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España es una bendita locura: hace lo mejor y lo peor para eliminar a Croacia (3-5)

Hay que seguir enganchados a España y a su locura. Porque ver un partido de los de Luis Enrique produce todo tipo de ataques. De nervios, ansiedad, frustración y emoción. Si sirve para ganar es una bendición. La Selección se clasifica para los cuartos de final (vuelve a jugar el viernes) tras una nueva goleada a Croacia que necesitó de la prórroga. El partido cura heridas y deja algunas abiertas. Morata hizo el gol que desequilibró el encuentro en la prórroga. Pudo marcar más. Jugó con orgullo. Le sentó bien salir de España para lucirse en una noche histórica en Copenhague. La herida abierta es el fallo de Unai Simón en el tanto en propia puerta y la falta de oficio. Pero el objetivo está conseguido. A cuartos de final con un equipo que ha ido de menos a más.

El partido pasó por todos los estados de ánimo y sobreexcitación que puede sufrir un aficionado durante 90 minutos. Inicio tranquilo, esperanzador y cómodo, tragedia con el gol en propia puerta en la cesión de Pedri a Unai Simón, la épica con los goles de Sarabia, Azpilicueta y Ferran Torres, felicidad por una reacción y lo que parecía una nueva goleada. España estaba en cuartos de final a falta de diez minutos, con 1-3 y disfrutando del juego, pero no supo cerrar el encuentro y el final tuvo una mala gestión. Hubo que ir a la prórroga. Incomprensible después de todo lo que tuvo que pasar con la cantada de Unai Simón. Croacia tiró de espíritu para marcar, en el minuto 93, con el tanto de Pasalic de cabeza.

Ulises Sánchez-Flor

Otro mazazo para la Selección española. La prórroga supera toda la excitación y angustias del tiempo reglamentario. El partido se rompió. Donde había un portero inseguro, apareció un salvador. Unai Simón evitó el cuarto de los croatas con un paradón a Kramaric. El correcalles rompió las tácticas de los entrenadores. Lo aprovechó el que más lo necesitaba, el jugador que había denunciado amenazas a su familia. En el minuto 100, Morata bajó un balón con la derecha y fusiló con la izquierda un centro de Dani Olmo. Morata lo celebró con rabia, a gritos, con la piña de todos sus compañeros y los que saltaron desde el banquillo. Le pegó a la pelota con su alma y con toda la seguridad y precisión de los mejores goleadores.

Arrolló en la prórroga

Se desató la mejor versión ofensiva de la Selección, que encontró y aprovechó el agujero por la banda derecha de los croatas. Dani Olmo era un puñal. Puso otro buen centro al espacio que marcó Oyarzabal. El quinto gol para España. La locura total para un equipo sin freno, con más piernas, fresco, ambicioso y con vértigo. Arrolló a Croacia en una soberbia reacción a los golpes sufridos. Dani Olmo pudo hacer el sexto con un disparo al poste.

La Selección española rompe varias barreras psicológicas en un partido pletórico y dramático, a la vez, contra Croacia. Es un día para estar feliz, pero también preocupado por el fallo y los aciertos de Unai Simón. Muy ilusionados por la reacción de un grupo de jugadores que no se hundieron. España, un equipo de jugadores inexpertos que maneja Luis Enrique, tiene casta y fútbol. Le falta más oficio. Reaccionó. No se rindió. Se levantó de un golpe durísimo después de la fatalidad en la cesión de Pedri a Unai Simón que adelantó a Croacia. Era el minuto 19. Quedaba un mundo, mucho partido por delante, pero este gol en propia portería no es un fallo cualquiera. Era una tragedia. Una acción catastrófica que daba ventaja a una Croacia que sabe competir y afrontó el partido con todas las precauciones defensivas para no recibir goles.

Unai Simón tras el gol en propia portería. (Efe)Unai Simón tras el gol en propia portería. (Efe) Unai Simón tras el gol en propia portería. (Efe)

La fuerza mental con la que resistió el golpe del gol en propia portería es digna de destacar en el equipo de Luis Enrique. No fue nada sencillo sobreponerse al error. Ni para Unai Simón, que quedaba marcado. Pero el portero del Athletic también tuvo sus momentos para resarcirse del fallo. En la segunda parte evitó el empate a dos y en la prórroga fue decisivo. Unai Simón pasó del infierno al cielo. Toda España sufrió con el fallo. Toda España se alegró de que Unai mostrara que, en el mismo partido, te puede cambiar la suerte si no te rindes, si vuelves a creer en ti.

Esto es lo que hay que poner en valor de España. Es una Selección que creyó en su fútbol, en sus posibilidades cuando estaba hundida. No acabó de bajar los brazos por ese tanto fatídico en la cesión de Pedri, desde el centro del campo, que se comió Unai Simón. El portero se confió, midió mal, tuvo tiempo para pensar qué hacer con el control, a quién pasarle la pelota, e hizo lo menos esperado. Falló. La portería ha sido un debate continuo en las convocatorias y decisiones que ha ido tomando Luis Enrique hasta entregarle la titularidad a Simón. Ha sido un puesto abierto, con varios candidatos, que generaba dudas. Finalmente, el seleccionador eligió al portero del Athletic, que llegaba señalado por despistes y fallos con su equipo en la temporada y en el partido contra Kosovo.

El gol clave de Sarabia

Lo de Unai Simón quedó en accidente. En la balanza pesaron más los aciertos. También gracias a otro gran partido de Sarabia, el jugador que tiene chispa, que finaliza las jugadas y resuelve dentro del área. España merecía el empate, pese a los minutos de zozobra y sufrimiento que surgieron tras el error de Unai Simón. La chispa la puso Pablo Sarabia, el jugador llamado por Luis Enrique, por sorpresa y que se ha convertido en decisivo en esta Eurocopa. Ya destacó en la goleada de Eslovaquia, con un gol, y mucha profundidad y peligro. Fue providencial su tanto, en el 38’, para quitarse los miedos antes de que acabara la primera parte.

España fue siempre mejor, pero peca de inexperiencia. Desde el pitido inicial hasta el final. Tuvo la laguna en el fallo de la acción entre Pedri y Simón y el final del partido que costó el empate a tres de los croatas. Pero creyó en sí misma. Está fuerte de cabeza y con energías. Es un grupo que lo ha pasado mal antes del inicio de la competición y durante la fase de grupos. El sufrimiento ha sido un aprendizaje para los de Luis Enrique. Han demostrado contra Croacia, en el momento de mayor dificultad, salir adelante en varias fases. Empató Sarabia, gol clave, antes del descanso y reaccionó. Se llegó a la prórroga y decidió ser más valiente que la Croacia de Modric. El atrevimiento y el físico también premió a España.

La mejor noticia son los cinco goles marcados. Lo peor son los tres recibidos. La desconexión en el último tramo del partido que hizo que se jugara la prórroga. El primer tanto recibido tiene que servir para madurar. La jugada del gol en propia portería es impropia de una Selección que está compitiendo en una Eurocopa. En la historia de España hay fallos garrafales (Arconada en la Eurocopa 1984, Zubizarreta en el Mundial 1998 y De Gea en el Mundial 2018), a ellos se suma el de Unai Simón. Es un error que deja marcado a un portero de por vida. Por suerte, para Unai, se desquitó con más intervenciones de mérito y claves para sostener a un equipo que está creciendo en el torneo.

La reacción de la segunda parte tiene mucho mérito, como la de la prórroga. España fue siempre a por el partido, al ataque, subió la velocidad del juego, la agresividad y la profundidad. Los excesos de confianza se pagaron caros y esto es lo que hay que corregir para no tener tantos sufrimientos. Era el minuto 76 y la Selección estaba dando un recital con los goles de Azpilicueta y Ferran Torres. Dominaba y tenía desactivada a Croacia. Pero tuvo grietas defensivas, fragilidad y falta de oficio. Tocó sufrir en los últimos diez minutos con el tanto de Orsic, que concedió la tecnología de gol, en un barullo dentro del área pequeña. Con el del empate de Pasalic, en el 93’, y cuando Croacia nos llevó al límite apareció la versión más arrolladora de España.

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