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La escuela rural, un «foco de innovación» con un trato más personalizado pero que exige un esfuerzo extra de los docentes

Paradójicamente, y al contrario de lo que a menudo pueda pensarse, la escuela rural suele ser una fuente de innovación. Una innovación forzada por la necesidad de sobrevivir a la despoblación y que conlleva la utilización de nuevos métodos de enseñanza que potencian competencias como el arraigo, la cercanía, la empatía y el respeto por la naturaleza.

«En las escuelas rurales, lo raro es encontrar aulas de un solo curso. Yo he llegado a llevar tres niveles en un mismo año, y en la clase de mis hijos, de hecho, son siete alumnos y van todos juntos, desde Infantil hasta sexto de Primaria», explica a 20minutos Lourdes Bona, maestra en una localidad de Zaragoza.

Las clases multinivel son la tónica en los pueblos más pequeños del país. El progresivo vaciamiento de las zonas rurales ha reducido considerablemente el número de niños en las localidades más despobladas. Las escuelas rurales han tenido que adaptarse a la situación y, desde hace años, muchas -como la de los hijos de Bona- imparten clase a todos los niños (desde los 3 a los 11 años) en una única aula.

Esa enseñanza, que aglutina a alumnos de distintos cursos bajo un solo techo, puede contemplarse como una oportunidad. «El hecho de juntar distintas edades es muy beneficioso para la educación de los niños y las niñas. No solamente se forman, sino que conviven de forma habitual con la diversidad que supone la interacción entre distintos niveles de aprendizaje», subraya a 20minutos el secretario de Política Educativa de Comisiones Obreras (CC OO), Pedro Badía. «Los más mayores pueden ejercer una cierta tutela sobre los más pequeños y comenzar a aprender responsabilidades sociales y educativas», añade.

Hasta 300 kilómetros semanales para impartir clases

¿El inconveniente? El esfuerzo añadido del profesorado, abocado a trabajar con hasta ocho niveles al mismo tiempo para poder garantizar que todos y cada uno de los alumnos -hay que tener en cuenta que los de sexto de Primaria pasarán al instituto- alcancen las competencias exigidas en cada etapa.

«Lo ideal sería que todos los niveles tuviesen un tutor, pero hay que entender también que algunas unidades tienen únicamente tres o cuatro alumnos. Aun así, tendría que haber por lo menos dos profesores para que cada uno atendiera a cuatro niveles distintos», afirma a este periódico Pilar Gredilla, presidenta en Castilla y León del sindicato independiente de defensa del profesorado en la enseñanza pública, ANPE.

Además, la situación de estos docentes es distinta a la de las ciudades. Lo normal es que trabajen por itinerarios, esto es, que se trasladen a los colegios de otros pueblos para impartir las clases, pudiendo llegar a recorrer hasta 300 kilómetros semanales. La administración abona una compensación por kilometraje, sí, pero Gredilla considera que es insuficiente y está desactualizada. «Deberíamos hacer una revisión», asevera, indicando que el precio del combustible sube y que habría que adecuar los complementos, «muy antiguos», a la realidad, teniendo en cuenta que además se trasladan con su vehículo personal.

En definitiva, la representante de ANPE considera que hay que dotar de más medios a toda la enseñanza rural. Medios humanos, pero también materiales, como el acceso a Internet, cuyas deficiencias salieron a relucir durante la pandemia.

Un «foco de innovación»: ritmos más respetuosos y personalizados

Más allá de las clases multinivel, otra diferencia respecto a las ciudades son las reducidas ratios, que hacen que los profesores puedan centrarse en las características y necesidades individuales de cada alumno. «Te permite conocerlos mucho mejor, tanto a ellos como sus familias. Es una relación mucho más cercana, más respetuosa con los ritmos, porque ninguno se queda atrás por no poder seguirlo», detalla la maestra Lourdes Bona. Además, explica , en estas escuelas se potencia mucho el «arraigo», la educación emocional o la cercanía con la naturaleza.

«La escuela consiste en darle la mejor formación a los niños, y que la reciban de la manera más feliz posible. Es algo que se nos ha olvidado, y que la escuela rural mantiene entre sus objetivos y logros»

«Muchas veces nos vamos al parque, en matemáticas por ejemplo, y hacemos las decenas contando con casitas, medimos las zonas, los palos, etc. Al final, se trata de una educación consciente que te lleva a conocer el lugar en el que estás», destaca Bona.

Badía, de CC OO, coincide con la profesora aragonesa: «Yo creo que la escuela rural es un elemento de carácter dinamizador; no solamente en el sentido comunitario, que tiene un papel social importantísimo, sino también en el sentido educativo, porque son escuelas que, por su propio carácter y organización, te permiten desarrollar proyectos y modelos socioeducativos y experimentar en ámbitos que seguramente muchas escuelas urbanas no te lo permitirían».

Representa, en definitiva, «un foco fundamental de innovación pedagógica, pero también de creación de tejido social y cultural«, destaca Badía, detallando que se abre un modelo que va más allá del propio currículo oficial y de los libros de texto.

Precisamente por las oportunidades que conlleva la educación rural, puede contemplarse también como un ejemplo a seguir. No necesariamente aplicando los métodos de forma exacta, pero sí inspirándose en algunas metodologías de trabajo que puedan aplicarse a los centros educativos de las zonas urbanas.

«Esto supondría también situar o resituar la escuela rural en el tejido educativo que tenemos. No verla como algo alejado de los núcleos urbanos, que no tienen nada que ver. Y es que la escuela, sea rural o sea urbana, consiste en darle la mejor formación a los niños y niñas, y que la reciban de la manera más feliz posible. Creo que es algo que se nos ha olvidado y que la escuela rural, de alguna manera, mantiene entre sus objetivos y logros de trabajo», subraya Badía.

«Cuando cierras una escuela, cierras un pueblo»

La escuela rural tiene muchos retos por delante que, en gran parte «dependen de las políticas», tal y como señala el secretario de Política Educativa de CC OO. «Superar y afrontar con garantía esos retos depende del compromiso firme de las administraciones educativas y de una financiación estable y suficiente», añade, recordando que las zonas rurales representan más del 75% del total del territorio nacional.

Desde el Ministerio de Educación defienden que la despoblación -y, por tanto, las medidas para atajarla- es una de las prioridades de todas las iniciativas, y un factor que se tiene en especial consideración en casi todos los repartos de dinero. Sin embargo, recuerdan que la distribución concreta de los fondos es competencia de las comunidades autónomas. «La manera en que se está haciendo es incentivar la creación de plazas públicas gratuitas de todo tipo en los diferentes repartos de dinero», añaden fuentes del Ministerio.

«Es urgente que se visibilice la forma de trabajar en la escuela rural»

Preguntada por el principal reto, Bona lo tiene claro: «Faltan niños». Cuenta la maestra que cada vez hay menos personas que apuestan por la vida rural, lo que se traduce en una reducción de niños en las escuelas rurales. «Es urgente que se visibilice la forma de trabajar en la escuela rural y que se ponga en valor, porque parece que estos métodos no existan hasta que se llevan a las ciudades», asevera. Bona aboga por empezar desde la raíz, desde la universidad, pues denuncia que en la carrera obvian este tipo de educación, provocando que muchos estudiantes de magisterio terminen el grado «sin haber oído hablar de las aulas unitarias».

Al fin y al cabo, el colegio representa el centro cultural social y educativo del pueblo y es un condicionante básico que tienen en cuenta las familias con planes de mudarse a un pueblo. «Leí en algún lado que cuando cierras una escuela, cierras un pueblo», afirma Badía.

«La escuela es el punto central del pueblo», coincide Lourdes Bona. «El arraigo se crea en los centros, y si esos niños no tienen ningún tipo de arraigo con el lugar en el que están (por las amistades que crean, por ejemplo), no van a barajar siquiera la posibilidad, cuando sean mayores, de poderse quedarse», añade.

«La España vaciada solo puede poblarse cuando la ciudadanía sabe que contará con los servicios esenciales»

Al final, el escollo principal reside en la dependencia de un pueblo entero a la escolarización de los niños. «El movimiento de un alumno o de dos alumnos puede suponer que desaparezca una escuela», señala la presidenta ANPE en Castilla y León.

Es «la pescadilla que se muerde la cola», define Bona. Si no hay niños, la escuela queda abocada al cierre. Pero si no hay escuela, las familias optarán por otros pueblos que sí tengan. Para erradicar esta problemática hay pueblos que incluso ofrecen a los posibles nuevos habitantes con niños que, si matriculan a sus hijos en la escuela, les garantizan una vivienda en alquiler a un precio extremadamente bajo.

La escuela, concluye Badía, «es un elemento dinamizador, de la vida educativa, cultural y social, y garantiza población. Pero esa población tiene que tener también ámbitos económicos y culturales donde acogerse y poder desarrollar una vida digna, si no se irán a una ciudad». «La España vaciada solo puede poblarse cuando la ciudadanía sabe que contará con los servicios esenciales, como la educación, la sanidad y los asuntos sociales», coincide Gredilla.

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