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Estados Unidos se ha quedado dormida y eso puede costarle el oro olímpico en Tokio

¿Recuerda dónde estaba el 27 de agosto de 2004? Gregg Popovich estaba en el pabellón OAKA de Atenas. Era uno de los técnicos ayudantes de la selección de Estados Unidos que ese día perdió contra Argentina en las semifinales de los Juegos Olímpicos de Atenas. Esa era, hasta este domingo, su última derrota olímpica. Le siguieron 25 victorias seguidas, suficientes para un bronce y tres oros consecutivos, hasta que Francia ha cortado esa racha en la primera jornada de Tokio 2020. Un triunfo por 83-76 que no solo confirma las dudas que ya había con Estados Unidos, ahora con Popovich de entrenador jefe, sino que además llena de esperanza a sus rivales.

Si Francia ya ganó a Estados Unidos en los cuartos de final del último mundial, ¿dónde está la sorpresa? Si en ese torneo la todopoderosa y supuestamente inalcanzable selección norteamericana acabó séptima, ¿por qué deberíamos darle relevancia a esta derrota? La tiene por el escenario y porque es una señal más de un cambio que lleva décadas sucediendo y que cada vez avanza más rápido.

Lo del Mundial 2019 fue grave, pero no tan grave. ¿Qué es un mundial para quien cree, con razón, que no hay nada en el mundo mejor que lo suyo? Lo único a lo que la NBA da cierta importancia fuera de su universo son los Juegos Olímpicos. Un fracaso ahí, y no ganar el oro sería un fracaso, es lo único que puede provocar cambios en el programa (así lo llaman) diseñado por la federación y la NBA.

Evan Fournier, con 28 puntos, fue el máximo anotador del Estados Unidos-Francia. (EFE)Evan Fournier, con 28 puntos, fue el máximo anotador del Estados Unidos-Francia. (EFE) Evan Fournier, con 28 puntos, fue el máximo anotador del Estados Unidos-Francia. (EFE)

Eso fue lo que sucedió en 2004. Fue el resultado en aquel torneo (donde Estados Unidos eliminó a España en cuartos de final) lo que provocó que la federación estadounidense se pusiera las pilas. El impulso del deslumbrante aterrizaje de la NBA en Barcelona 1992 ya se había agotado, pero cuando se dieron cuenta ya era demasiado tarde y se quedaron sin ‘su’ oro.

Quizá la derrota contra Grecia en las semifinales del mundial celebrado dos años más tarde generara más ruido, pero para entonces ya estaban puestos los cimientos de la nueva etapa, empezando por Mike Krzyzewski en el banquillo y Jerry Colangelo en los despachos. El resultado fueron tres oros olímpicos, dos mundiales y, sobre todo, una gran sensación de invulnerabilidad. Estados Unidos estaba lejos, muy lejos.

Pero Krzyzewski ya no está y Colangelo se irá después de los Juegos Olímpicos de Tokio. Y lo que funcionó de maravilla durante más de una década quizá ya no funcione tan bien. Con el paso de los años, su programa se ha quedado algo obsoleto. Eso no significa que no siga teniendo bastante ventaja sobre el resto: Estados Unidos podría ganar el resto de partidos de los Juegos por 20 o 30 puntos de ventaja y nadie debería sorprenderse. Y es muy probable que Kevin Durant no vuelva a tener un partido tan malo en lo que queda de campeonato. Pero la distancia con el resto de selecciones se acorta cada vez más. Y es inevitable, pues cada vez hay más y mejores jugadores del resto del mundo en la NBA. Un griego (Giannis Antetokounmpo) y un serbio (Nikola Jokic) se han repartido los tres últimos premios MVP de la liga. Ninguno de los dos está en los Juegos Olímpicos, por cierto.

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La consecuencia es que incluso Estados Unidos debe trabajar para mejorar, debe hacer un mayor esfuerzo para adaptarse al baloncesto FIBA, que en algunos momentos parece casi otro deporte distinto al que se juega en la NBA. Le puede salir bien viajar a Tokio con solo ocho jugadores mientras espera a que otros tres terminen de jugar la final de la NBA para luego incorporarse al equipo y jugar el primer partido con ‘jet lag’ y casi sin entrenar. Pero lo normal es que eso le pase factura ante un equipo como Francia. Podrían haber sido Australia o España, de nivel similar. Ya en la preparación perdió dos amistosos. Es grave, ¿doctor? No, pero debe tener cuidado.

Otro efecto de la reducción de la distancia entre Estados Unidos y el resto es que sus estrellas de segundo o tercer nivel ya no son tan superiores a los mejores jugadores de otros países, en muchos casos son inferiores. No es el caso de esta selección olímpica (Durant, Lillard, Green, Booker, etc. tienen más nivel que la mayoría de jugadores del torneo), pero es algo que deben tener en cuenta.

Dicho eso, el principal problema de Estados Unidos nunca ha sido (ni será) de nombres. “Son mejores individualmente, pero pueden ser batidos como equipo”, dijo el francés Evan Fournier tras la victoria de Francia. En realidad siempre lo han sido, que por algo hablamos de deporte, como demostró España en 2008 y 2012. Aunque ganar alguna de aquellas dos medallas de oro habría sido como vencer a los Monstars: una hazaña solo comparable a un milagro de Michael Jordan. Ahora estamos en otro nivel: Estados Unidos no parece tan monstruosa y enfrente tendrá algunas de las mejores selecciones del mundo.

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