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El legado de Simone Biles: la gimnasia no es lo más importante

“Debemos proteger nuestros cuerpos y nuestras mentes, y no solo hacer lo que el mundo espera que hagamos”, explicó Simone Biles minutos después de que el equipo de gimnasia de Estados Unidos perdiera el oro. Y el peso del mundo que sentía sobre sus hombros —como ella misma había publicado en su cuenta de Instagram un día antes— ya es más ligero. Su trascendencia, su legado en el deporte, permanecerá para siempre después de dar un paso al lado, admitir públicamente que debe cuidarse mentalmente y que la gimnasia no es lo más importante por mucho que sean unos Juegos Olímpicos.

Apenas unas horas antes de que Biles dijera ‘hasta aquí’, Naomi Osaka, la encargada de encender el pebetero en Tokio, había perdido en dos sets en la tercera ronda ante la checa Markéta Vondroušová. La tenista ya había hecho públicos sus problemas de ansiedad después de renunciar a jugar en Roland Garros y Wimbledon, y en el documental que se acaba de estrenar en Netflix reflexiona sobre su valía como persona y cómo la había relacionado siempre con el éxito profesional. “Si no soy una buena tenista, ¿quién soy entonces?”, se pregunta. La presión, la angustia, la atención global, el miedo a fallar, a no ser perfecta, a defraudar. Dos iconos, dos mujeres, dos grandes estrellas del deporte han mostrado su vulnerabilidad, su fragilidad y nos han dado una lección que difícilmente olvidaremos.

Dos iconos, dos mujeres, dos grandes estrellas han mostrado su vulnerabilidad y nos han dado una lección que difícilmente olvidaremos

La gimnasta nombró a Naomi Osaka en su comparecencia ante los medios como una de las personas que la habían inspirado para sentirse libre y poder hablar y escucharse al mismo tiempo. Si tu cabeza dice basta, no hay más, aunque sea en el día de la final. Y no es un signo de debilidad, de flaqueza, sino de escandalosa humanidad. Resulta imposible ahora calibrar cuál será la importancia en un futuro de que dos referentes del deporte se hayan atrevido a exponerse de esta manera y airear los demonios que las acechan, pero ya es seguro que han pavimentado un nuevo camino que ya abrió el número uno, el mejor deportista olímpico de la historia, el que más oros ganó: Michael Phelps.

Pedro Cifuentes

Phelps es leyenda por sus 23 oros, pero también por ser el primero que habló de sus ideas suicidas, de su depresión y que no lo contó como si fuera una película de Hollywood con final feliz. Sigue luchando contra la enfermedad, tiene una fundación dedicada exclusivamente a los problemas de salud mental y en cada entrevista que concede da visibilidad a la depresión que sufre. Ahora, como comentarista de la NBC, contó hace dos días que ya solo se lanza al agua si necesita descanso mental. “Si tengo uno de esos días”, dijo.

Michael Phelps empezó a nadar porque de niño le diagnosticaron trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH). Naomi Osaka nunca fue al colegio ni al instituto porque sus padres eligieron escolarizarla en casa y que ella y su hermana se entrenaran desde pequeñas durante ocho horas diarias. Debido a los problemas de adicción de sus padres, Simone Biles pasó por varias casas de acogida hasta que fue adoptada por sus abuelos cuando tenía seis años. Así comenzaron los tres en el deporte, pero de los tres, Simone Biles además sufrió abusos sexuales cuando ya era una estrella y se suponía que por fin debía estar a salvo. Que al fin estaba en un entorno seguro.

EEUU acabó en segunda posición en el concurso por equipos, por detrás de Rusia. (Reuters)EEUU acabó en segunda posición en el concurso por equipos, por detrás de Rusia. (Reuters) EEUU acabó en segunda posición en el concurso por equipos, por detrás de Rusia. (Reuters)

En 2018, Simone Biles compartió en Twitter que ella también había sido víctima de Larry Nassar, el médico del equipo olímpico de gimnasia estadounidense, el mayor depredador sexual —que sepamos— en la historia del deporte, que fue condenado a 60 años de cárcel por posesión de pornografía infantil y declarado culpable de abusar sexualmente de más de 140 mujeres. Biles culpó también a la federación estadounidense de gimnasia, a la que denunció. “Literalmente, tenían un trabajo que hacer y no pudieron protegernos”, dijo.

Hace un año, en una entrevista en la revista ‘Vogue’, afirmó que le había costado darse cuenta de que ella también había sufrido abusos, y que cuando lo hizo, se vino abajo: “Sentía que lo sabía, simplemente no quería admitir que aquello había ocurrido porque pensaba, no que tuviera que ser perfecta, pero sí que lo que América quería que yo fuera era eso: perfecta. Porque cada vez que un estadounidense gana los Juegos Olímpicos, se convierte en el novio o novia de América. Así que yo pensaba: ¿cómo puede pasarle esto a una novia de América? Estaba muy deprimida. Dormí mucho porque, para mí, era lo más parecido a la muerte sin dañarme. Fue un escape de todos mis pensamientos, del mundo, de lo que estaba sucediendo”.

Jonathan Llata

Un año después, Simone Biles ha decidido escaparse también de la imagen de novia de América, de deportista perfecta, sonriente, una máquina implacable sin defectos, pasado ni sentimientos. No sabe si este jueves podrá participar en la competición individual porque ha elegido escucharse, priorizar su salud, pero al mismo tiempo lo ha gritado a los cuatro vientos en el gigantesco altavoz que tienen unos Juegos Olímpicos. Ahora es imposible no escucharla. Y hay que ser muy valiente para hacer algo así.

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