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El rugby recupera la normalidad en Nueva Zelanda

Cerca de 20.000 personas, sin distancia de seguridad entre ellas, presenciando un partido. Abrazándose y vibrando juntas sin miedo al contagio. El rugby despertó de la pesadilla del coronavirus este sábado en Nueva Zelanda. Allí arrancó el Super Rugby Aotearoa, la primera gran competición profesional de cualquier deporte que admite público presencial desde que hace meses estallara la pandemia.

Los datos epidémicos del país, en nivel 1 de alerta sanitaria (el más bajo) tras más de dos semanas sin casos nuevos, han permitido al rugby disponer de la foto que todos los demás deportes ansían ahora mismo, la de la normalidad. Se dio en el Forsyth Barr Stadium de Dunedin, donde los Highlanders vencieron 28-27 a los Chiefs en un emocionante final decidido por un drop de Bryn Gatland.

Este domingo se enfrentarán (12:30, Movistar Deportes) los Hurricanes y los Blues, convertidos en el gran reclamo tras repatriar desde Japón al legendario apertura Dan Carter. Carter, de 38 años, asegura necesitar “unas semanas” para estar a punto y no debutará. 

Más de 40.000 personas irán al Blues-Hurricanes

Aún así se esperan más de 40.000 personas en el Eden Park de Auckland. El debut de la estrella Beauden Barrett con su nueva camiseta y ante su exequipo alimenta el hambre de rugby de los aficionados neozelandeses junto con varias medidas destinadas a favorecer la afluencia de público por parte de las franquicias, que necesitan recuperar ingresos cuanto antes, entre otras cosas para pagar las nóminas de sus empleados.

En ese sentido, los Blues han hecho descuentos en el precio de las entradas, gratuitas para los niños, y fletado autobuses para llevar hasta el estadio al público, que podrá invadir el campo al término del encuentro para fotografiarse con sus ídolos o intentar rascar algún autógrafo. “Queremos celebrar el partido”, asegura en declaraciones al New Zealand Herald Andrew Jore, director ejecutivo de los Chiefs. Casi podría decirse que lo que se celebra estos días en Nueva Zelanda no es sólo un partido, también la vida misma.

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