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Koeman, sin cintura tampoco en el banquillo: sus cambios perjudican al Barça

Desde que Ronald Koeman emprendió la difícil tarea de relanzar un coloso en horas bajas como el FC Barcelona, el equipo azulgrana se ha visto encorsetado por la dirección técnica de su entrenador. Justo cuando más necesitaba un empujón para alcanzar la remontada, el neerlandés ha venido frenando la reacción culé sin pretenderlo, evidenciando una falta de reacción más que preocupante y alejando la posibilidad de vencer tras ir por detrás en el marcador. Así, la necesidad de modificar comportamientos desde la pizarra y hallar soluciones individuales que alteren la dinámica del encuentro se ha saldado con decisiones contraproducentes para sus propios intereses.

Albert Ortega

Cada vez que sus jugadores han encontrado dificultades para seguir el plan preestablecido a consecuencia del rival y han reclamado soluciones tácticas, el nuevo técnico culé no ha sido capaz de aportar argumentos de peso que decantaran el partido a su favor. Al contrario, el cuadro catalán se ha visto limitado por las decisiones de su preparador. Sin respuesta ni pulso, el Barça no sabe cómo contrarrestar coyunturas límite. Que el fútbol es de los futbolistas es algo tan esencial como antiguo. Que la mano correctora del máximo responsable táctico llega hasta unos límites, es otra. Sin embargo, la habilidad del entrenador para convencer a sus futbolistas y acercar los tres puntos está dejando mucho que desear desde el principio del curso.

Las palabras del técnico del Cádiz, Álvaro Cervera, en Cadena Ser tras la victoria en el Carranza han levantado polvareda entre la afición del Camp Nou: “Tuvimos la suerte de que no saliera Dembélé y que Koeman no pusiera extremos puros”, comentó en primer lugar para después ser resaltar los errores del cuerpo técnico visitante.“Me sorprendió que quitara a Dest. Es un jugador muy rápido y profundo. Y cuando puso a Trincao sabíamos que se iban a seguir metiendo más adentro todavía. Y además sabíamos que se nos abría una oportunidad, porque sabíamos que Trincao no nos iba a defender bien por ese lado y sacando alguien rápido podíamos hacerles daño”.

Nada mejor que la voz de un profesional para comprobar un patrón que se viene repitiendo desde el principio de la temporada. Y es que el Barça ha colapsado en todos y cada uno de los momentos en que le ha tocado darle la vuelta a un electrónico en contra. Tan continuada es la tendencia que, de los 15 partidos disputados hasta hoy entre Liga y Champions League, el club catalán no ha remontado ni un solo encuentro a pesar de verse hasta en seis ocasiones por detrás.

Ronald Koeman sustituye a Sergio Busquets y da entrada a Francisco Trincao. (EFE)Ronald Koeman sustituye a Sergio Busquets y da entrada a Francisco Trincao. (EFE)Ronald Koeman sustituye a Sergio Busquets y da entrada a Francisco Trincao. (EFE)

En este sentido, conviene repasar duelo a duelo los movimientos de ajedrez del neerlandés cuando se ha visto con el agua al cuello. En una de sus primeras tomas de contacto con la competición liguera española ante el Sevilla de Julen Lopetegui, Koeman insistió en la estrechez de un ataque que persistió en penetrar por dentro el triángulo formado por Diego Carlos, Jules Koundé y Fernado Reges. Precisamente, la zona mejor custodiada por los andaluces. Como era de esperar, el 1-1 no se movió del marcador y el Barça, sin la profundidad y el desborde de Ansu Fati en el sector izquierdo tras salir en el minuto 61, acabó desquiciado.

No obstante, la derrota en Getafe por 1-0 fue la que disparó todas las alarmas. Después de un primer tiempo donde los azulgranas demostraron su superioridad técnica con cierta fluidez frente al conjunto azulón con la inclusión de Pedri en la mediapunta, Koeman ahogó a su propio equipo. El gol de penalti de Jaime Mata en el 56’ vino sucedido por la entrada de hasta cuatro delanteros (Ansu Fati y Philippe Coutinho en el 62’ y Francisco Trincao y Martin Braithwaite en el 80’). La intervención, en lugar de favorecer la generación de ocasiones manifiestas de gol, provocó la ruptura en dos del equipo. La acumulación de delanteros apelotonados en la frontal del área sin centrocampistas que les alimentaran (tan solo Sergio Busquets ocupaba ese rol) acabó por desnudar la propuesta, perder el control del encuentro y averiar la reacción.

Una tendencia que penaliza al Barça

A la semana siguiente llegó El Clásico y la oportunidad de resarcirse, pero a Koeman, caracterizado por su valentía a la hora de sentar pesos pesados, le tembló la mano tras el polémico penalti transformado por Sergio Ramos. Si bien hasta entonces había demostrado un grado considerable de intervencionismo aunque con resultados negativos, ese día no movió ficha hasta el 82’. El ingreso de nuevo de cuatro delanteros (Antoine Griezmann, Ousmane Dembélé, Francisco Trincao y Martin Braithwaite) sin tan siquiera gozar de tiempo material para dejar su huella en el partido, no cambió nada. Tarde y mal, Ronald había caído por segunda semana consecutiva en una respuesta infantil donde la necesidad goleadora se tradujo en la entrada de delanteros sin el debido acompañamiento de centrocampistas que les asistieran.

Ronald Koeman se lamenta durante un partido de Champions. (Reuters)Ronald Koeman se lamenta durante un partido de Champions. (Reuters)Ronald Koeman se lamenta durante un partido de Champions. (Reuters)

Ante el Deportivo Alavés, el entrenador azulgrana retiró del terreno de juego a Jordi Alba para incluir a Sergiño Dest y a Ansu Fati por Braithwaite, renunciando a la amplitud por los dos costados y a la profundidad del joven guineano. Ante el Atlético, como si de un muestrario azulgrana de todos los defectos expuestos hasta el momento se tratara, el conjunto catalán vivió a rebufo de la iniciativa rojiblanca.

Sin interiores que protegieran la pérdida, un centro del campo superado por los contragolpes y sus piezas demasiado separadas, el Barça volvió a sufrir las trabas del banquillo. Carles Aleñá y Riqui Puig vieron cómo Coutinho en el 57’ y Braithwaite y Trincao en el 83’ no tuvieron ningún tipo de impacto en el juego. En definitiva, se ha convertido en habitual observar la parálisis azulgrana. Una situación donde la falta de recursos desde el banquillo por parte del cuerpo técnico ha condenado la posibilidad de remontada azulgrana. El equipo se desploma, el centro del campo se despuebla, el rival se despliega y el Barça se tapona a sí mismo.

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