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El Madrid se contradice: Florentino quiere jóvenes, pero Zidane no tiene paciencia

Hace aproximadamente un lustro, el Real Madrid, con Florentino Pérez al mando, modificó su política de fichajes y, por ende, su modelo deportivo. Atrás quedaban los traspasos megalómanos y las presentaciones con el Santiago Bernabéu abarrotado. El mercado mutó y se volvió loco de atar con la entrada de clubes-estado como PSG o Manchester City, quienes han sorteado el Fair Play Financiero a su antojo. Mientras, en España, el Barça imitaba el ‘modus operandi’ del Madrid de Los Galácticos al incorporar grandes jugadores sin tener en cuenta cómo los encajaría en el sistema y endeudarse por el camino. En contraposición, desde las oficinas del club blanco se esquivaba la progresiva inflación con un proyecto de futuro.

Así lo explicaba Florentino Pérez en 2017: “Ahora el proyecto deportivo hay que abordarlo de otra manera. Siempre ha sido el de los grandes jugadores mundiales, los españoles y la cantera. Ahora lo hemos perfeccionado, estando atentos a los jóvenes jugadores de todo el mundo. Estamos haciendo un gran proyecto, que nos va a garantizar el futuro”. De este modo, la entidad no buscaba competir contra los jeques, sino anticiparse a ellos. El plan no pasaba por hacer saltar la banca como en etapas anteriores, sino detectar el talento precoz y hacerse con activos con un potencial desmedido a la espera de que se convirtiesen en las estrellas del mañana.

Fermín de la Calle

Mientras, en el césped y con una plantilla única en la historia, el Madrid se colocaba como rey de Europa con cuatro Champions League en cinco temporadas. Las cuentas cuadraban y los triunfos llegaban. El método de Zidane, basado en las rotaciones, aseguraba que la mayoría de jugadores que se iban incorporando gozasen de minutos. En caso de que el fichaje saliese bien, el coste riesgo-beneficio era minúsculo; ya que si la apuesta no daba sus frutos, la revalorización estaba prácticamente asegurada a consecuencia de su temprana edad. La mayoría, futbolistas bisoños con cartel e internacionales con sus respectivas selecciones.

El Madrid ha ido menguando su calidad individual

Con el paso de los años, el núcleo duro del Real Madrid se fue debilitando por unas razones o por otras (Cristiano Ronaldo, Marcelo, Isco...) y la famosa ‘Unidad B’, un conjunto irreal de jugadores listos para ser titulares al más alto nivel, se derrumbó. El declive en términos de calidad individual (James, Pepe, Bale, Morata, Kovacic, Danilo…) era tan evidente como que mantener una lista de jugadores de tal calibre era inasequible para cualquier club del mundo.

Entonces, la estrategia pasaba por aprovechar el momento y reemplazar a esas realidades competitivas en pos de promesas con un potencial enorme por descubrir. En esa carrera por captar talento imberbe y contratar a los ‘cracks’ del futuro, el club blanco se hizo con Brahim Díaz (19 años), Rodrygo Goes (19), Martin Odegaard (16), Andriy Lunin (19), Jesús Vallejo (19), Álvaro Odriozola (22), Dani Ceballos (20), Takefusa Kubo (18), Marco Asensio (18), Federico Valverde (16), Vinícius Júnior (16), Eder Militao (21), Luka Jovic (21) y los canteranos Achraf Hakimi y Sergio Reguilón. Se había sustituido presente inmediato por proyecto a medio-largo plazo.

Vinícius Júnior y Federico Valverde celebran el gol del uruguayo en el Camp Nou, esta temporada. (Reuters)Vinícius Júnior y Federico Valverde celebran el gol del uruguayo en el Camp Nou, esta temporada. (Reuters)Vinícius Júnior y Federico Valverde celebran el gol del uruguayo en el Camp Nou, esta temporada. (Reuters)

En mayo de 2019, Florentino Pérez reafirmaba su apuesta: “El Real Madrid va a ir a por los jóvenes. Hay que trabajar a la cantera, a los que están fuera y ves que van a ser grandes. Brahim, Rodrygo, Odegaard, Achraf; son algunos ejemplos”. Instalados en el cortoplacismo y el presente más exigente, el Madrid no ha comprometido su tesorería y hasta ha ganado una Liga por el camino, pero la distancia entre titulares y suplentes se ha convertido en insalvable hasta despedazar el plan de Zidane. La ‘Unidad B’ ya no existe y muchos de los jóvenes que se han ido incorporando a lo largo de estos años están fuera del Santiago Bernabéu como cedidos (Brahim, Vallejo, Ceballos, Kubo, Jovic) o han sido vendidos (Achraf y Reguilón). Por su parte, los que aún siguen en el equipo, no tienen oportunidades (Militao, Odegaard, Odriozola, Vinícius Júnior) y los únicos que Zidane ha integrado en dinámica competitiva son Valverde y Rodrygo, ahora lesionado.

Albert Ortega

El resultado es un momento de indefinición como club. La política de fichajes del Real Madrid camina por un lado (firmar jóvenes y formarlos antes de que exploten y se vayan de precio) y su técnico, Zinédine Zidane, necesita productos acabados para llevar a cabo su idea. La incongruencia entre modelo deportivo y técnico ha derivado en que quienes deberían asegurar el relevo de una plantilla histórica estén asfixiados por la presión sobre su figura (Vinícius Júnior), no cuenten para el técnico (Martin Odegaard), pese a que el presidente aseguró que sería una estrella del equipo en pocos años, o empalmen cesión tras cesión (Vallejo y Ceballos). Florentino quiere construir estrellas, pero no tiene tiempo ni técnico para formarlas e invertir en ellas.

Este quiero y no puedo está quemando el proyecto. Un jugador joven puede pertencer a un grupo de activos que sumen desde el banquillo, pero lo que necesita son horas de vuelo. Tiempo para equivocarse y cometer fallos, espacio para crecer y entregarles un estatus acorde a su proyección, no relegarlos al banquillo sin apenas margen de error. Es el precio a pagar al optar por esta fórmula. El problema, como siempre, es que el Madrid no espera a nadie.

Eden Hazard ante el Athletic Club. (Reuters)Eden Hazard ante el Athletic Club. (Reuters)Eden Hazard ante el Athletic Club. (Reuters)

Especialmente, cuando el fichaje estrella (Eden Hazard) se da de bruces contra el suelo. No existe la paciencia deportiva en una entidad que resume sus objetivos en ganar todos los trofeos en juego. El Real Madrid debe preguntarse como institución qué tipo de futuro quiere. Y, si sigue con Zidane, entender que debe brindarle materia primera de primera calidad para construir un equipo campeón. No promesas, sino estrellas consolidadas. Y es que el número de pupilos que han mejorado bajo su tutela se reduce a cero.

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