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El silencio de Messi comienza a pasarle factura mientras LaLiga apoya a Bartomeu

Si hace una semana alguien hubiera vaticinado que el escenario ahora mismo sería el de un Leo Messi atrincherado en su casa de Castelldefels después de enviar un burofax al FC Barcelona comunicando que se quiere marchar, negándose además a acudir a la Ciudad Deportiva para pasar las pruebas médicas o entrenarse, nadie se lo hubiera creído. Nadie. No han pasado ni siete días y aún hoy cuesta hacerse a la idea, mientras que el panorama se enturbia por momentos y no se atisba una solución rápida ni satisfactoria para las dos partes. Porque los dos, Barça y Messi, van a la suya defendiendo cada uno sus intereses, y lo más penoso de la situación es que Leo Messi, el héroe, la leyenda, el mito, el que llegó con 13 años al club para convertirse en el mejor jugador del mundo y juró amor eterno al club azulgrana, no quiere volver a jugar en el Barça y eso ya no tiene arreglo.

En el último capítulo del culebrón en el que se está convirtiendo el amargo divorcio entre el astro y la entidad, LaLiga metió baza este domingo para apoyar al Barcelona. El primer comunicado no lo ha hecho el Barça, ni Messi, sino la patronal, que obviamente tiene interés en que el jugador se quede para no devaluar su producto. Después de la noticia de la SER (que afirmaba que la cláusula ya no se aplicaba en el último año de contrato y, por lo tanto, el futbolista se podía marchar gratis), Javier Tebas ha salido al rescate del Barça. Es un aviso al Manchester City y a cualquier club interesado, porque aunque la FIFA le conceda a Leo el ‘transfer’ internacional y pudiera jugar fuera de España, el comunicado de LaLiga es una advertencia: cuidado, porque si esto llega a un juzgado el fallo será a favor del Barcelona. Y son nada menos 700 millones los que habría que abonar; y los denunciados no solo Messi, sino también el club que le ampare.

Un silencio que escuece

Y mientras LaLiga se posiciona, los dos contendientes guardan un silencio táctico que está poniendo de los nervios al barcelonismo. Bartomeu continúa pensando que es capaz de echarle un pulso a la estrella y, por el momento, lo está consiguiendo. Su popularidad ya no estaba precisamente por las nubes después de una temporada en blanco, de despedir a dos entrenadores y a un secretario técnico y de la hecatombe y el ridículo del 2-8 ante el Bayern de Múnich, que ha sido la guinda de un mandato en el que el proyecto deportivo se ha ido desintegrando. Él defiende que existe un contrato y una cláusula y presiona al jugador… Y el que cada día que pasa sale peor parado es Messi.

Su excelencia profesional no se discute, y que sin él el Barcelona no habría ganado tanto y durante tanto tiempo, tampoco. Mucho menos se cuestiona la felicidad que ha aportado a los culés. De las formas, en cambio, de la manera en que se está yendo del club de su vida, ya sí. Al argentino le quedaba un año de contrato y en marzo están convocadas unas elecciones; habrá nuevo presidente y nueva junta directiva. Dejando a un lado el hecho, innegable, de que se empeñó en incluir una cláusula la última vez que renovó en 2017 para poder hacer lo que le diera la gana, nadie imaginó que un bufete de abogados, un burofax y el silencio por respuesta ante la angustia de una afición que le idolatra fuera a ser su táctica el día de su adiós.

Cada día que pasa sin que Messi ofrezca una explicación juega en su contra. Y aquí la batalla del relato también es importante. En las redes sociales, un termómetro al fin y al cabo, ya han comenzado a aparecer críticas hacia el delantero después de que se haya negado a acudir a las pruebas PCR como paso previo al primer entrenamiento que hoy lunes dirigirá Ronald Koeman. El mutismo de Messi escuece en la herida abierta.

Ronald Koeman llega a la ciudad deportiva del Barcelona este domingo para realizarse las pruebas PCR. (EFE)Ronald Koeman llega a la ciudad deportiva del Barcelona este domingo para realizarse las pruebas PCR. (EFE)Ronald Koeman llega a la ciudad deportiva del Barcelona este domingo para realizarse las pruebas PCR. (EFE)

Resulta curioso que teniendo contratada desde hace años una agencia de comunicación que no dudaba en llamar la atención a los periodistas cuando publicaban algo que no les agradaba, asistan ahora aparentemente impotentes al deterioro de la imagen de su megaestrella sin ser capaces de convencerle de que dé señales de vida. De una u otra manera: algo. Messi solo ha atendido por ahora al bufete de abogados Cuatrecasas que le asesora (y al que el Barça ha despedido ya). Su silencio es una losa.

El de Bartomeu no, porque con su perfil bajo y el chaparrón que ya le estaba cayendo encima, tampoco se esperaba otra cosa. Y se infravalora su capacidad de resiliencia, de la que tantas veces ha hecho gala. Es un superviviente nato, y en medio del acabose las miradas comienzan a girarse hacia el jugador mientras se espera que hable de una vez y explique sus motivos, el por qué, el cómo y el cuándo. El presidente está defendiendo los sagrados intereses del FC Barcelona: ese es el mensaje que quiere que cale. Y no es incompatible pensar que Bartomeu es un mal presidente y que Messi no está actuando de una manera correcta para decir adiós al club al que tantas veces declaró su amor incondicional… Aunque incluyera una cláusula de escape en su contrato.

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