Isabel Schnabel, la amiga alemana del sur en el BCE que apunta al trono del Bundesbank

La discusión económica y política en la Unión Europea estarían siendo radicalmente distintas si no fuera por una mujer. Lo más probable es que en esta situación, con alta inflación y otros bancos centrales, como la Reserva Federal americana comenzando a tomar medidas o a anunciarlas en otras direcciones, algún alto cargo del Banco Central Europeo (BCE) de pasaporte alemán estuviera presentando su dimisión, poniendo a Christine Lagarde, presidenta del eurobanco, en una situación difícil. Pero no es el caso de Isabel Schnabel (Dortmund, 1971).

En septiembre de 2019, semanas antes de que Schnabel fuera nominada por Berlín para ser miembro del Comité Ejecutivo del BCE, Bild, el principal periódico alemán, caricaturizó a Draghi como un vampiro. Ese ha sido el ambiente en Alemania hacia la política monetaria no convencional del BCE en los últimos años. Y en aquel momento había que decidir de forma más o menos rápida si se nominaba a Schnabel o a otra candidata por una sencilla razón: su antecesora en el cargo, Sabine Lautenschläger, había dimitido, precisamente, como protesta por la política de la institución, como antes, en 2011, había hecho Jürgen Stark, por idénticos motivos.

Las dimisiones de Lautenschläger y de Stark, la agresividad en la opinión pública alemana y la actitud de Jens Weidmann, presidente del Bundesbank, que atacó por todos los flancos la política de Mario Draghi al frente del BCE, hacían que la estabilidad de la institución estuviera en un riesgo continuo, con una tensión cada vez más importante entre el Bundesbank y el BCE. No en vano, Lautenschläger y Stark provenían del banco central alemán.

Weidmann junto a Mario Draghi, antiguo presidente del BCE. (Reuters)Weidmann junto a Mario Draghi, antiguo presidente del BCE. (Reuters) Weidmann junto a Mario Draghi, antiguo presidente del BCE. (Reuters)

La elección de Schnabel rompió esa tradición. No venía del Bundesbank, sino que desde 2014 la profesora de Economía Financiera en la universidad de Mainz se había incorporado en el Consejo de Asesores Económicos del Gobierno alemán. Y también buscaba romper esa dinámica de enfrentamiento entre el Bundesbank y el BCE, esa serie de dimisiones, choques, declaraciones y ataques por la espalda.

Las cualidades de Schnabel no pasaron desapercibidas para una Lagarde recién llegada al puesto, que se convertía en presidenta del BCE solamente unos meses después de que una buena parte del Consejo de Gobierno del eurobanco se revolviera contra la idea de reactivar el Quantitative Easing (expansión cuantitativa). Fue eso lo que provocó la dimisión de Lautenschläger. El ambiente no era el mejor a la llegada de la francesa a la presidencia.

Lagarde movió entonces sus nuevas fichas. Schnabel no es ni mucho menos lo que en se denomina una «paloma», frente a los «halcones» que defienden la ortodoxia. Se encuentra en un terreno intermedio. Había sido crítica con algunas políticas, pero se desmarcaba de la actitud agresiva de la opinión pública alemana y de muchos de sus colegas economistas que comparten pasaporte con ella que consideraba que minaba la confianza en la institución. La presidenta del BCE le encargó precisamente ponerse al frente del programa de compras, el mismo que la opinión pública alemana ha atacado durante años y contra el que el Bundesbank había declarado la guerra.

Cotizalia

Y Schnabel ha cumplido con lo que Lagarde esperaba de ella. Se ha esforzado en ser una «constructora» de puentes hacia Berlín, con más o menos éxito, se ha esmerado en su defensa del programa de compra de bonos y del programa de compras pandémicas (PEPP) ante la opinión pública alemana y ante los economistas germanos. Ha pasado a ser la voz autorizada para explicar la política del BCE en un idioma que los halcones comprenden, aunque muchos no lo compartan.

La profesora de Economía se ha ganado el respeto de todos. Ya lo tenía en una parte importante del mundo de la academia y de la economía en Alemania. Ahora lo tiene de prácticamente todos en Bruselas y en la mayoría de capitales. Con su didáctica y su moderación, gestionando la opinión de Alemania respecto a las políticas del BCE, la economista de Dortmund se ha convertido indirectamente en la mejor amiga del sur en Frankfurt.

Sus discursos han pasado a ser muy compartidos por su capacidad analítica, por su ponderación de todos los elementos, por los equilibrios bien encontrados entre las distintas sensibilidades. El de los banqueros centrales es un idioma complicado. Cualquier palabra puede provocar problemas mayores. Schnabel ha aprendido a hablarlo con total soltura y naturalidad, se ha convertido en una maestra de la lengua. Ha encontrado el justo equilibrio entre todos los elementos a tener en cuenta por el banco central de la eurozona.

Schnabel junto a Angela Merkel, canciller alemana. (Reuters)Schnabel junto a Angela Merkel, canciller alemana. (Reuters) Schnabel junto a Angela Merkel, canciller alemana. (Reuters)

Carrera hacia el Bundesbank

No es de extrañar que cuando en octubre Widmann anunció su dimisión como presidente del Bundesbank muchos ojos se pusieran sobre la propia Schnabel, que suena como una de las favoritas para sucederle. Especialmente teniendo en cuenta que la CDU, muy vinculada a todos los elementos fuertes del Estado alemán en su vertiente más tradicional y ortodoxa, como Karlsruhe (el constitucional) o el Bundesbank, va a salir del Gobierno. Es cierto que en la nueva coalición gubernamental estarán los «halcones» liberales del FDP, pero será un Ejecutivo liderado por los socialdemócratas (SPD) y con Los Verdes en el consejo de ministros, en el que cuadra un cambio de ruta en el Bundesbank.

Scholz de hecho ha estado rodeado en su función como ministro de Finanzas de un grupo formado por una nueva generación de economistas alemanes que, como Schnabel, tienen una visión menos ortodoxa y más flexible de la política económica a nivel europeo y que han sido claves en la financiación con bonos europeos del Fondo de Recuperación.

Carlos Sánchez

Otra posible sustituta de Weidmann sería la actual vicepresidenta del Bundesbank, Claudia Buch, y que como consecuencia pertenece a la misma escuela que el presidente. Buch fue la otra candidata que se barajó en 2019 cuando finalmente se envió a Schnabel al eurobanco. Entonces se identificó como un cambio de dinámica por parte del Gobierno alemán, como una señal positiva de tregua con el BCE.

En Bruselas la posibilidad de que el gran nido de los halcones mayores, el Bundesbank, esté ocupado por una persona del talante y talento de Schnabel se ve con buenos ojos. Pero al mismo tiempo es una pérdida muy importante para el Banco Central Europeo en un momento en el que la capacidad de análisis, el tino y el equilibrio de la alemana se han convertido en uno de los mejores activos con los que cuenta Frankfurt.

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