Economía

El norte de España depende de las pensiones para crecer

Una de las consecuencias de la Gran Recesión fue la ‘generación perdida’. Los nacidos a partir de 1985 se han tenido que enfrentar a un mercado laboral muy agresivo, con elevadas tasas de paro, de precariedad laboral y con un claro riesgo de pobreza. Desde el año 2008 las pensiones se han convertido en el salvavidas para muchas familias, hasta el punto de que los jubilados se han convertido en el grupo social que más consume, gracias a sus rentas seguras y crecientes.

Para las regiones más envejecidas, las pensiones se han convertido en un motor de crecimiento fundamental. De ahí que en los últimos años la subida de las pensiones por encima del IPC haya sido un estímulo fundamental para su actividad económica. Se trata, principalmente, de las comunidades del norte de España: Asturias, Cantabria, Castilla y León, País Vasco y Galicia, que tienen más de un 20% de la población por encima de los 65 años. En estas comunidades, por cada 100 ocupados hay ya más de 50 personas mayores de 65 años; y en el caso de Galicia y Asturias supera las 60 personas. Esto significa que en torno a un 40% de las personas con ingresos son pensionistas.

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Además, en estas regiones las pensiones son más altas porque el sistema contributivo paga en función de lo aportado durante la vida laboral; y como estas regiones tenían mayor renta que la media nacional, sus prestaciones también son mayores. Estos hogares contribuyen a elevar la renta media en estas comunidades, lo que provoca que las regiones del norte tengan una renta disponible más elevada de lo que les correspondería de acuerdo a su producción. Así se desprende de los datos de contabilidad regional publicados esta semana por el INE correspondientes al año 2018.

Javier G. Jorrín

En Asturias, el caso más destacado de todos por las pensiones de la minería, la renta disponible de los hogares es un 3% superior a la media nacional (medido en términos per cápita). Sin embargo, el PIB per cápita producido por la región es nada menos que un 12% inferior a la media nacional. Esto hace que la comunidad cuente con unos recursos más elevados de los que genera, gracias básicamente a las transferencias estatales de las pensiones.

La brecha entre renta disponible y PIB per cápita de Asturias es la más elevada de España, pero se repite en todas las comunidades del norte. En el siguiente gráfico se aprecia claramente. Las CCAA que están por encima de la línea de regresión son aquellas que tienen un nivel de renta superior al que les correspondería en función de su producción.

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En Cantabria, la renta disponible de los hogares es un 2% superior a la media nacional, pero su nivel de PIB es un 8% inferior; y en Castilla y León, la renta disponible es similar a la de España, pero su PIB per cápita es un 6% inferior. Extremadura también se cuela entre las regiones con mayor diferencia entre la renta y el PIB, pero en su caso se debe a las transferencias de los subsidios a la agricultura y las prestaciones por desempleo, lo que provoca rentas superiores a su producción.

En el extremo opuesto se sitúan las regiones menos envejecidas, que son aquellas cuya producción per cápita es más elevada por tener al grueso de su población ocupada. En Madrid, la renta disponible per cápita es un 26% superior a la media nacional, pero el PIB generado es un 36% superior. Es importante tener en cuenta que Madrid absorbe población activa de otras regiones, de modo que las vacía de mano de obra, lo que influye de forma decisiva en este reparto de la renta entre regiones.

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El gran riesgo para las provincias envejecidas estará en la tercera gran despoblación, que ocurrirá cuando la generación de pensionistas empiece a morir. En ese momento perderán una gran inyección de renta, lo que supondrá un gran desafío económico. Hasta entonces, las pensiones garantizarán los ingresos de la generación que se jubile.

El saldo de la Seguridad Social

La dependencia de las pensiones se observa en el desequilibrio de la Seguridad Social por territorios. Las comunidades del norte de España presentan un desequilibrio muy relevante, medido en términos de ingresos por cotizaciones menos el gasto en pensiones contributivas (se excluyen aquí otras prestaciones y gastos de funcionamiento de la Seguridad Social). Una vez más, el caso de Asturias es abrumador, con un gasto en pensiones que es más del doble de los ingresos por cotizaciones que se generan en la región.

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En el resto de CCAA el déficit no es tan profundo, pero sí es significativo: en Cantabria y Castilla y León casi alcanza el 60% sobre los ingresos; en Galicia, el 50%; y en el País Vasco, el 30%.

Javier G. Jorrín

El problema es que en estas regiones está aumentando el déficit desde 2013, primer año en el que está disponible la encuesta de presupuestos por territorios y que coincide, además, con el inicio del ciclo expansivo de España. Esto significa que, a pesar del crecimiento económico de estos años (2013-2019) y de la creación de empleo, el gasto en pensiones ha sido incluso más acelerado. En el País Vasco el déficit ha crecido un 52% en este periodo, en Navarra casi un 40% y en Cantabria más de un 20%.

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Por el contrario, en el conjunto de España se ha reducido un 10% y en algunas comunidades ha caído casi un 30%. Estos datos explican el nivel de dependencia que tienen las comunidades del norte de las pensiones. Cifra que seguirá aumentando en la próxima década como consecuencia de la jubilación de la generación del ‘baby boom’.

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