Economía

El gasto con tarjeta en Navidad se estanca y da la puntilla al consumo

El virus no da tregua. Ni siquiera en Navidad en términos de consumo privado. Los datos más recientes, que miden lo que ha sucedido en la tercera semana de diciembre a la luz del gasto con tarjeta de crédito o de débito, muestran un estancamiento respecto de anteriores semanas. Incluso un empeoramiento en algunos componentes del gasto, lo que hay que vincular, necesariamente, al endurecimiento de las restricciones a la movilidad decididas por las autoridades sanitarias.

En concreto, según CaixaBank Research, que utiliza para ello la información suministrada por sus terminales de puntos de venta, el gasto con tarjetas españolas está cayendo a un ritmo anual del 11%, por debajo del 18% de la semana precedente, pero lejos del 1% que llegó a crecer en la primera semana de diciembre.

Eso quiere decir que la evolución, en media de las tres semanas, está en línea con lo que sucedió en el mes de noviembre, cuando aumentó la intensidad de las restricciones, pero claramente empeora respecto de los meses de septiembre y octubre. En el caso de las tarjetas que utilizan los extranjeros, el descenso es del 50%, lo que muestra el colapso del turismo.

E.P.

No es que haya regresado la normalidad y que los consumidores hayan vuelto a pagar sus compras en efectivo. Por el contrario, las retiradas de liquidez con tarjetas españolas en los cajeros automáticos están retrocediendo todavía a un ritmo anual del 21%, una tasa de variación similar a la registrada en noviembre.

Si se atiende únicamente al consumo presencial realizado con tarjetas españolas, el descenso es del 7%, pero mientras que el gasto en bienes duraderos, ocio y restauración registró un empeoramiento respecto de la segunda semana de diciembre (-10% interanual en duraderos y -30% interanual en ocio y restauración), el destinado a transporte y turismo sufrió una caída más leve, recuerda CaixaBank. Por último, el gasto en bienes de primera necesidad se mantiene plano, con un incremento del 14%, lo que hay que vincular al hecho de que muchos bares y restaurantes tienen horarios muy restringidos, lo que obliga a que el consumo se haga en casa.

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La alimentación se salva

Los resultados de CaixaBank son coherentes con otros indicadores de actividad, como el de comercio minorista, que en noviembre volvió a mostrar datos negativos. En concreto, se registró un descenso del 0,8% una vez corregidos los efectos estacionales y los derivados del distinto calendario laboral. Si el cálculo se hace en términos anuales y no mensuales, el resultado observado muestra una caída del −4,3% respecto al mismo mes del año anterior, tasa que es inferior en 1,3 puntos a la registrada en octubre. Ahora bien, si se desglosan esas ventas por tipo de producto, mientras que la alimentación sube un 1,2%, el resto baja un 6,8%.

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Detrás de estos datos, se encuentran dos fenómenos que actúan en paralelo. Por un lado, como se ha dicho, el aumento de las restricciones adoptadas para hacer frente a la crisis sanitaria y a la segunda ola del covid, pero también el incremento de las incertidumbres económicas que impulsan el ahorro en detrimento del consumo. BBVA Research ha estimado que el consumo privado descenderá este año en torno al 14%, pese a las políticas de soporte de rentas, principalmente a través de los ERTE o a las ayudas a los trabajadores autónomos.

El gasto, sin embargo, repuntará en 2021 hasta el 7%, impulsado por la recuperación prevista de la capacidad de compra y la absorción de una parte de la demanda embalsada. En todo caso, insuficiente para absorber las pérdidas de 2020. De hecho, y tras conocerse los datos definitivos del tercer trimestre, la economía española solo ha recuperado el 57,5% del PIB perdido durante el primer semestre del año.

Incluso en Madrid, que es la única en la que el comercio minorista registra una evolución positiva, la caída del empleo es del 4,3%

No hay que olvidar que el consumo privado es la parte del león del PIB, lo que hace que variables como el empleo estén determinadas por su comportamiento. Según datos de Eurostat de este mismo lunes, el consumo privado, incluyendo todas sus funciones, representa en España nada menos que el 59,4% del PIB, lo que supone casi siete puntos más que la media de la eurozona (52,7%). El principal componente del gasto es el destinado a mantenimiento del hogar, gas, agua y electricidad (13,7 puntos), seguido de restauración y hoteles (8,9 puntos), por encima de comida y bebidas no alcohólicas (7,4 puntos).

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Por lo tanto, su evolución determina la evolución del PIB, y de ahí su importancia. En particular, en algunas regiones. Los casos más evidentes son los de Baleares y Canarias, muy dependientes de la entrada de turistas extranjeros, algo que explica que el empleo en el comercio minorista se haya desplomado en términos anuales un 7,2% en el primer caso y un 7,4% en el segundo, en ambos casos, muy lejos del -1,2% de Aragón o el -1,6% de la Comunidad Valencia.

Incluso en Madrid, que es la única comunidad autónoma en la que el comercio minorista registra una evolución positiva en el último año (0,6% de incremento), la caída del empleo es del 4,3%, por encima de la media de España. A destacar el hecho de que el comercio minorista descendió en noviembre respecto de octubre en las grandes cadenas (−2,6%) y en las grandes superficies (−2%), mientras que, por el contrario, creció en las empresas con un solo establecimiento (0,2%) y en las pequeñas cadenas (1,6%).

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