Viajes

Guía de viaje para una ruta en coche por Soria

El otoño es un estupendo momento para visitar Soria. Sus variados paisajes se funden entre sí por los colores más vivos y típicos de esta estación. Rojos, dorados y ocres se mezclan con los verdes de los árboles de hoja perenne, creando un paisaje como salido de un cuento.

El sonido de la tranquilidad de los pueblos, bosques y valles de Soria se ven sorprendidos por la berrea del ciervo, típica de estos meses. También la gastronomía cambia, para ofrecer del bosque al plato, además de sus famosas trufas, también setas y hongos.

En la ciudad que crece junto al Duero, hay algunos monumentos fundamentales para visitar. Destaca el Claustro de San Juan de Duero, declarado Monumento Nacional en 1882. Cruzando el río a través del Puente Medieval se llega al enclave donde se asentó la Orden de los Hospitalarios de San Juan de Duero.

También junto al río se encuentra la ermita de San Saturio. Cuenta la tradición que en el siglo VI el noble soriano Saturio, tras fallecer sus padres, repartió sus riquezas entre los pobres y marchó a vivir a unas cuevas junto al Duero. Otros lugares monumentales de interés son la Iglesia de Santo Domingo, el Palacio de los Condes de Gómara o la Playa Mayor.

Antonio Machado llegó a Soria en la primavera de 1907, con 32 años. Recorrer los rincones de la ciudad en los que el poeta dejó su huella es una atractiva propuesta. Podemos visitar la iglesia de Santa María la Mayor, donde se casó con su amada Leonor Izquierdo; el paseo Mirón, donde ambos vivieron; y la iglesia del Espino, junto a la que se encuentra el olmo seco que inspiró uno de los poemas más famosos del autor. También se puede visitar el Instituto Antonio Machado, que conserva tal como era el aula donde impartió clases el poeta.

Si salimos de Soria en dirección a Valladolid, llegamos a Calatañazor, donde el tiempo parece haberse detenido. Calles empedradas y casas de piedra, adobe y madera, en un buen estado de conservación pese a sus escasos habitantes. El castillo únicamente conserva en buen estado la torre del homenaje. Este pueblo soriano se ubica en la cima de una roca que domina la vega del río Abión, totalmente rodeado por unas murallas conservadas casi intactas.

Soria es una de las mayores reservas micológicas de toda la península. Se vale para ello de la gran masa forestal que existe en esta provincia, compuesta en gran parte de pinares. Y dentro de la geografía soriana, Navaleno es todo un paraíso para el cazador de setas. En sus alrededores encontramos un gran número de especies diferentes. Y para aprender, el Centro Micológico de Navaleno.

De Navaleno podemos seguir hacia el Parque Natural del Cañon del Río Lobos, un espacio protegido que cuenta con más de 10.000 hectáreas (parte e Burgos). Los espectaculares paisajes, el río Lobos, sus rutas diversas rutas de senderismo que se adaptan en cuanto al nivel de dificultad, la ermita templaria de San Bartolomé y la importancia de la fauna, entre la que destaca la colonia de buitres leonados, hacen de esta zona un lugar imprescindible para quien quiera rodearse de naturaleza.

Soria y la trufa han establecido un maridaje perfecto. Alrededor de este hongo comestible que crece bajo tierra y se encuentra, sobre todo, al pie de las encinas, la provincia de Soria está impulsando su turismo. A ellos, a los turistas, se les hacen demostraciones de caza con perros y cerdos en plantaciones truferas. Los animales olfatean hasta que encuentran trufas debajo de la tierra. Son numerosos los restaurantes sorianos especializados en platos con trufa.

Imprescindible es buscar y parar en el Parque natural de la Laguna Negra y los Circos Glaciares de Urbión. La Laguna Negra es una acumulación de agua de origen glacial situada en la sierra de los Picos de Urbión, dentro del término municipal de Vinuesa. Se halla a 1.753 metros de altitud y su profundidad máxima es de unos 8 metros. Abundan aquí la trucha y el barbo.

Soria es uno de los lugares donde la gastronomía marca un punto de interés entre los visitantes: los torreznos, una tira de panceta adobada y frita con corteza lo más crujiente, es uno de los tentenpiés que se puede encontrar en los bares de la ciudad y a los que difícilmente se puede resistir. Hay que aprovechar la visita y probarlos.

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