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El Tour debuta en Saint-Émilion y van Aert construye una pirámide

Nunca antes el Tour de Francia había rendido visita a Saint-Émilion. No hagan caso de lo que ustedes van a leer por ahí… la información buena es la nuestra. A ver, no vamos a engañarles… en 1978 hubo crono por estas tierras, pero de Saint-Émilion solo salía, que llegaba a Saite Foy la Grande, y allí ganó Bernard Hinault su primera etapa en el Tour (logró veintiocho, menos que Cavendish, porque el mundo es así), y luego la segunda llegó en Saint-Éttiene, porque Bernard era matón con rasgos psicopáticos, pero siempre respetó mucho el santoral, como cualquier muchacho de pueblo, que esto es importante para saber cuándo hacer siembra, cuando sorrapeas el terreno o cuando le hundes un cuchillo al chon en el gaznate. Más o menos.

(Nota al pie, pero no al pie: si ustedes buscan en Google les sale que hubo otra crono que sí acabó en Saint-Émilion. Año 1996, por concretar. Pero es que yo recuerdo per-fec-ta-men-te que aquel julio se suspendió el Tour de Francia, porque hubo una gravísima epidemia de coreomanía por la zona de los Alpes (no se veía nada igual desde lo de Estrasburgo en 1528), y entonces eso… que no hubo Tour, y todo aquel recorrido tan feo con Les Arcs, y Pamplona, y Saint-Émilion, nunca pudo llevarse a cabo, y jamás ocurrió nada en ese 1996, y somos todos la hostia de felices. Fin de la cita).

Así que… Saint-Émilion, temporada 2021. Tierra de viñedos y vinos tintos bien potentes. Que si fue cosa de los monjes, el rollo este del enoturismo. Que venía de antes, de los romanos, pero ellos hicieron por potenciarlo. No sé, supongo que abadías y monasterios son sitios donde te aburres un montón (salvo si es “La abadía del crimen”, claro) y entonces una copita en comidas y cenas hace por alegrar tu existencia. Me imagino, vaya, que yo nunca tomé hábitos, porque cogullas y cíngulos se me adaptaban fatal a las formas y quedan rarísimas con las patucas depiladas de cicloturista dominguero…

Pogacar, celebrando el triunfo. (Reuters)Pogacar, celebrando el triunfo. (Reuters) Pogacar, celebrando el triunfo. (Reuters)

La suspensión de 1996

Y eso, la crono. ¿Recuerdan aquella de Hinault? Pues andaba sobre los sesenta kilómetros. En 1996, caso de no haberse suspendido el Tour, incluso más larga (pero no se hizo, recuerden). La de hoy tenía exactamente la mitad de longitud. Es más, sumando ambas contrarrelojes de 2021 no sale el kilometraje de las otras. No sé, igual esos pocos movimientos que hemos visto en montaña hubiesen sido más numerosos si los escaladores necesitasen quitar de en medio a algún culo gordo.

Centrémonos. Cosas por decidir. Si el fabuloso Wout van Aert gana también la crono (algo así como Bruce Banner y Hulk en la misma edición de la Grande Boucle). Si Quintana sale a joderle el asunto y se impone en Saint-Émilion, por aquello de devolverle la lucha en las montañas a Wout. Si Pogačar vuelve a poder con todos. Si a Vingegaard se lo lleva el viento. Si Carapaz se asusta al verse comiendo aire con el morruco y decide esperar a que lo doblen, para chupar rueda. Si a Enric Mas no lo enfocan en ningún momento de la tarde, confirmando sensaciones previas. Todo eso. No es poca cosa, pintaba chulo el asunto.

A ver, hemos explicado un montón de veces antes que las cronos molan. Molan mucho. Molan desde dos perfiles, además. Si usted es utilitarista entenderá que el tiempo perdido por los escaladores en etapas como estas les obliga a apretar cuesta arriba, por aquello de igualar saldos. O al menos les obligaba, que igual hoy iban todos al ritmo del último esbirro... perdón, gregario, y las cosas iban a ser idénticas. Pero no sería lógico (aunque aquí pocas cosas lógicas hay) y así la contrarreloj se alza como elemento necesario para ver carrera más movidita. Al margen de dar opciones a un listado más amplio de tipos, que también tienen derecho, que esto de la bici no es asunto solamente de pequeñajos que ascienden como locos (y menos mal, porque a mí me expulsan).

Pero es que además son un gran espectáculo por sí mismas. Desde el punto de vista estético pocas cosas hay más potentes que un ciclista bien acoplado y moviendo con cierta soltura desarrollos que a los demás nos parecen imposibles. El paisaje que pasa casi borroso, las piernas brillante, incluso la bicicleta distinta a la del resto de jornadas… una delicia.

Eso sí, para escribir sobre ello… pues poco. Sobre todo si no eres de los que ponen tiempos y datos así, a lo bruto, que algunos parecen profesores de matemáticas en la EGB (sí, la EGB, si sabes quién es Fabio Parra manejas la EGB). Detalles (los viñedos, las bodegas, los cientos de caravanas que hay en las cunetas del Tour, que uno a veces piensa si no estarán allí todas las caravanas del Eurasia) y resultados. Incógnitas, pero menos, porque todo parece decidido.

Van Aert, refrescándose. (EFE)Van Aert, refrescándose. (EFE) Van Aert, refrescándose. (EFE)

Pero eso, que están por ahí los sospechosos habituales en estas lides. Küng. Kasper Asgreen. Stefan Bissgger. Y, sobre todo, él. Wout van Aert.

(Ah, también estaba Pello Bilbao con la emisora colgante, totalmente fuera de sí, rota la concentración y haciendo un poco el ridi… digamos que todo eso no pasaba cuando el director gritaba con medio cuerpo fuera del coche, que además resulta mucho pintoresco).

Van Aert, inmenso en el Tour

Lo de Wout van Aert este Tour de Francia ha sido… intenso. Brilló por sí mismo, ayudó a sus líderes. ¿Mont Ventoux? Me lo papo. ¿Vingegaard pide que levante un monumento megalítico? Espera que me echo unos cromlechs al lomo. Van Aert alineó Carnac, hizo la pirámide de Zóser, revisó las pruebas de imprenta del Ulysses y firmó el guión de Apocalypse Now. Ah, también deja los hoteles limpísimos y corta el césped todos los domingos. Ese tono. Mejor tiempo en meta, claro, porque el tipo vale para cualquier cosa. A ver si mañana puede cepillarse también los Elíseos, que sobre el pavés se va a sentir como en casa…

Entonces… pues sentenciado, ¿no? Bueno, salvo por Pogačar, que vaya usted a saber. Si hasta ganó la primera crono, si es el mejor en cada cosa que hace. Amarillo, montaña, jóvenes, Máster Chef Celebrity, Gran Hermano Vip. Invencible. En este tipo de pruebas arriesgar (cortar en esa curva, entrar sin miedo cuando ves pasos de cebra en el cruce) te proporciona segundos, así que igual el líder tiene cierta desventaja sobre van Aert. Pero en este punto del Tour a ver quién es el guapo que apuesta contra el esloveno.

(Contra cualquier esloveno, añadimos, porque lo de ayer de Mohorič… joder lo de ayer de Mohorič).

Alejandro Valverde, durante la etapa. (EFE)Alejandro Valverde, durante la etapa. (EFE) Alejandro Valverde, durante la etapa. (EFE)

Pronto se ve que sí, pero no. ¿Relajado? Hombre, tampoco es eso, pero sí que parece no exprimirse. Si hasta Vingegaard va marcando mejores tiempos que él. Van Aert aguanta, con paciencia, en ese estúpido invento que llaman “la silla caliente”, y que solo sirve para que no se echen los juramentos y blasfemias necesarias cuando te ventilan la victoria in extremis. Pero nada, amarrado, el belga hace cucamonas, saluda a sus colegas, aprovecha para poner derechos los cuadros que hay allí, que no veas cómo me tenéis esto, hecho todo un desastre, joder, es que si no lo hago yo…

Y bueno… que final. Wout gana, Vingegaard sorprende con un tercer puesto, los directores de Jumbo-Visma se plantean sacar otro equipo para tantos líderes como van a tener en 2022. En el top ten no se mueve ni una posición (el que más cerca se queda es Lutsenko, pero Mas salva el trascendental sexto en París). Y eso…

Ah, Pogačar sigue de amarillo, con más de cinco minutos, que igual parece lo contrario.

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