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El rugby español: una selección a la deriva y una Federación fosilizada

El pasado 27 de marzo, España encadenó su tercera derrota consecutiva en el Campeonato de Europa, valedero para la clasificación para el Mundial 2023 de Francia. Encajó 43 puntos y seis ensayos ante Portugal, una selección que no estaba llamada a complicar la existencia a unos Leones que comparecían con todas sus estrellas procedentes del rugby francés. Jugadores como Guillaume Rouet, Charlie Malie o Manu Ordás. Profesionales, con raíces españoles, repescados del rugby galo para mejorar la competitividad de una selección española que se quedó a las puertas de la Copa del Mundo de Japón tras aquella dolorosa derrota en Bruselas que se ha convertido en un indigesto trauma aún no superado por el rugby español.

24 horas antes de esa derrota ocurrió un hecho intrascendente, en apariencia, pero muy significativo. El sábado, en la rueda de prensa previa al partido que los Leones jugarían en Lisboa, los portugueses colocaron la rueda de prensa a una hora incómoda, por su cercanía con el entrenamiento previo de los Leones. El enredo provocó que en lugar de acudir el seleccionador y el capitán, comparecieran el vicepresidente de la Federación y el delegado. Un hecho inaudito. El seleccionador, y al tiempo director técnico, Santiago Santos, decidió ausentarse junto al capitán y allí se presentó el vicepresidente primero de la Federación Española, el árbitro Iñaki Vergara, que en lugar de instar al seleccionador a ir o cambiar la hora de la comparecencia, se personó en la rueda de prensa cobrando un inoportuno protagonismo que completaba el cuadro caótico de una Federación que atraviesa un momento convulso.

España vive arrumbada en un rincón en los centros de poder del rugby mundial. Recientemente, Rugby Europe la sacaba de su junta directiva, dejándola sin voto en el órgano de decisión tras forzar un desempate con Portugal que dejaba fuera al representante del rugby español. Guillermo Polavieja, el hombre designado en la Federación para homologar los campos de rugby, perdía su posición de privilegio en favor del representante luso. Mientras, World Rugby permitía a Irlanda salirse con la suya, evitando un duelo en marzo con las Leonas en el camino de clasificación para el Mundial femenino de Nueva Zelanda. Desafortunadamente, España no tiene voz en los despachos donde se decide el futuro del rugby.

Alfonso Feijoo es el actual presidente de la Federación. Un donostiarra 23 veces internacional que ocupaba el rol de entrenador de la selección cuando España jugó su único Mundial. Allá por 1999. Por entonces, aún existía el 5 Naciones y ya despachaban en Ferraz algunos de los hombres que hoy en día siguen dirigiendo el rugby español 22 años después. Feijoo acometió en su pasado mandato la titánica labor de enjugar la deuda que dejó su predecesor, Javier González ‘Cancho’. Más de un millón y medio de euros que ha liquidado con una política de austeridad encomiable, mientras el rugby nacional duplicaba el número de jugadores y licencias por el crecimiento de la base de sus clubes y escuelas.

“Un paso adelante”

En 2020, Feijoo era reelegido por la Asamblea con el compromiso de modernizar el rugby español y la Federación porque “ha llegado el momento de dar un paso adelante y salir a enseñar el rugby a un nuevo público, de seducir a muchas empresas que han mostrado interés por nuestro deporte”. Eso llevó a Feijoo a incorporar al organigrama de la Federación algo de aire fresco con la llegada de nombres como Eliseo Patrón-Costas (nuevo secretario), Sergio Gericó (actual tesorero), Enrique Marín (asesor de comunicación)… Feijoo inició su último mandato con la promesa de renovar Ferraz. Sin embargo, algo chirriaba porque el donostiarra mantuvo en su equipo al que fuera tesorero durante años y hoy actual CEO federativo, Rafael Sempere, y a José Manuel Moreno, conocido en el rugby patrio como ‘More’.

Selección Española XV de rugby. (FER)Selección Española XV de rugby. (FER)Selección Española XV de rugby. (FER)

El primero, en palabras de un exsecretario de Estado del Deporte, “disfruta del contrato más blindado del deporte español. No del rugby, del deporte…”. Un contrato con una indemnización abracadabrante para una federación del tamaño de la de rugby, firmado en su día por un presidente ya fallecido. El caso de ‘More’ es aún más peculiar. Moreno es un cargo de confianza de Feijoo, que ha pasado de estar jubilado en su casa a regresar a Ferraz con honores y todos los galones posibles para convertirse en la persona por cuyo escritorio pasa todo, y quien dirigirá los actos del centenario del rugby español.

Feijoo, que no es un presidente profesional al no estar remunerado, reside en San Sebastián, como antes Alfonso Mandado lo hacía en Vigo. Es lo que en los mentideros del rugby se denomina “un presidente de fin de semana”. Porque el día a día federativo sigue siendo cosa de Sempere y More, con la aparición etérea e intermitente del aristocrático José María Epalza, sempiternos inquilinos de Ferraz que han advertido en la llegada de las nuevas incorporaciones una amenaza a su ‘status quo’. Esto ha provocado una tensión que ha dividido a la Federación en dos bloques, inmovilista y renovador, con Feijoo con un pie en cada orilla. El presidente es un tipo afable que rehúye la confrontación y que, en palabras del presidente de un club señero, “siempre te dice lo que quieres oír, sorteando incluso la verdad en el caso de que fuese necesario”.

La incomodidad de Feijoo

La incómoda posición de Feijoo, sustentando personalmente a More y respaldando a Sempere pese a apostar por la renovación de la Federación, le ha generado un estrés que le ha hecho plantearse una posible salida de la FER aconsejado por su entorno más cercano. Medida que su hijo Pablo, seleccionador masculino de 7 que ha llevado a la Selección a sus cotas más altas, le ha recomendado en varias ocasiones: “Para mí, es una putada que mi padre sea presidente. Le genera más problemas que alegrías. Le he dicho muchas veces que lo deje, porque trabaja mucho por el rugby y solo recibe palos”. Ante el escenario de una posible salida de Feijoo, ya hay quien ha movido ficha. Uno de los rumores hablaba de la posibilidad de apostar por una mujer, y en ese caso todo apuntaba a Mariola Rus, exinternacional y la cara del rugby femenino español a día de hoy. Pero Rus, que reside en Sevilla, nunca se ha planteado esa posibilidad ni ha hecho ningún movimiento en ese sentido.

Quien ha ganado un protagonismo inesperado en las últimas fechas es Iñaki Vergara, el vicepresidente que compareció en la rueda de prensa previa al partido de Lisboa. El hombre que dirige a los árbitros, el estamento con más peso en la Asamblea, mandó enviar el pasado viernes 19 de marzo a las 17:46 un email a la Asociación Nacional de Clubes de Rugby de División de Honor con un contrato leonino con cláusulas referidas a los derechos de televisión y patrocinio. Feijoo había pactado con el presidente de los clubes, Chema Valentín-Gamazo, la cesión de los derechos a la Asociación después de meses de entente cordial con contactos y conversaciones con el mismísimo Vergara presente en alguna de esas reuniones.

Lance del reciente Portugal-España. (EFE)Lance del reciente Portugal-España. (EFE)Lance del reciente Portugal-España. (EFE)

Para muchos, Vergara ha desenterrado el hacha de guerra con ese email, hasta el punto de que su inesperado protagonismo ha provocado varias llamadas a Feijoo pidiéndole que rebajase el ímpetu de su vicepresidente. Si Feijoo decidiese dejarlo, puede convocar elecciones o designar un sustituto hasta 2024. Y muchos ven en este protagonismo repentino de Vergara un evidente intento de posicionarse. Algo que le convierte en candidato a convertirse en la próxima marioneta dirigida por los hilos que ‘More’, Sempere y compañía mueven a su antojo desde hace años. Ocurrió, ocurre y seguirá ocurriendo mientras ellos sigan siendo los inquilinos de la Federación.

Feijoo se ha convertido en el pegamento entre las dos facciones federativas, lo cual provoca un clima de tensión en Ferraz que genera un evidente desgaste al presidente. Recientemente el propio Feijoo insistió a Santiago Santos, seleccionador de XV, pero también director técnico de la Federación, para que se dejase ver por el Madrid Rugby 7’s International Tournament que la FER celebró en el Central por encargo de World Rugby, con la ayuda de la Comunidad de Madrid, el Ayuntamiento y la ayuda de la empresa Kiwi House. No tuvo suerte con su demanda. A Santos no le vimos el pelo por la Complutense apoyando a los chicos y las chicas del 7 durante los dos fines de semana que duró la competición.

Mientras en la Federación se respira este ambiente guerracivilista, la Selección masculina XV, la joya de la corona para los dirigentes, por más que los resultados no lo ratifiquen, ha encadenado tres derrotas que complican notablemente su clasificación para el Mundial 2023. Y lo ha hecho evidenciando un problema de gestión más emocional que deportivo. España comenzó cayendo de forma más que honrosa ante la todopoderosa Georgia (19-25) con un equipo formado en su mayoría por los jugadores pseudo-profesionales o semi-amateurs que militan en la División de Honor española. Ante el inabordable poderío georgiano, Santos decidió guardarse sus ‘mejores bazas’ para los partidos ante Rumanía y Portugal, a priori más accesibles, convocando a los profesionales procedentes de las diferentes competiciones francesas: Top 14, ProD2 y Federale 1.

Desquiciamiento sobre la hierba

En Bucarest, los de Santos dominaban a los rumanos (6-13) cuando las indisciplinas propias sacaron al equipo del partido. Quercy decidió tomarse la justicia por su mano y vio la roja, dejando al equipo en inferioridad, mientras jugadores la experiencia de Mora, Charlie Malie o Guillaume Rouet sufrían expulsiones temporales que condenaban al equipo a perder (22-16) un partido que tenían controlado, por culpa de la sobrexcitación y las malas decisiones. Rumanía, en la versión más vulgar que se recuerda, pese a estar entrenada por un técnico de postín como Andy Robinson (extécnico de Inglaterra y Escocia), sacaba adelante el duelo por la inmadurez de un XV del León que algunos especialistas habían calificado horas antes como “el mejor de nuestra historia” por la presencia de los profesionales llegados desde Francia.

Pero si lo de Bucarest fue un contratiempo, lo de Lisboa fue un esperpento. La constatación de la deriva de un equipo que desperdició un 0-14 para terminar encajando un humillante 43-28. Seis ensayos en contra y, lo que es peor, la una recurrente sensación de pérdida de papeles que ya sentimos en Bucarest e incluso en aquel infausto partido de Bruselas. En la segunda parte, España volvía a irse del partido por jugadas absurdas que retrataban la fragilidad mental del equipo. Otra roja, esta vez a Fabien Perrin por tocar a un rival en el aire, y expulsiones temporales para Futeu y el experimentado Malie, como en Rumanía. Santos volvía a verse superado por los acontecimientos, pero esta vez también por el planteamiento de una Portugal en la que Lagisquet, leyenda del rugby francés en su época más achampanada, desplegó con verticalidad a sus tres cuartos retratando a una España mediocre en defensa. Cada despliegue de la línea de tres cuartos portuguesa era un dolor de muelas para la cortina defensiva.

Lance del reciente Portugal-España. (EFE)Lance del reciente Portugal-España. (EFE)Lance del reciente Portugal-España. (EFE)

España ha perdido la inercia ganadora de los últimos años. La defensa, pilar de éxitos pasados, es hoy un problema. Santos ha apostado por veteranos, en algunos casos fuera de forma y de sitio, en lugar de hacerlo por jóvenes de probada calidad más en forma que, además, jugaban en su posición. Y el resultado ha sido catastrófico. 65 puntos encajados en dos partidos, dos tarjetas rojas y cinco amarillas evidencian el desquiciamiento de un equipo fabricado con el único objetivo de “llevarnos al Mundial”. Una coartada que explica, desde hace años, el ‘modus operandi’ de una Federación donde muchas cosas se explican desde ese mantra. Llevarnos al Mundial… Al de XV masculino, concretamente.

Alfonso Feijoo se encuentra en una encrucijada, tome la decisión que tome. Se vaya o se quede, le toca pisar en una de las dos orillas. La inmovilista de More, Sempere y Epalza, a quienes jura lealtad y un agradecimiento que viene de épocas de un rugby sin televisión, sin mujeres y sin TMO, que está lastrando a un rugby español que lleva tres décadas parado en el tiempo. O pisar en la orilla renovadora y arriesgarse a acometer lo que él mismo prometió a los cuatro vientos como candidato en la campaña apostando por personas de su confianza elegidas por él mismo. Su decisión marcará el devenir del rugby nacional. Si finalmente decide irse, con el reconocimiento por su buen hacer económico, la siguiente incógnita que se abre es si designará al ambicioso Vergara como su delfín o directamente este se sentará en el sillón presidencial hasta 2024, cual un Lannister del rugby.

La continuidad de Santi Santos

En lo deportivo, los aficionados cuestionan la continuidad de un Santi Santos que ha dado mucho al XV del León, pero al que se le agota el crédito, especialmente entre los propios jugadores, con las derrotas cosechadas y la forma en qué se han producido, generando una fractura entre los integrantes del grupo. Hay quién apuesta, cuando consumamos las pocas opciones de clasificación que quedan, por la llegada de un Lagisquet o un Andy Robinson para capitalizar un nuevo proyecto a medio y largo plazo en el que se rentabilice el capital humano que hay en las escuelas de nuestro rugby.

Escuelas que siguen sin contar con unos medios ni una estructura de garantías en la formación, eslabón federativo diseñado para recaudar dinero más que para acercar a la excelencia a técnicos y jugadores. Sea como fuere, aún hay opciones de estar en Francia y desde la FER se apurarán con la promesa de reformar todo para que no cambie nada. Porque aunque la decisión esté en manos de Alfonso Feijoo, al final, como lleva ocurriendo desde hace 30 años, en el rugby español se hará “lo que diga More”. El presidente ‘in pectore’ de la honorable Federación Española de Rugby. Y así nos luce el pelo…

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