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La bronca motivacional

Todos los pilotos que han heredado la moto que dejó libre Dani Pedrosa en Honda después del curso 2018 han chocado con una máquina difícil de domar. Ninguno de ellos ha logrado acercarse a los resultados del piloto de Castellar: 31 victorias y tres subcampeonatos en 13 temporadas. Ni mucho menos a los de Marc Márquez, seis veces campeón de MotoGP. Esto no es como el Mercedes de Lewis Hamilton, con el que cualquier integrante de la parrilla sería capaz de alcanzar alguna victoria. No. La RC213V es otra cosa, una moto con evidentes posibilidades, pero complicada. Ninguno de los tres sucesores ha igualado ni siquiera el peor año de Pedrosa, cuando acabó 11º en el Mundial. Y estamos hablando de nombres ilustres como el de Jorge Lorenzo, que ilusionó con su llegada a la marca japonesa tanto como decepcionó después, con ningún puesto entre los diez primeros. Luego desembarcó Álex Márquez, que llegaba con el aura de campeón de Moto2, pero con la presión del apellido. De momento ha sido el único capaz de subirse al podio, por dos veces.

Ahora está Pol Espargaró, que vino con el crédito de su progresión en KTM, sus dos poles y cinco podios en 2020. Pol parecía la elección ideal, pero tampoco se ha hecho con la moto, hasta el momento. Once grandes premios y quince caídas después, el menor de los Espargaró ha logrado su primer gran resultado: la pole en el GP de Gran Bretaña. Tiene su miga que haya sido justo después de tocar fondo en Austria. Según sus palabras, por medio hubo una “charla motivacional”, con tintes de “bronca”, del jefe del equipo, Alberto Puig. El cambio de chip se ha producido en Silverstone, aunque Pol, que lo ha celebrado como “una victoria”, asegura que este domingo encarará la carrera todavía en “posición de aprendizaje”. Al menos ya se ha convencido de que sí se puede. Y eso es un gran salto.

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