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Joan Mir y Suzuki, el triunfo de Davide sobre Goliat

Solo queda una carrera más para que Suzuki culmine la que puede llegar a ser la temporada perfecta. De momento ya se ha llevado los dos primeros títulos: el más importante, el campeonato de pilotos, donde Joan Mir se ha proclamado Campeón del Mundo con una prueba de antelación. Ha sido un merecido campeón. El segundo, el de escuderías, que se ha anotado por primera vez en su historia, por un amplio margen. Y el próximo fin de semana se juega con Ducati el de fabricantes en Portimao, adonde llegarán ambas marcas empatadas a puntos.El triunfo de Joan Mir y Suzuki es el triunfo de David sobre Goliat, porque el equipo japonés cuenta con uno de los presupuestos más reducidos de la categoría. Es probable que el único fabricante con una inversión menor que la suya en la categoría sea Aprilia.

Joan Mir (Suzuki Ecstar) rueda durante la carrera en Valencia. (Efe)Joan Mir (Suzuki Ecstar) rueda durante la carrera en Valencia. (Efe)Joan Mir (Suzuki Ecstar) rueda durante la carrera en Valencia. (Efe)

El éxito de una campaña suele personalizarse en el piloto por tratarse de un deporte individual, pero también porque el hombre que se sube en la máquina para dominarla resulta fundamental, mucho más que en cualquier otra competición de motor. Por eso, en motociclismo es mucho más importante el título de pilotos que el de fabricantes. Pero Suzuki tiene a su alcance completar una temporada redonda, y no podía haber sido en un momento más oportuno porque este año Suzuki cumple cien años de vida.

La marca japonesa surgió como fabricante de telares, pero como tantas otras empresas evolucionó hacia otras actividades. Honda es la única que siempre ha construido motos y coches. En los años cincuenta, superadas las limitaciones marcadas por la rendición de Japón ante las tropas estadounidenses en la II Guerra Mundial, Suzuki se lanzó a la motorización del país. Suzuki Motor Company se creó en 1954, y seis años después debutó en el Mundial, con escaso éxito.No es el momento de hablar de la trayectoria de la marca en el campeonato, cuyos inicios están marcados por uno de los episodios más escandalosos de la historia del Mundial: la fuga de Ernst Degner de Alemania Oriental con los secretos de MZ, que puso a disposición de Suzuki. Es el momento de glosar el excelente trabajo que esta marca ha realizado en 2020, en un año difícil para todos, en el que Suzuki ha sido el paradigma de la constancia, a pesar del difícil arranque de temporada vivido en Jerez.

Una estructura íntima

Hay que reconocer la valía del equipo constituido por Davide Brivio, su máximo responsable, que prácticamente creó desde cero una nueva estructura, y que ha sabido imprimir a la escudería su toque personal, entrañable y cercano, casi íntimo. A Suzuki la crisis le pasó por encima como a ninguna otra marca. El compromiso de los fabricantes con Dorna, el promotor del Mundial de MotoGP, les obliga a contar con al menos dos motos en la máxima categoría del campeonato, pero al finalizar la temporada 2010 Suzuki anunció que solo contaría con una moto en 2011, y concluido ese año salió de escena a pesar de tener un compromiso para seguir participando en el Mundial.

Joan Mir celebra el Mundial con Davide Brivio. (Reuters)Joan Mir celebra el Mundial con Davide Brivio. (Reuters)Joan Mir celebra el Mundial con Davide Brivio. (Reuters)

Fueron momentos difíciles para MotoGP, que tuvo que adaptar el reglamento para permitir la entrada de fabricantes artesanales usando motores derivados de serie para asegurar un número suficiente de motos en la parrilla de la máxima categoría. Suzuki prometió regresar, y pasaron tres años hasta que finalmente lo hizo en 2015.

En ese momento, Brivio entró en escena y se encargó de crear una nueva estructura, y el campeonato desarrolló una reglamentación propicia que allanara el camino a los nuevos equipos, creando concesiones en el reglamento (más motores, libertad para realizar pruebas…). Suzuki creció rápidamente y en 2016 regresó a la victoria de la mano de Maverick Viñales.

Sin concesiones en 2017, Suzuki vivió un año desastroso: pilotos nuevos, un diseño fallido… Tocada volver a empezar. En 2018 el equipo regresó al podio, y el año pasado constituyó su formación actual, Alex Rins, que desde 2017 estaba en la escudería, y el joven campeón de Moto3, Joan Mir. No hay que ahondar más en la historia. La prometedora campaña 2019, en la que Rins logró dos victorias y fue cuarto en la clasificación final, colocaba a Suzuki y a Rins como aspirantes a algo más, pero siempre por detrás de Honda, Ducati y Yamaha.

La temporada 2020 no pudo empezar peor: Rins se lesiona en los entrenamientos del Gran Premio y Mir se cae en la carrera. Un cero redondo. Pero Suzuki supo lamerse las heridas y trabajar con modestia y convicción. Es la marca de la casa. Tiene menos recursos que otras marcas pero sabe aprovecharlos bien, y precisamente en un año marcado por las limitaciones, con la evolución de los motores congelada hasta 2022, Suzuki ha sabido sacar provecho a su moto, probablemente la más equilibrada desde su nacimiento y que, en condiciones normales, no habría podido disfrutar de tanta evolución técnica como la de otros fabricantes, más poderosos económicamente. Ha sido el triunfo de Davide.

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