Economía

La maldición de Borobia: bajo este pueblo soriano está el mineral que todos persiguen

Alberto Jiménez se acerca poco a poco a la carretera principal y, mientras narra sin desfallecer la situación de su municipio, señala al fondo. «Anda, mira, ahí va un camión lleno. Lo ves, es que con las más de 24 toneladas que llevan se cargan el asfaltado y están agrietando hasta las casas, porque pasan unos 50 al día y esto no está preparado. Se les dijo que tenían que hacer otro acceso, pero nada. Es que esto no puede ser». Jiménez es uno de los pocos vecinos que quedan en el pequeño pueblo de Borobia (Soria) en pleno otoño de 2021, y el vehículo que señala lleva el material sacado de la mina que debía cambiar eso, salvar su hogar de la despoblación. Sin embargo, lo que iba a ser el milagro de esta comarca olvidada se está convirtiendo en un castigo. «La verdad es que hubiera sido mejor que no estuviera aquí», reniega el vecino.

Este pequeño enclave empedrado en la falda suroccidental del Moncayo es una imagen perfecta de la España que ve cómo el fin le pisa los talones. Lugar histórico, escudos de armas, iglesia de altura y más de 1.000 habitantes hasta la segunda mitad del siglo XX, que se han quedado en algo más de 200 en la actualidad. Para parar esta sangría, se encontró en los años noventa con algo que muchos definirían como un tesoro que salvaría su futuro y el de cualquier lugar con su suerte: es uno de los pocos sitios del mundo que cuentan con magnesita. Bajo sus pies se esconde uno de los minerales más cotizados por la industria global y fundamental para el futuro de Europa. ¿El problema? Mientras el magnesio cada vez es más necesario y caro, los quebraderos de cabeza por su explotación se multiplican.

Michael Mcloughlin

Aunque Jiménez y otros vecinos llevan años en conflicto con la mina (se explota desde 2015, pero el proyecto se aprobó en 2007), el nombre de la magnesita ha vuelto a las portadas de los periódicos en las últimas semanas por otra razón. China, principal productor de óxido de magnesio (el producto que surge de este mineral y que se utiliza en todo tipo de sectores imaginables, desde fertilizantes a metalurgia e incluso en la papelería), ha decidido cortar el grifo de nuevo y el nombre de este mineral se suma a la lista de peligros para la economía mundial con una multiplicación de precios y una situación «catastrófica», según el sector automotriz europeo. Esta industria es una de las más afectadas por este movimiento.

Frente a este panorama, España se alza (gracias a su poder como fuente de recursos minerales) como uno de los pocos lugares del continente con reservas de este mineral con posibilidades de extracción, junto a Grecia, Austria y Eslovaquia (solo hay 12 países productores en el mundo y España lleva cerca del 3% de la producción). Pero la necesidad y el atractivo de la independencia industrial chocan con una dura realidad: una de las tres minas que hay ahora mismo en nuestro país (hay una en Lugo, otra en Navarra y otra en Soria) vive en conflicto con muchos de los vecinos. En Borobia, se muestra una batalla que se empieza a dar en todo el continente.

Situación actual de la mina de Borobia. La nueva explotación ocuparía hasta las montañas del fondo de la imagen aproximadamente. (Guillermo Cid)Situación actual de la mina de Borobia. La nueva explotación ocuparía hasta las montañas del fondo de la imagen aproximadamente. (Guillermo Cid) Situación actual de la mina de Borobia. La nueva explotación ocuparía hasta las montañas del fondo de la imagen aproximadamente. (Guillermo Cid)

Europa necesita de sus recursos para no depender de terceros que juegan con precios y presiones. Sin embargo, no es tan sencillo. «Nos vendieron que iban a crear puestos de trabajo en el pueblo, que iban a financiar infraestructuras, que ayudarían al desarrollo… Pero de momento nada de eso se ha hecho. De los 15 operarios que tienen en la mina, solo uno es del pueblo, y nuestro ayuntamiento encima atiende todas sus peticiones, arregla lo que ellos deterioran y no les pone pegas. Todo por un canon de explotación bajísimo y la idea sin fundamento de que esto puede salvar el pueblo de acabar vacío», comenta Jiménez.

La guerra por la independencia

Este vecino de 54 años es uno de esos personajes con que cuentan todos los pueblos de España. Historiador del lugar, cronista, defensor del pueblo y conocedor de cada rincón del municipio. Y ahora, cómo no, se ha convertido en algo así como el portavoz de la lucha por la mina. Porque, al menos según él y otros vecinos que han alzado sus quejas a los medios, en Borobia están hartos de la extracción del ‘oro blanco’. «Pusieron la mina después de perder un referéndum y convencer a la siguiente corporación con todo tipo de promesas y campañas de publicidad aprovechando el miedo a la desaparición, se les dieron unas condiciones muy favorables y aun así sigue habiendo problemas con la contaminación de los ríos, destrozo de las carreteras, afección a las tierras, a los acuíferos y al paisaje… Y encima ahora quieren duplicar la explotación con una concesión de 15 años».

La batalla de Borobia (ya están recogiendo firmas para un nuevo choque incluso judicial contra los gestores de la mina por no cumplir los condicionantes estipulados y así poder frenar la ampliación) choca con la necesidad de Europa de explotar sus recursos si quiere dejar de depender tanto de países como China. Tras la pandemia, la relocalización ha empezado a ganar tracción y crisis como la energética actual dan una idea de lo necesario que es poder controlar los recursos que necesitas. Pero no parece que vaya a ser fácil gestionar este cambio, ni siquiera en enclaves olvidados. «Se creían que les íbamos a regalar esto, sin embargo, aún quedamos unos pocos con ganas de pelear», añade este doctor en Historia por la Universidad de Zaragoza.

Rocas de magnesita encontradas en los alrededores de la mina de Borobia como restos de las voladuras. (Guillermo Cid)Rocas de magnesita encontradas en los alrededores de la mina de Borobia como restos de las voladuras. (Guillermo Cid) Rocas de magnesita encontradas en los alrededores de la mina de Borobia como restos de las voladuras. (Guillermo Cid)

La mina soriana es propiedad de MagSor (Magnesitas Sorianas), que a su vez es propiedad de Magna (Magnesitas Navarras), parte desde hace algunos años del grupo agrario francés especializado en piensos y nutrientes Rouiller. Una compañía que también maneja la mina navarra de Eugi y está cerca de abrir una nueva en la comunidad foral ante el agotamiento de la más longeva. Desde esta empresa, defienden su explotación con esos principios: es un bien escaso y con el que España puede jugar un papel estratégico y su explotación ayuda al desarrollo de la zona. «Obviamente, hay muchas cosas que mejorar, pero es un material mucho más necesario de lo que incluso llegamos a imaginar, todos lo necesitamos para nuestro día a día y estamos ayudando al desarrollo de la comarca», señala Jorge Baños, director general adjunto en Magnesitas Navarras.

Baños es transparente, a él tampoco le gustaría que encontraran un yacimiento en la puerta de su casa, pues el impacto visual es importante ante una mina a cielo abierto, pero cree que hay una mala imagen construida alrededor del sector minero que no es tal, que se debe mejorar esa comunicación y que su explotación puede ser fuente de riqueza para el entorno. «Estamos ayudando al ayuntamiento con todo tipo de proyectos. Reacondicionamiento de edificios, construcciones, mejoras de infraestructuras, llegada de nuevas familias al municipio, e incluso un plan de ecoturismo en destino que se acaba de presentar… Es verdad que tenemos que ayudar a fijar población con la gente que viene a trabajar a la mina para que se establezcan, no obstante estamos en ello. Solo llevamos seis años con la explotación», comenta el directivo.

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