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Laporta, Koeman y el Fútbol Caos Barcelona

Joan Laporta se enteró de que Ronald Koeman iba a leer un comunicado ante los medios de comunicación cinco minutos antes de que el entrenador se sentara ante la prensa. Eran las 12:55 del mediodía y el presidente acababa de llegar a Palos de la Frontera (Huelva) para un encuentro con unas peñas del Barça. Koeman tampoco había avisado ni consensuado el mensaje con los empleados de comunicación y se lo avisó únicamente a los capitanes cuando terminó el entrenamiento. Koeman, en definitiva, decidió ir a la suya y lanzarle un órdago a Laporta. Ya ni siquiera forman un matrimonio de conveniencia: la guerra es abierta y el club es un caos.

Ahora, falta por saber cuánto durará la agonía del técnico en el banquillo azulgrana. Lógicamente, a Laporta el comunicado le ha sentado fatal, pero por ahora no tiene repuesto ni una idea concreta de quién será su sustituto. La improvisación de la que siempre ha salido bien parado comienza a pasarle factura. Hasta ayer, lo fácil era disparar contra el entrenador aunque fuera por persona interpuesta.

Ulises Sánchez-Flor

Comenzó él irrumpiendo hace dos semanas en una reunión con periodistas soltando las condiciones bajo las que renovaría a Koeman, que empezaban por jugar con el sistema que él quería y terminaban por dar protagonismo a Riqui Puig y Umtiti. Más tarde, su amigo Enric Masip, que ocupa el cargo de asesor a la presidencia, criticó al entrenador con un tuit y este pasado martes por la noche en una entrevista al programa ‘Onze’ de Tv3 no aseguró su continuidad. Sin embargo, con el comunicado el holandés, que está harto, se ha adueñado del relato y ha puesto de manifiesto las enormes diferencias que le separan del presidente al que ha obligado a posicionarse. Básicamente, o le echa, o se calla.

Diferencias en el mensaje

El mensaje de uno y otro es antagónico. Mientras que Koeman afirma que el objetivo de la temporada es que “un alto ‘ranking’ en la Liga sería un éxito y en la Champions League no se pueden esperar milagros”, Laporta lleva vendiendo optimismo desde la campaña electoral. En su primera rueda de prensa explicó que “perder tendría consecuencias” y que en el Barça no hay temporadas de transición, en el día que explicó la marcha de Messi aseguró que al Barça le esperaba “una época esplendorosa” y horas antes del partido ante el Bayern arengó a las masas con el mensaje de que tenían cuentas pendientes “y debemos hacer valer el peso del escudo”.

Las expectativas deportivas del entrenador no son ni parecidas a las del presidente. Los discursos son contrarios y Koeman no compra el optimismo exagerado de Laporta. La situación parece insostenible, aunque la primera reacción del dirigente, en Huelva, ha sido la de pedir calma: “Nos hemos enterado a última hora que pretendía hacer el comunicado y es muy libre de hacerlo o contestar a las preguntas en rueda de prensa. Estamos en un momento difícil, ahora debemos tener mucha serenidad y esperar a que haya un buen resultado en Cádiz. Tenemos dos partidos muy importantes esta semana y vamos a seguir adelante. ¿Hablar con Koeman? Ahora es mejor bajar la pelota al suelo y hacer un buen partido”.

No hay un plan

Laporta, que se había acostumbrado a enviar comunicados desde su despacho (lo hizo tras la derrota ante el Bayern y el empate con el Granada) grabados de forma rudimentaria con un móvil y sin micrófono asegurando, eso sí, que tenía la solución controlada y que iba a solucionarla sin enviar una sola palabra de apoyo al técnico, se ha dado de bruces ahora con el comunicado leído en voz alta en la sala de prensa por Koeman.

Koeman en el entrenamiento del Barcelona. (EFE)Koeman en el entrenamiento del Barcelona. (EFE) Koeman en el entrenamiento del Barcelona. (EFE)

Echarle tiene un coste económico, una indemnización de 12 millones de euros que ya fueron claves este verano cuando decidió que siguiera en el banquillo en parte por la ruina económica del club y en parte porque no tenía sustituto. Tres meses después, la situación es idéntica, pero el desgaste también lo ha sufrido él porque empieza a haber dudas sobre su gestión. Si no se creía a Koeman, si no era su elegido, pero no pudo despedirle, lo más inteligente hubiera sido cerrar filas porque, a pesar de todo, es el entrenador que dirige al equipo. Debilitarle públicamente como han hecho ha supuesto quedar al descubierto, sobre todo después de que Koeman enseñe sus cartas: no hay plan.

A partir de ahora, Joan Laporta deberá actuar porque el técnico no va a dimitir. Y si le fulmina está obligado a dar con la tecla: un entrenador nuevo que genere consenso y obtenga los resultados que él lleva prometiendo desde que llegó a pesar de la marcha de Messi, de Griezmann, de la ruina económica heredada por la nefasta gestión de Bartomeu y con una plantilla en la que conviven viejas estrellas y pipiolos sin experiencia. En la casa tampoco puede mirar para buscar una solución de emergencia porque echó a García Pimienta, el técnico del filial, nada más aterrizar. Se mire por donde se mire, la papeleta es complicadísima y el caos actual escenificado por el comunicado de Koeman ha sido la última gota en un vaso que ya hace tiempo que pierde líquido.

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