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Esos deportistas con lorzas (y otros gorditos chistosos): un cuento de Navidad

Seamos serios. Sincerémonos. Así, el uno con el otro. Usted, sí, sí, usted. Míreme, míreme a los ojillos. Vamos, vamos, que no le voy a hacer nada. Bueno, como mucho enfrentarle a la dolorosa realidad. Abrumadora. Espeluznante.

Has engordado, colega.

En fin, nada que no tuvieses en mente, nada cuya variable no estuviera incluida en tu plan para estas fiestas. Pero jode, vaya que si jode. Primero porque los reyes te han comprado una camisa chulísima, y ahora la vas a llevar como si fueras producto de la marca Molteni. Molteni. Eddy Merckx. Embutidos. Ya saben. Me vale también de metáfora decirles que esa prenda les va a apretar como la ropa a los antiguos pros reconvertidos en ‘influensers’. Que ya no tienes la misma talla, campeón, hazme caso… También te fastidia por los kilómetros. El sobrepeso, digo. Vamos, que te tiras enero penando, nos conocemos, que las primeras tardes paras arriba de cada repechuco a ver si la rueda roza con zapata. Y no. Joder, qué bajona. Porque no. Igual hasta tienes la mala suerte de cruzar con tu amiguete, ese recién divorciado que sube entrenamientos haciendo posturitas. Y no ha parado, el tío. O sea, que gancho. Gancho gordo. Como tú…

No se apuren. Bueno, subiendo cuestas sí, ahí pueden apurarse. Van a hacerlo. Pero la barriguilla… fruslerías. Si le pasa a cualquier hijo de vecino. Algunos hasta traen de serie. Quienes escriben sobre bicis, por ejemplo, que van dando lecciones sobre ataques lejanos, chuparruedas indignos y charlotadas de Movistar y luego… pum, los ves rodando y penica de la gorda. Así que, si ellos pueden, tú también. Dos meses mentalizado en eliminar excesos navideños y… habrás perdido dos meses, pera ya no te acordarás de como eras antes. Ojo, que igual hasta puedes encontrar futuro en esto del deporte. Porque atletas gordinflas… bufff, montón. Además, abultan en los cromos, así que los ves más. Perfectos para cualquier empresa que quiera patrocinarlos.

Ciclistas preparados. (EFE/Manuel Bruque)Ciclistas preparados. (EFE/Manuel Bruque) Ciclistas preparados. (EFE/Manuel Bruque)

Las carreras de gordos

Antes había incluso carreras de gordos. Vamos, limitadas para gordos. Careras de bicis, así, como lo oyen. Dos añucos para entrar en el siglo XX, el Bois de Vincennes parisino, porque estas cosas se hacen bien o pasas. Lago de Dausmesil. Prueba ciclista. Pero prueba ciclista para tipos sin pintas ciclistas. Exigencia de la organización… solo pueden participar quienes pesen más de cien kilos. Vamos, vamos, vayan ustedes a comprobarlo, igual pueden probar suerte. Y eso, que cincuenta kilómetros, que no es mucho, pero tampoco critérium de chiste y risa. Bueno, risas hubo. Por el final, vaya. Ganó Vanderdouckt, media por encima de los veintinueve kilómetros a la hora (que no es cosa chica, ¿eh?). Pero… cuidado, hay una irregularidad. El tipo sudó en exceso esta victoria… tanto que tras cruzar la meta ya no alcanzaba esos anhelados cien kilucos. Noventa y ocho. Fuera, descalificado. Menudo bribón, el fideo este. Vencedor al final fue Bonelli, que pasó de 110 a 108. Eso sí, me parece correcto. Ah, cuentan las crónicas que un participante trincó los 170 kilos, aunque no hemos podido confirmar su nombre, y ponemos esa información en barbecho (como debería ponerse él una temporada, oigan).

Pero eso es la prehistoria. Y, no se engañen, algo realmente raro. Pasa que deportistas tirando a fondones hubo, hay y habrá. Algunos por su constitución, otros por sus muy especiales dotes para el zampe, el poco entrenamiento y, en general, cierta aire de disipado epicúreo. Vamos, que farra todo el rato. Con lo que mola. Entrenar, digo, lo otro ni idea. Así que tenemos gordos gloriosos en nuestro mundo atlético. Citius, altius, fuertecitus. O algo así.

En la bici hay bastantes de esos. O, al menos, algunos realmente llamativos. Porque entenderán ustedes la dificultad, ¿no? Vamos, el típico sitio donde no pensaría ver kilos lastrando. Que los tienes que ir subiendo luego, cuesta arriba. Pero, oigan, la realidad es cruel. Miren a Jan Ullrich, que se presentaba todos los meses de febrero con barrigotas bien llenas. Vale, admito que el maillot aquel de Telekom hacía lo suyo, y que ganar el Campeonato de Alemania tampoco era la mejor idea en esas condiciones, pero es que a veces se paseó Ullrich por la Vuelta a Murcia que parecía ir buscando el bar donde pusiesen cocido bueno. Y cocido acababa él en fiestas, vaya. Hay una leyenda que cuenta cómo bebía nutella después de hacerla líquida en el micro. Ni siquiera debe ser posible, pero te habla bien a las claras del sujeto que se cuente algo así. Ahora ha tenido recaída de sus problemas con alcohol y drogas, así que le deseamos recupere. También a la prostituta que quiso estrangular en Fráncfort, año 2019. Por darle contexto al asunto, que muchas veces contamos solo media historia…

Prueba ciclista. (EFE/Manuel Bruque)Prueba ciclista. (EFE/Manuel Bruque) Prueba ciclista. (EFE/Manuel Bruque)

Gordito y cerca de la leyenda

Ah, otros gorditos sobre ruedas. Darío Pieri. Madre mía Darío Pieri. Menudos brazos, Darío Pieri. Igual ni se acuerdan, pero fue segundo en Flandes y Roubaix. Cerquita de la leyenda. También ganó Harelbeke, que es cosa gorda. Pero él más. Busquen, busquen fotos. Le remontan el ánimo a cualquiera. Increíble. Algo parecido con (este es más moderno) Carlos Betancur. Era volver a casita, allá por Colombia, y regresar convertido en pez globo. Rastreen imágenes de la Vuelta 2014, si se atreven. El tío había ganado París-Niza meses antes, así que llegaba con vitola de outsider. Quedó solo por delante de Guardini, por si quieren dato. El 158, penúltimo. Eso sí, parecía divertirse bastante. Ah, y lo fichó Movistar, porque… en fin, supongo que por probar suerte. Peor que Rujano no iba a salirles…

Hay otros que directamente… pasan. Ivan Quaranta. Este más que peso lo que acusaba era falta de kilómetros. Vamos, que madrugar, pues no. Eso sí, molaba bastante, y tenía pintas entre italiano de Erasmus y espécimen recién salido de la Fabrik que eran pura gloria.

(Hace bien poco tuvimos otro caso. Alberto Bettiol. Que si en el hogar de siempre la mamma echaba demasiada salsa a los macarrones. Más o menos. Pilló piso nuevo y, hop, De Ronde van Vlaanderen. A veces tienes la solución delante de tus ojos).

Prueba ciclista. (EFE/Mauricio Dueñas Castañeda)Prueba ciclista. (EFE/Mauricio Dueñas Castañeda) Prueba ciclista. (EFE/Mauricio Dueñas Castañeda)

Ronaldo, el gordito

En fútbol también hay gorditos, colegas. Y no solo Ronaldo, que era una puta bestia antes de partirse la rodilla de mil formas diferentes, y luego volvió ya con morfología distinta. Tampoco pienso en Ronaldinho, que menudos años, Ronaldinho, y menudos años, luego, Ronaldinho. Acabó en la cárcel y apoyando a Bolsonaro, pero no tengo claro el orden. Se me iba el recuerdo, más bien, a Cassano. Antonio Cassano. Oh, sí, un talentino de esos de la Bota, un jugador fantasioso pero pelín inconstante. Pelín, ¿eh? Una miaja. Cómo definirlo… tenía un tipo que le colaba en los hoteles de las concentraciones bollos y muchachuelas. Bollos. Y. Muchachuelas. Concentraciones del Real Madrid, no en el equipo de su pueblo. Es que uno no sabe ni qué pensar. Ahora por allí tienen a Eden, que hace anuncios de comida rápida y, bueno, ya tú sabes. Ah, la cosa viene antigua, hay fotos de Puskas estremecedoras. Cada año cinco kilos, cada cinco kilos un palmo más que se subía el pantalón. Más o menos a la altura de los sobacos, al final. Eso sí, el mejor nueve de todos los tiempos, cuentan…

Sumen a los ingleses, porque los ingleses siempre han tenido gran tradición en esto de gordinflones corriendo detrás de la pelota. Anfield o Magaluf, pero gran tradición. Gascoine, por ejemplo. O Rooney. O Wayne Shaw, que les suena menos pero es un ídolo. Portero del Sutton. Gordo, gordito, gordinflas. Partido de Copa, frente al Arsenal (que es cosa seria, pueden leer a Nick Hornby), se comió un bocata en el banquillo. Pum, así, a bocaos bien llenos. A ver, parece que fue para forrarse con esto de las apuestas (andaban 8 a 1 a que zampaba algo en los noventa minutos) así que fue cosa poco deportiva. Pero, miren, si tienes que andar haciendo fraudes de esos (y haberlos haylos) al menos que sea triscándote la cena, ¿no?

(Ah, y Maradona, pero Maradona merece un artículo aparte. Siempre).

Maradona. (EFE/Kerim Okten)Maradona. (EFE/Kerim Okten) Maradona. (EFE/Kerim Okten)

El baloncesto también tiene sus gorditos

Por el baloncesto también tenemos algunos. Antes eran más frecuentes. En los ochenta y así, que te llegaba cualquier tío con muñequita a la ACB y ponía pica por Flandes a base de cuidarse poco y salir más. Luego tenemos a los auténticos cracks. De Shaquille O´Neal decían, con orgullo, que pesaba más que el oso californiano. Y oye… es cierto, pero haces trampa, porque el oso californiano del escudo californiano es un oso pardo californiano, y ese ya está extinto, y ese pesaba más que Shaq, y Shaq lo que sí pesa es más que un oso negro californiano, pero todos sabemos que un oso negro es mucho menos oso que un oso pardo, ¿no? Así que admitida, pero por los pelos. A Sofoklis Schrotsanitis le llamaban «Big Sofo» o «Baby Shaq», lo demuestra mucha versatilidad para esto del sobrenombre. Y, vamos… inmenso. Buenísimo, ¿eh?, pero inmenso. Cuando volvió a jugar con el Aries Trikala después de una lesión pesaba sobre los 200 kilos. El Trikala vestía de blanco, que ya hay que ser hijoputa para vestir de blanco en esas condiciones, colega, cambia de camisa o lo que te parezca mejor, pero no me hagas vestir de blanco.

En fútbol sala tenemos a Gianfranco Angelini. Que era el número uno. Lo fue tres veces. Uno, uno y uno. Ciento once kilos marcaba su ficha. Un Teo Sellers, pero de verdad. Un Chilavert, pero… espera, Chilavert también era de verdad, aunque a veces creamos haberlo soñado. En fin, el gordito de portero, se decía siempre, así que tampoco hay para extrañarse. Ah, Angelini era bueno, no vayan a pensar. De hecho la gracia es que todos los aquí citados son muy buenos en lo suyo, porque si buscan ustedes gordos inútiles solo tienen que ir a la sección deportiva de cualquier medio…

Chilavert. (EFE/Andrés Cristaldo Benítez)Chilavert. (EFE/Andrés Cristaldo Benítez) Chilavert. (EFE/Andrés Cristaldo Benítez)

Y luego están quienes deben exhibir tales tallas. En fútbol americano, los armarios. En béisbol, los… bueno, no tengo ni idea de béisbol, pero ves fotos de Babe Ruth y, oye… he visto tipos que viven en bares con más pinta de atletas. Boxeadores fornidos pero de buen cardio. Luchadores de sumo, obvio. También por el wrestling fueron casi un cliché los gordos. De hecho cuando yo era niño había incluso una categoría… luchador gordo e hirsuto que suda cantidad y da así como cosita. Si es calvo y tiene melena (calvos con melena son muy feos y dan pena), mejor. Vamos, Terremoto Earthquake, que ya tienen sus añitos y seguro estaban pensando en ello.

Tampoco se nos molesten. Aquí no pretendemos señalar a nadie con el dedo, porque eso sería como el abismo de Nietzsche… que si lo miras mucho acaba él mirándote a ti. Y eso, que feliz año, amigos. Y excédanse cuanto quieran. Ya vendrán tiempos mejores para su línea…

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