dijo después ‘Seve’ sobre aquel campeonato); su vertiginoso salto a la fama internacional, que muy pronto le llenó la vida de contratos, patrocinios, viajes, constantes cambios de ropa (y un enorme éxito entre las mujeres: “No había vídeos entonces, gracias a Dios”, bromea Faldo en un momento); pero también el declive temprano de un jugador saturado (“overtravelled, overgolfed”, explica su exagente) cuya espalda jamás se recuperó de una lesión producida en una entrenamiento de boxeo a los 14 años y cuya cabeza –se apunta– no sólo tuvo que lidiar con el dolor diario de espalda, sino con el peso de una posible depresión que no termina de analizarse en profundidad. “Vivía aislado”, dicen sus compañeros. “No tenía amigos”, reconoce su hija (que lleva un tatuaje con su famoso gesto de victoria).

Lo que queda meridianamente claro, en boca de sus hijos y de su exagente, es que hubo mucha mar de fondo en los vínculos forjados entre Severiano y sus tres hermanos mayores durante la infancia y tras su encumbramiento. ¿Trataban mal al hermano pequeño primero y le manipularon después, como se apunta? ¿Estaba tan “atrapado” como dice su exagente? ¿Fueron esos problemas infantiles la causa de su irresistible amor propio?

Ballesteros, en un homenaje seis meses antes de morir, mientras luchaba contra el tumor cerebral. (EFE)Ballesteros, en un homenaje seis meses antes de morir, mientras luchaba contra el tumor cerebral. (EFE) Ballesteros, en un homenaje seis meses antes de morir, mientras luchaba contra el tumor cerebral. (EFE)

Las lágrimas de Langer

La aparición de este segundo documental largo en pocos meses podía parecer una sobredosis, pero aporta información nueva de interés para los devotos del cántabro. En aquella tensa Ryder Cup de 1991, Ballesteros y Olazábal remontaron partidos que parecían perdidos y demostraron una pujanza similar a la de la pareja Rahm-García este fin de semana. El torneo llegó empatado al último golpe: un ‘putt’ de menos de dos metros de Bernard Langer para decidir tres días de competición. El alemán, conocido por sus nervios templados, lo falló y los americanos empezaron a descorchar botellas y latas con la misma soltura que este domingo. Europa se retiró enseguida a su cuartel, para protegerse de la euforia desatada. “Y en una esquina, sin hacer ruido”, cuenta Montgomerie, “mientras todo el mundo celebraba en la playa, Langer y Severiano lloraban, abrazados”. “Cuando jugabas la Ryder con él”, afirma el escocés en otro momento, “jugabas para el capitán y para tus compañeros, pero sobre todo para ‘Seve’”. Langer, el rostro de acero, volvería a llorar de nuevo dur

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