Salud

La depresión y su relación con la resistencia a la insulina a la hora de perder peso

En 2008, un grupo de investigadores de la Escuela de Medicina de la Universidad Johns Hopkins descubrieron en un estudio que la depresión puede ser un factor desencadenante de la diabetes tipo 2. Desde entonces, la asociación de diagnóstico que se hace entre ambas enfermedades puede llegar a ser considerable: en otro estudio realizado a 5.000 personas de entre 45 y 84 años, los científicos descubrieron que aquellos que tenían síntomas depresivos tenían un 42% más de probabilidad de que su cuerpo genere resistencia al insulina o no producirla a un nivel suficiente, lo que acabaría derivando en un problema de diabetes tipo 2.

A su vez, esta enfermedad está asociada a una vida sedentaria y, sobre todo, al sobrepeso. De ahí que muchos pacientes de diabetes asuman regímenes de adelgazamiento para intentar mejorar, lo que en muchas ocasiones acaba derivando en fracos debido a que la resistencia a la insulina puede dificultar mucho el seguimiento a rajatabla de una dieta. De ahí la enorme dificultad que entraña para estas personas, pudiendo también agravar los síntomas depresivos ante la frustración de no conseguir perder peso tras cada intento fallido.

Agencias

Según el Instituto de Diabetes y Enfermedades Digestivas y Renales norteamericano, la resistencia a la insulina ocurre cuando las células de los músculos y órganos se vuelven insensibles a la insulina, lo que impide usar la glucosa para producir energía. Cuando esto sucede, el páncreas, el órgano que más insulina produce de todo el cuerpo, acaba generando mucha más cantidad hasta el exceso. De ahí que los niveles de glucosa en sangre lleguen a niveles más altos de lo normal.

Depresión y diabetes: todo en contra

En muchas ocasiones la resistencia a la insulina es una consecuencia directa de la obesidad o la vida sedentaria, pero también puede ser causa de alguna enfermedad recurrente o crónica, como el síndrome de ovario poliquístico, el síndrome de Cushing, la apnea del sueño o la hipertensión, según apunta Judith J. Wurtman, médica de cabecera y especialista en todo lo concerniente a la depresión y la pérdida de peso, en ‘Psychology Today’. La mayoría de las recomendaciones por parte de los servicios de salud vienen a ser las básicas, las de siempre, como vienen a ser cambios en el estilo de vida (moverse más y comer mejor para tratar de revertir el trastorno).

María Corisco

Pero estas sugerencias tan típicas no mencionan que la resistencia a la insulina suele venir asociada a cambios de humor no deseados que podrían afectar a la capacidad de la persona para amoldarse a su nueva vida. Básicamente, si a una persona con sobrepeso y diabético se le pide que pierda peso y se siente deprimido, agotado, con falta de interacciones sociales o incapaz de hacer ejercicio, por más que lo intente no conseguirá llevar a cabo su objetivo. Además, si se pone en tratamiento con benzodiacepinas o antidepresivos, puede aumentar sensiblemente de peso ya que a menudo es un efecto secundario de estas pastillas.

“Las dietas no abordan los síntomas de la depresión así como tampoco la nula sensación de saciedad debido a la resistencia a la insulina”

“Todavía se sabe muy poco sobre cómo la incapacidad de las células para absorber glucosa sin requerir cantidades anormales de insulina podría tener un impacto en el estado de ánimo”, asegura Wurtman. Un estudio realizado hace muchos años midió los niveles de estos aminoácidos específicos en la sangre de mujeres obesas después de ingerir carbohidratos por la tarde. Los investigadores descubrieron que después de consumir carbohidratos, la insulina expulsa todos los aminoácidos de la sangre y los transporta a las células junto con la glucosa excepto a uno: el triptófano. Curiosamente, este es el que tiene un efecto directo sobre la producción de serotonina en el cerebro, una de las hormonas del bienestar. Cuando los niveles del resto de aminoácidos son altos, el triptófano no llega al cerebro, que deja de generar serotonina.

“¿Es posible que un período prolongado de resistencia a la insulina disminuya gradualmente la cantidad de serotonina en el cerebro y contribuya a la depresión?”, se pregunta la especialista. Un detalle importante es que la serotonina también es responsable del sentimiento de saciedad, por lo que podría ser que los diabéticos además de tener bajos niveles de serotonina tienden a sentir más hambre, lo que les lleva a ingerir mucha más cantidad de comida de la que deberían.

EC

“Las dietas no abordan los síntomas de la depresión así como tampoco la nula sensación de saciedad debido a la resistencia a la insulina”, concluye. “En vez de eso, restringen más los carbohidratos, lo que añade más leña al fuego, porque si estos no se ingieren el cuerpo no produce serotonina y la depresión tiende a persistir”. Wurtman añade que además estos programas no le conceden suficiente importancia al ejercicio físico, el cual está demostrado que revierte los síntomas de la depresión al liberar dopamina.

“No se deben evitar los carbohidratos, sobre todo aquellos ricos en fibra, como el arroz integral, las legumbres o el pan integral”, aconseja la médica. “En su lugar, deben evitarse todos aquellos que están azucarados y procesados. A medida que el cuerpo empieza a perder peso, los niveles de insulina tienden a volver a la normalidad”. De esta forma, hacer dieta se vuelve más fácil con el tiempo y el estado de ánimo mejorará, junto con una sensación de saciedad que aparecerá más rápido”.

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