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El Trinche, de vivir sin dejarse robar la pelota a matarle para robar su bicicleta

Al igual que en muchas naciones se rinde tributo a la memoria del soldado desconocido con monumentos erigidos para honrar a los militares que murieron en tiempo de guerra sin haber podido ser identificados, en Argentina, país que ha visto nacer a dos de los más grandes del fútbol mundial como Diego Armando Maradona y Leo Messi, lloran y homenajean estos días al que podríamos llamar el crack desconocido: Tomás Felipe ‘Trinche’ Carlovich (Rosario, 1946-2020), quien, para entender su ideario futbolístico, llegó a declarar que el fútbol femenino le recordaba “a la esencia del fútbol”.

Sí, mientras en España el protagonismo lo acaparaban los test a los futbolistas profesionales y dábamos pábulo a la opinión de un ex seleccionador nacional que tanto y durante demasiado tiempo hizo daño a nuestro fútbol —”si alguno se contagia, pues para casa, mala suerte”, soltó el cavernario Javier Clemente, desde el país suramericano nos llegaba la noticia de la muerte de “una leyenda del fútbol mundial”, de la que, sin embargo, la inmensa mayoría de los aficionados nunca oyó hablar, aunque haciéndolo ahora tendrán la sensación de que algo grande se perdieron.

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“Que me quieran como me quieren ahora”. Esta fue la respuesta del Trinche cuando el pasado 27 de abril, es decir, no hace ni dos semanas, en una entrevista que le hicieron una emisora de radio de la provincia de Santa Fe le preguntaron de manera premonitoria sobre cómo le gustaría que le recordaran cuando ya no estuviera en este mundo. “A pesar de que ya estoy mayor, voy en bicicleta por todo Rosario. Voy a cualquier lado. Me saludan, me tocan bocina de los colectivos… Con eso me hacen feliz. He perdido muchas cosas en mi vida y esto me hace pensar que todavía sigo vivo”.

“Mi abuelo no murió: lo mataron”. Así reivindicó su nieta Sol el homicidio de este hijo de un fontanero de origen croata y el pequeño de siete hermanos que nunca quiso abandonar el barrio obrero de Rosario en el que nació, vivió y murió. “Por una bicicleta te sacaron la vida, destruyeron los corazones de una familia y a miles de personas que te amaban y admiraban. Que se haga justicia y encuentren a los monstruos que te hicieron esto. Te mereces descansar en paz. Te amo, Trinche”, añadió Sol en un día nublado para el fútbol y para la pelota, esa con la que a Carlovich le gustaba tanto jugar y con la que tanto hizo disfrutar.

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El Trinche Carlovich, una auténtica leyenda del fútbol argentino aunque apenas jugó unos partidos en el primer nivel, permaneció dos días en coma inducido en el Hospital Clemente Álvarez como consecuencia de la agresión que sufrió cuando fue atacado por unos delincuentes que le robaron su bicicleta. Bruno, uno de sus hijos, explicó que “papá venía en su bicicleta y se le pusieron dos pibes a la par para asaltarlo y uno le pegó un palazo en la cabeza. Está mal por el palazo y por el golpe que se dio cuando cayó”.

Tate Lescano, ex futbolista de River y Arsenal de Sarandí y ahora de nuevo en Central Córdoba, fue uno de los primeros en llegar la fatídica tarde del miércoles, alrededor de las 18:00 horas, a la esquina de las calles Paraná y Eva Perón. Según contó, Lescano encontró al Trinche con los ojos abiertos, pero sin reacción. Junto a él estaban una joven y un hombre mayor que fueron testigos del violento robo que terminó con la vida de la leyenda local. Era la quinta vez que le robaban la bicicleta…

Le gustaba más el fútbol que ser profesional

“Como futbolista tenía lo mismo que tienen los grandes jugadores”, explica César Luis Menotti. “Después viene lo otro, sostenerse y tener carácter. A Carlovich le gustaba más jugar al fútbol que ser profesional”, añade el técnico argentino en la que posiblemente sea la mejor descripción del Trinche, para incredulidad de quienes pensarán que, si de verdad era tan bueno, por qué no llegó más lejos en el fútbol. “¿Qué es llegar?”, respondía él cuando le hacían esta pregunta. “Yo no tuve otra ambición que jugar al fútbol y, sobre todo, no quise alejarme de mi barrio, de la casa de mis viejos, de estar con mis mejores amigos. Soy una persona solitaria, no es por mala voluntad”. Ya es triste que alguien tenga que justificarse por ser como es, pero esta es la sociedad en la que nos ha tocado vivir y, especialmente en los últimos meses, a muchos también morir.

Maradona y El Trinche Carlovich, el día que se conocieron Maradona y El Trinche Carlovich, el día que se conocieron Maradona y El Trinche Carlovich, el día que se conocieron

En 1976, El Flaco le convocó para la selección nacional argentina, pero El Trinche no se presentó porque, según Menotti, prefirió irse a pescar, aunque esto es algo que Carlovich aseguró no recordar en el ‘Informe Robinson’ que estuvo dedicado a su persona. Ya es casualidad que Michael Robinson, quien precisamente daba nombre al mencionado programa, falleciera un día después de aquella última entrevista al Trinche, de quien no hay imágenes, pero sí testimonios de quienes le vieron jugar. Para unos tenía cosas de Redondo y para otros, de Riquelme. Y todos coinciden que nunca vieron una zurda igual, ni siquiera la de Maradona…

Precisamente hace apenas unos meses Maradona conoció a Carlovich y le regaló una camiseta cuando fue a Rosario para enfrentarse a Central con Gimnasia y Esgrima. “Le hablé al oído a Diego y le dije que estoy hecho con esto, que mi vida está completa”, comentó El Trinche. “Después de conocer a Maradona, me puedo ir tranquilo. Tuve un lujo enorme que hacía años quería tener: conocer al mejor jugador del planeta”, añadió el rosarino en otras premonitorias declaraciones. “Este jugaba mejor que yo”, dijo El Pelusa por si alguien sigue sin creerse lo que cuentan de él.

De crack a crack, con la diferencia de que uno es conocido a nivel mundial y otro era y será eternamente una leyenda en su barrio. El Trinche, el mismo que vivió toda su vida sin que nadie pudiera robarle la pelota ni el fútbol como él lo sentía y a quien paradójicamente lo mataron al robarle la bicicleta. De momento, hay un detenido. Un hombre de 33 años, apodado Bocacha. La portada del diario de su Rosario natal, El Ciudadano, no pudo ser más explícita: “En esta puta ciudad”.

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