Noticias locales

Éxodo encubierto: los madrileños encuentran mesa “a la primera” y las fiestas ilegales se reducen a la mitad

A las fiestas ilegales les ha sucedido el éxodo encubierto. El grueso de los madrileños, o bien se ha diseminado por la geografía regional, o bien ha burlado el cierre perimetral, para dejar la ciudad semivacía en Semana Santa. A las 19.00 horas del miércoles la tranquilidad domina la calle Ponzano. El previsible jorgorio del ‘tardeo’ sorprende a los propios jóvenes. “Nunca encontramos sitio en terraza y hoy, a la primera”, dice una de las tres amigas que toman sus copas de vino en uno de los locales más demandados de la zona. “Hoy está más tranquilo porque se ha ido mucha gente a sus ciudades”, continúa otra de ellas. Tienen 25 años y ya auguran una noche aburrida: “Este es nuestro plan, a las 11 para casa”.

Otro cuarteto de chicas llega media hora más tarde a Ponzano. “Hemos aparcado a la primera”. Tienen 22 años y, también, vienen a la ‘aventura’. “No tenemos reserva, pero no creo que tengamos problema”. Unos metros más allá se divisan mesas vacías. Es más, al fondo, unas decenas de personas en pie se agrupan en torno a un mitin de Vox. Hay más animación entre ellos que en los bares de Chamberí.

Los hosteleros ya lo veían venir. “Todos los años se queda vacío, pero esta vez es peor: antes se iba mucha gente y venía otra tanta. Este año no…”, lamenta Jesús, el dueño del clásico El Doble. Tan solo un cliente consume una cerveza en el interior de su bar…y ya son las 20.00 horas. “Estos días serán tranquilos”.

La tranquilidad de la que habla Jesús llega a los vagones de Metro. Pasadas las 20.00 horas la imagen recuerda más a una tarde de agosto en la capital que lo que debiera ser el día previo a un festivo a inicios de la primavera.

El reloj marca ya las 20.30. El sol aguanta aún sobre Tribunal. Una vez más, lo que habría de ser una calle de largas colas para entrar a las salas de fiestas, acaba siendo una estampa vacía. Una marquesina advierte del porqué: es Semana Santa en Madrid. Esta tarde no habrá sesión en Teatro Barceló. Tampoco en BUT.

Sea como sea, los madrileños comienzan echar la cuenta atrás. En poco más de dos horas será el toque de queda. En Malasaña el ambiente es el de un miércoles de diario. Las mesas del interior de Bodegas Baranda están a estas horas al completo. Parejas de amigos o grupos en familia disfrutan de una de las cañas con mayor fama de Madrid. “Hoy estamos muy tranquilos”, cuenta, de nuevo, uno de los camareros. Los clientes respetan el volumen de sus conversaciones. Se alcanza, incluso, a cotillear un diálogo en español. Tan solo una de las mesas charla en francés. No son jóvenes turistas de borrachera; solo dos padres con su hijo.

‘Talan talan, talaan’. La iglesia de San Ildefonso llama a entrar a sus fieles. Las campanas advierten de las 21.00 horas. Las terrazas de la plaza con la que comparte nombre están al completo. Pero no se ven más clientes al acecho de un lugar donde cenar. “Nosotros hemos llegado aquí a las 18.00 horas, entonces no hemos tenido problema”. Habla un grupo de jóvenes de 19 años. Según cuentan, están buscando un plan para más tarde. “A ver, si surgen copas iremos pero si no… a casa”, confiesan. En cambio, los chicos que se hacen con el banco de la plaza apuran sus latas de cerveza. “Hemos venido a pasar la tarde, pero luego no vamos a salir”, aseguran.

Dos agentes recorren los aledaños de la Puerta de Sol. Pertenecen a la unidad de Villaverde pero han sido llamados a formar parte del refuerzo de hasta 200 agentes que vigilan el Centro en días festivos. A esas horas de la tarde insisten de que “todo está muy tranquilo” y que solo controlan las distancias de seguridad y la puesta de mascarillas. En ese momento un grupo de franceses entra a un bar guiado por un relaciones públicas. “Solo hemos venido a disfrutar de bares y restaurantes; después nos vamos a dormir. ¿Por?”, pregunta uno de ellos. Unos segundos después comprende la intención de la pregunta: “Ya sé la fama que nos están poniendo, pero no es cierta. Nosotros solo hemos venido a visitar la ciudad durante el día”.

Unos piden la última ronda, mientras otros apuran la copa en la calle Barcelona. Pedro, el dueño del restaurante Tintorería alerta del esfuerzo de los hosteleros por cumplir la normas impuestas por Sanidad. “¿Hay alguna mesa que esté armando follón? ¿Hay distancias, si o no?”. Lo cierto es que a media hora de que marquen las 23.00 horas las mesas guardan la compostura. “Estoy harto de que se criminalice la labor de los policías, que están haciendo controles todos los fines de semanas”.

En el local de enfrente un grupo de Erasmus comparte la última hora de la noche. Son franceses que han venido a estudiar a Madrid. “Cenamos y nos vamos”, comenta uno del grupo. También se dicen conscientes de la polémica. “Esos serán otros, nosotros hemos venido a estudiar”. Sin embargo, la vecina de ese portal, también fiel cliente de Pedro, da otra versión. “En mi caso sí que he escuchado alguna fiesta de franceses que no me han dejado dormir”, denuncia. Unos números más abajo otra joven entra en su portal. “¿Que si me molestan los ruidos? Pues a ver, hay jaleo pero a partir de las once u once y pico se acaba todo”.

Así, sin sobresaltos, acaba la noche del miércoles al jueves. A las 22.55 apenas quedan clientes. La policía llega en tropa y los hosteleros sacan las escobas. A los cinco minutos, la calle está vacía.

Más agentes y coches patrulla que personas por las calles. Al cabo de una hora se podrá adivinar dónde se ha desviado la fiesta. Pero la Policía Municipal ya lo advierte: “Esta noche va a ser tranquila”. Tan sosegada que a la una de la madrugada la Unidad que vigila Centro- el distrito donde se han intervenido más fiestas ilegales durante la pandemia- no ha recibido ni un solo aviso. 20minutos espera junto a ellos. Eso sí, interponen varias propuestas de sanción a personas que transitan por la calle pasado el toque de queda. Unas italianas tratan de escabullirse del recibo.

– “He terminado de cenar a justo a las 23.00 horas por Tribunal y como están todas las calles cortadas, hemos tenido que dar toda la vuelta”, se explica la joven.

– “Bastante laxos hemos sido porque han pasado ya tres cuartos de hora”, dice el agente, al tiempo que le extiende el papel.

Lo cierto es que esta joven que se ha saltado el toque de queda se dirige a su casa. Según cuenta, solo se le ha pasado la hora, pero no tiene plan de salir de fiesta. Sea por la pandemia o por el éxodo encubierto, la noche del miércoles acaba siendo la menos fiestera de los últimos fines de semana. Según los datos de Policía Municipal a los que ha tenido acceso 20minutos, se intervino durante toda la noche en un total de 47 fiestas. Esto supone la mitad si se compara con los viernes anteriores (el viernes 26 hubo 81, el día 16 se intervino en 116 fiestas y el día 12, en 97). También corresponde a la mitad si se compara con el último día previo a un festivo: el jueves anterior a San José se actuó en 86 fiestas en toda la ciudad. En este arranque de la Semana Santa, los incumplidores de las restricciones de la pandemia están más cerca de las carreteras que de las fiestas ilegales.

Mostrar más
Botón volver arriba