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El rugby, ante el gran debate: ¿deben las jugadoras trans jugar en categoría femenina?

El próximo 17 de agosto, World Rugby, la institución que gobierna los designios del rugby mundial, cerrará el plazo de recogida del ‘feedback’ sobre una nueva norma que planea implementar en los próximos meses. Hace 60 días que la cúpula de la FIFA del rugby ha renovado cuatro años más el mandato del ‘staff’ que preside Bill Beaumont, legendario delantero de la Inglaterra de los 70 y 80 que personifica la perpetuación del ‘establishment’ británico en las esferas del rugby mundial. Los custodios de los tradicionales valores de los exclusivos ‘public school’ ingleses de mediados del siglo XIX en el rugby doscientos años después.

La norma en cuestión propone prohibir la participación a todas las mujeres trans en las competiciones que regula, las internacionales. Algo que previsiblemente provocará un efecto cascada en las competiciones nacionales profesionales y también en las competiciones amateurs. Bajo la premisa del “juego seguro y justo”, World Rugby no establece excepciones, prohibiendo la entrada a toda mujer que ha transicionado, sin atender a tamaño, peso, experiencia anterior deportiva o en el rugby. Además, lo hace atendiendo a un criterio de seguridad debido a la potencia y musculatura de mujeres que han transicionado a las que equipara a mujeres cis (no transexuales) que participan en el juego.

Bill Beaumont, presidente de World Rugby. (Reuters)Bill Beaumont, presidente de World Rugby. (Reuters)Bill Beaumont, presidente de World Rugby. (Reuters)

Con esto cuestiona el principio de diversidad del rugby, un deporte que celebra la diferencia de tamaño, peso y altura como una riqueza más de un juego en el que el colectivo está por encima del componente individual. Nadie de World Rugby se preocupó en la pasada final de Mundial porque los 125 kilos del inglés Mako Vunipola aplastasen a los 75 del sudafricano Chelsin Kolbe. Ni en su día vetaron a Jonah Lomu pensando que su descomunal superioridad física ponía en peligro la integridad de sus rivales.

En el rugby, la fuerza se contrarresta con inteligencia. A mayor diferencia de tamaño, más abajo se placa.

Se percibe a las personas trans como «una forma de doping, una adulteración de la competición»

Víctor Granado, secretario de la Asociación ‘Deporte y Diversidad’, explica que “la identidad es la vivencia que yo tengo de mi y que no tiene por qué coincidir con mi genitalidad y con otros datos de mi corporalidad ni con el sexo de asignación». «Así», continúa Granado, «cis género sería aquella persona cuya identidad de género coincide con el sexo de asignación y trans sería la persona cuya identidad de género no coincide con la de su sexo de asignación. Normalmente se plantean dos argumentos básicos: uno, las mujeres trans en competiciones lo que hacen es jugar con ventaja, ocupar puestos de mayor éxito en la competición. Son una forma de doping y adulteración de la competición; y el segundo argumento es que las mujeres trans, además, ponen en riesgo la salud y la integridad física de las personas con las que juegan porque son más fuertes, más poderosas, pueden causar lesiones de mayor gravedad a las mujeres con las que están practicando el deporte. Esto no se sostiene cuando descendemos a la realidad de las personas concretas, individuales. Las mujeres trans no suponen una amenaza ni por talla ni por peso ni por capacidad explosiva para un montón de mujeres, mucho menos una práctica de un deporte de equipo como pudiera ser el rugby en el que la propia naturaleza del deporte hace que haya corporalidades muy diversas en posiciones muy distintas”, apunta Granado.

Y ocurre que World Rugby ve a esas personas como una amenaza para la seguridad del juego. Adivina en ellas unas ventajas competitivas endógenas que son falsas porque no existen ventajas absolutas al ser corporalidades diferentes en cada caso.

Contra la decisión de World Rugby

Ben Owen es expresidente del IGR, el International Gay Rugby, asociación que engloba más de 72 equipos que acogen a una gran cantidad de LGTBI en sus filas y que vela por los derechos del colectivo en el deporte oval trabajando de forma conjunta con World Rugby. Owen fue presidente en ese momento y siguió de cerca, a través de miembros cualificados de la IGR, Verity Smith y Meghan Göttsches, el grupo de trabajo que se reunió en febrero en Londres para hablar, entre otros temas, de la normativa trans. “La regularización de los deportistas trans se abordó por primera vez en 2003 y se hizo siempre de la mano del COI. En 2016, antes de los Juegos de Río, se realizó una revisión en la que se incluyó el asunto de las cirugías y, sobre todo, el tema de los niveles de testosterona, especialmente en mujeres. Se aprobó como una legislación provisional, pero sigue vigente aún”, advierte Owen.

Varios colectivos son contrarios a vetar la participación de las trans en el rugby, pero la decisión se tomará en Inglaterra

Este jugador, que vive en Madrid, revela que “el pasado noviembre se habló en World Rugby de revisar la norma, en febrero nos reunimos en Londres y expusieron algunos estudios a partir de los cuales argumentan la decisión que proponen ahora. El covid impidió que se realizasen más reuniones y World Rugby remitió la propuesta a los diferentes colectivos con los que trabaja. Ahora tenemos hasta el 17 de agosto para reportar nuestro ‘feedback’, que, por supuesto, es contrario a vetar la participación trans en el rugby”, apunta Ben.

El problema es que las decisiones de World Rugby tienen vigencia en sus competiciones, las de ámbito profesional internacional, pero en las nacionales y amateurs dependen de las federaciones nacionales. En España decidiría la Federación Española de Rugby, que asumiría la normativa de World Rugby, como ha hecho en otras ocasiones. Se trata de una propuesta más restrictiva que la normativa del COI y que además colisiona con legislaciones autonómicas vigentes como la de Madrid.

Owen, junto a Florencio Michelena, lidera los contactos con la Federación en España y participaron en un webinar sobre este asunto. Michelena es presidente de Titanes, el primer equipo de rugby gay de carácter inclusivo de España. Florencio pide que “la norma no salga adelante por varios motivos. Primero porque acusar a los trans de lesivos está fuera de lugar en un deporte en el que hay jugadores de diferente tamaño. Somos 15 jugadores contra 15 y no gana el que tiene al jugador más fuerte. Si hablamos de la seguridad, en un campo de rugby hay gente de 120 kilos y de 60. ¿Ese riesgo no les preocupa? En Nueva Zelanda en edades más tempranas se discrimina por tamaño, si aquí de verdad les preocupase ya lo habrían hecho así. Segundo, por un tema científico porque está demostrado que transicionar de un sexo a otro te hace perder hasta un 30% del rendimiento debido a la pérdida de masa y fuerza. No hay estudios que justifiquen la teórica ventaja de las mujeres trans de la que habla World Rugby. Y por último por un tema ideológico. Una mujer trans es una mujer. Esto es un problema de transfobia, no hay que darle más vueltas”. Para hacer fuerza, han abierto en change.org una recogida de firmas.

Advertía en 1902 Pierre de Coubertin que “el deporte femenino es contrario a las leyes de la naturaleza”. Una afirmación misógina de este entusiasta del rugby, deporte en el que fue árbitro y que promocionó como disciplina olímpica en los Juegos Olímpicos de París en 1900. Hoy, el transfóbico Beaumont planea impedir el acceso al rugby profesional a las mujeres trans mientras proclama orgulloso a los cuatro vientos el “rugby para todos”.

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