Deportes

El fútbol, el único deporte olímpico en el que todo no es ‘happy’ y sí hay lugar a las críticas

Como quiera que es la gran referencia, por no decir la única, que sirve para valorar la participación de España en unos Juegos Olímpicos, la expedición de 322 atletas (¿y ‘atletos’?) que ha representado al Comité Olímpico Español (COE) en Tokio regresa de la capital japonesa con 17 medallas. Es decir, las mismas que en Río 2016 (aunque cuatro menos de oro, con tres y siete, respectivamente), una menos que en Londres 2012, dos que en Pekín 2008 y tres que en Atenas 2004. Tras las 11 de Sidney 2000, iguala las de Atlanta 1996 y se queda a cinco de las 22 de Barcelona 92.

Fátima Gálvez y Alberto Fernández, en tiro olímpico mixto; Sandra Sánchez, en la modalidad kata de karate; y Alberto Ginés, en escalada, han sido los tres oros mencionados. Sin restarles méritos, que son muchos, sus deportes no son de los más relevantes en unos Juegos. Por su parte, Adriana Cerezo, en taekwondo -49 kg; Maialen Chourraut, en el K1 de aguas bravas de piragüismo; Ray Zapata, en la modalidad de suelo de gimnasia; Teresa Portela, en el K1 200 de piragüismo; Damián Quintero, en la modalidad de kata de karate; el K4-500 de piragüismo formado por Saúl Craviotto, Marcus Cooper, Carlos Arévalo y Rodrigo Germade; la Selección femenina de waterpolo y la masculina de fútbol se han colgado la plata.

Kike Marín

Por último, David Valero, en mountain bike; Pablo Carreño, en tenis individual; Ana Peleteiro, en el triple salto de atletismo; Joan Cardona, en clase Finn, y Jordi Xammar y Nico Rodríguez, en el 470 de vela, y la Selección masculina de balonmano, se han traído la medalla de bronce. A ellos hay que sumar 42 diplomas olímpicos (los que van del 4º al 8º), con hasta ocho de las llamadas medallas de chocolate, más amargo que dulce, que son los cuartos puestos.

Quizás un dato más justo para valorar la participación de España en los Juegos de Tokio sea que de los 322 atletas, 179 fueron finalistas, 64 en deportes individuales y 115 en los de equipos. Es decir, que, como bien apuntó el presidente del COE, Alejandro Blanco, “el 55,59% de los atletas que han venido están entre los ocho mejores del mundo”. Como dato curioso, de las 17 medallas españolas, esta vez diez las conquistaron hombres y seis mujeres, más una de una modalidad mixta. Seis provienen de los deportes de agua, tres de los de equipo y, otra curiosidad, cuatro en disciplinas que se estrenaban en estos Juegos.

El seleccionador español de balonmano, Jordi Ribera, manteado por sus jugadores tras ganar la medalla de bronce. (EFE)El seleccionador español de balonmano, Jordi Ribera, manteado por sus jugadores tras ganar la medalla de bronce. (EFE) El seleccionador español de balonmano, Jordi Ribera, manteado por sus jugadores tras ganar la medalla de bronce. (EFE)

La maldición en los deportes de equipo

Hecho este balance más o menos objetivo, resulta llamativa la maldición que persigue a España en los deportes de equipo, donde no gana el oro desde Atlanta 96. Allí lo logró la selección masculina de waterpolo que lideraba Manel Estiarte. Ni en baloncesto ni en balonmano ni en hockey ni en voleibol ni en el propio waterpolo se ha vuelto a conseguir. Mención aparte merece el fútbol, que esta vez estuvo muy cerca de repetir el oro de Barcelona 92, pero volvió a quedarse en plata, como hace 21 años en Sidney 2000.

Es verdad que el fútbol sigue estando en los Juegos de prestado, de ahí que posiblemente la medalla lograda contra Brasil no fuera valorada como cualquier otra de un deportista español en Tokio. La pasión del fútbol no la levanta ningún otro deporte en España, al menos de manera tan regular y no esporádica. Por eso puede decirse que en el fútbol no se ganó la plata, sino que se perdió el oro. Guste o no, es así. Es más, de haber tenido que jugar por el bronce, el partido apenas hubiera levantado expectación y para los jugadores hubiera supuesto un esfuerzo, pero por falta de motivación.

La gran diferencia está en que mientras hay deportes que solo se siguen y de los que se tienen noticia cada cuatro años, es decir, de Juegos a Juegos, con el periodo llamado olimpiada entre medias, el fútbol es el pan de cada día en nuestro país y, puestos a seguirlo, poco o nada influye que sea una competición en la que su importancia es menor. Por unos días se ha hablado de Alberto Fernández o Alberto Ginés. Porque han ganado el oro, aunque apenas se sepa nada de ellos y su protagonismo sea efímero. Más conocidos son Saúl Craviotto o Sandra Sánchez, pero tampoco se conoce nada de los deportes que practican.

Vallejo pelea el balón ante el delantero brasileño Paulinho durante la final de los Juegos de Tokio. (EFE)Vallejo pelea el balón ante el delantero brasileño Paulinho durante la final de los Juegos de Tokio. (EFE) Vallejo pelea el balón ante el delantero brasileño Paulinho durante la final de los Juegos de Tokio. (EFE)

Una plata que al menos nadie se quitó

La plata de la selección española de fútbol fue diferente. “¡Plata olímpica! Hay que estar más que orgullosos de este equipo”, escribió en su cuenta de Twitter el navarro Mikel Merino. “No es la medalla que a todos nos hubiera gustado, pero es un logro y un privilegio ser medallista olímpico. Experiencia única que llega a su fin. Gracias a todos por el gran apoyo”, añadió el jugador de la Real Sociedad. Sobra decir que en otras circunstancias, y algunas no tan lejanas, más de un futbolista se hubiera quitado la medalla de segundo clasificado…

Sin embargo, no sucedió. Para llegar a la final contra Brasil, la selección dirigida (?) por Luis de la Fuente tuvo que jugar tres prórrogas consecutivas, con el desgaste físico y mental que ello supone para los futbolistas, algunos como Unai Simón, Pau Torres, Eric García, Pedri, Dani Olmo y Mikel Oyarzabal, que venían de disputar la Eurocopa a las órdenes de Luis Enrique. El capitán de la Real calló muchas bocas con sus goles y sus grandes actuaciones, a pesar de jugar fuera de sitio.

El peor parado fue el madridista Vallejo, al que le condenó jugar de lateral derecho junto a un central tan poco fiable defensivamente como es Eric García, de ahí que se llevara la palma de las críticas en la final, donde tampoco faltaron para De la Fuente por sus incomprensibles cambios. No, en ningún otro deporte olímpico, ni siquiera en los otros más populares como el baloncesto o el balonmano, se han escuchado críticas después de perder o no ganar un partido, ya sea hacia los entrenadores o hacia los propios jugadores. Al contrario, todo ha sido ‘happy’ y lecturas positivas. El espíritu olímpico, vamos.

Kike Marín

Sin embargo, ya lo explicó Eduardo Galeano. “¿En qué se parece el fútbol a Dios?”, preguntó el escritor uruguayo, a lo que él mismo se respondió: “En la devoción que le tienen muchos creyentes y en la desconfianza que le tienen muchos intelectuales”. No nos engañemos, si en otros deportes no hay lugar a las críticas quizás sea porque siempre hay un mayor respeto hacia lo desconocido, mientras que ya se sabe que en España de fútbol y medicina, todo el mundo opina…

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