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Excursión de dos días a Salamanca: 10 lugares imprescindibles que deberías visitar

La ciudad de Salamanca es una de las ciudades imprescindibles que visitar durante una escapada de fin de semana. Aunque su casco histórico es pequeño, posee un importante patrimonio histórico-arquitectónico, con innumerables atractivos turísticos.

Perteneciente a Castilla y León, Salamanca se puede recorrer a pie, ya que la mayor parte del centro de la ciudad es peatonal, por lo que pasear por sus calles y descubrir los monumentos renacentistas, románicos y góticos.

Si solamente se va a realizar una escapada de dos días a la ciudad y no se dispone de tiempo para ver todo en profundidad, se puede optar por visitar estos 10 lugares imprescindibles para conocer los lugares más representativos de la ciudad.

La conocida como Catedral de Salamanca son en realidad dos edificios, que se diferencian como la Catedral Vieja y la Catedral Nueva.

La primera de ellas fue construida entre los siglos XII y XIII y está dedicada a Santa María de la Sede. En su interior, se divide en un total de tres naves y crucero, lo que forma una cruz latina. Su exterior está diseñado al estilo románico, pero con bóvedas de transición al gótico.

Por su parte, la Catedral Nueva se comenzó a construir en 1513, inaugurándose en agosto de 1733, según la web oficial de la Catedral de Salamanca. Esta segunda, se construyó adosada a la Vieja, lo que hace que parezcan, en su exterior, un mismo conjunto.

La Universidad de Salamanca es la más antigua de España y una de las más antiguas de Europa, por lo que merece mención especial. En el casco histórico, se puede visitar el edificio antiguo de la institución.

Entre los turistas, es muy común tratar de buscar la figura de la rana que falta en una de las calaveras que también se encuentran talladas en la piedra de la fachada. Como cuenta la historia, los estudiantes que conseguían encontrar la rana en la fachada aprobarían sus exámenes.

Otro de los sitios imprescindibles que no pueden faltar al visitar la ciudad es la Plaza Mayor de Salamanca. Su belleza arquitectónica no deja indiferente a ningún visitante. Además, es uno de los lugares donde se puede tapear y tomar algo, ya que está llena de bares, restaurantes y terrazas.

Nada más salir de la Plaza Mayor, se encuentra el Mercado de Abastos, que data del año 1899. Su exterior está construido en hierro, obra del arquitecto jerezano Joaquín de Vargas y Aguirre, que también diseño la Casa Lis. En su interior, con un total de 53 puestos, se pueden adquirir productos típicos de los mercados, donde no faltan los alimentos más representativos de la ciudad.

También en torno a la Plaza Mayor se puede optar por dar un paseo por la calle de la Rúa, una de las más famosas de la ciudad, ya que es la que conduce a la Catedral.

Por ella también se pueden encontrar bares y restaurantes con terrazas para tomar algo, además de la imprescindible parada en la Casa de las Conchas, famosa por tener una fachada donde están talladas en piedra cientos de conchas, lo que ofrece una visita muy particular.

El puente Romano es otro de los lugares míticos de la ciudad de Salamanca. Dar un paseo y cruzar al otro lado del puente por encima del río Tormes otorga a los visitantes una de las panorámicas más conocidas y apreciadas de la ciudad, con la Catedral al fondo.

Considerado uno de los tesoros de la ciudad, la Casa de Lis es hoy el día el Museo de Art Déco y Art Nouveau. En su interior se pueden encontrar diversas exposiciones de interés, pero por fuera también merece la pena la estampa. Se trata de un palacete de estilo modernista, con una fachada de vidrieras de colores.

Por detrás de la Catedral de Salamanca se encuentra, casi escondido, este jardín que, sin duda, es otro de los rincones con más encanto de la ciudad. Concretamente, es considerado por muchos el lugar donde se sitúa la trama de la novela La Celestina de Fernando de Rojas. Además, se pueden ver desde él los restos de la muralla romana.

Más apartado del casco histórico, pero muy cerca igualmente de todo el entramado, se encuentra el Convento de San Esteban, al final de la Gran Vía. Se trata de un convento dominico del siglo XVI. Su fachada está considerada como una de las joyas del Renacimiento dentro de esta ciudad.

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