Economía

El G7 trata de vencer la resistencia de China y los emergentes al impuesto global de sociedades

El G7 trata de vencer las resistencias de China, India, los países del Este y otras naciones emergentes para lograr un acuerdo global que establezca un mínimo en el impuesto de sociedades. Según el diario londinense ‘Financial Times‘, los negociadores temen que los compromisos que tendrán que asumir para que estos países se sumen a la iniciativa, promovida en la última reunión de las siete potencias más industrializadas del mundo, acaben aguando el acuerdo final.

Además, se espera que los paraísos fiscales y los grandes centros de inversión, como Irlanda, Suiza y Barbados, no se sumen, según fuentes consultadas por el FT. Los detalles serán discutidos en la reunión del G20 que tendrá lugar el próximo mes en Venecia (Italia).

Sin embargo, quienes conocen el proceso son cada vez más optimistas respecto a la posibilidad de que haya un acuerdo, sobre todo en lo que se refiere a la participación de China, el mayor obstáculo hasta el momento. El tiempo se acaba. “Pienso que no va a fracasar. Todavía hay algunas incertezas, pero no estamos lejos de un acuerdo”, ha dicho uno de los negociadores al Financial Times.

Carlos Sánchez

El peligro, ahora, es que las concesiones acaben diluyendo el acuerdo del G20, según revela una fuente de la Unión Europea, hasta el punto de que carezca de sentido.

Estados Unidos exigirá que cualquier acuerdo beneficie claramente a las finanzas públicas y las empresas del país, para que pueda ser aprobado en el Congreso. Si este acaba rebajado, su ratificación parlamentaria estaría en riesgo.

Los argumentos de China

China y los países del Este alegan que el acuerdo actual alterará los actuales acuerdos impositivos que incentivan las inversiones industriales, ya que permiten que la tasa impositiva sea inferior al 15% propuesto por el G7, sin que por ello sean considerados paraísos fiscales. Los negociadores buscan fórmulas para que China también se pueda beneficiar del nuevo marco.

En cambio, los países en desarrollo se quejan de que el acuerdo no permita establecer tasas más altas para las grandes multinacionales y quieren que se eleve el mínimo propuesto por encima del 15%.

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