Economía

Las familias meten en la hucha 34.500 millones para protegerse de la pandemia

Si hay un indicador que refleja mejor que ningún otro la confianza de las familias en la economía, ese es la tasa de ahorro. Crece en tiempos de incertidumbre y disminuye cuando el horizonte está despejado. Y eso es, precisamente, lo que ha sucedido entre marzo y septiembre, es decir, durante los dos primeros trimestres de la pandemia. El ahorro se ha disparado.

Los hogares, en concreto, han ahorrado 68.359 millones de euros en ese periodo, casi el doble de los 33.885 millones que dejaron de gastar en el mismo periodo de tiempo del año anterior. Eso significa un ahorro adicional de 34.474 millones, lo que da idea de la desconfianza de las familias sobre el futuro de la economía.

Es más, como ha recordado Funcas, el ahorro de los hogares alcanzó en el segundo trimestre de este año, en la fase más dura de la pandemia, un nivel inédito en España: nada menos que un 22,5% de su renta disponible, frente a la media del 8,2% registrada entre 1999 y 2019. La parte negativa es que un incremento tan significativo de la tasa de ahorro a corto plazo es procíclico, lo que significa que se intensifica la recesión.

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Ahora bien, se trató en buena medida de un ahorro forzoso debido a las restricciones, cuyo impacto ha sido mucho menor en el tercer trimestre de este año. Para hacerse una idea de lo que representa ese nivel, solo hay que tener en cuenta que inmediatamente antes de que estallara la crisis anterior, en el tercer trimestre de 2007, el ahorro de los hogares se desplomó hasta el 2,9%; lo que indicaba, de hecho, una fe casi ciega en el futuro de la economía española.

Lo relevante, sin embargo, no es solo la cantidad, que representa nada menos que el 15,4% de la renta disponible de los hogares si se eliminan los efectos del distinto calendario, sino la influencia que puede tener en la financiación de la recuperación económica.

Demanda embalsada

Lo que ha sucedido históricamente es que las crisis producen un retraimiento del consumo; pero luego, a medida que mejora la confianza, esa demanda embalsada va saliendo al mercado, lo que en definitiva acelera la actividad por la vía del empleo, que es el factor que más contribuye al incremento del PIB. En la anterior crisis, según el Banco de España, la tasa de ahorro llegó a aumentar en 7,4 puntos porcentuales entre 2008 y 2009, hasta alcanzar el 17,8% de la renta disponible de las familias.

Este patrón de comportamiento, similar durante todas las recesiones, explica igualmente, además de otros factores como la caída de los tipos de interés, que las familias hayan acumulado una ingente cantidad en efectivo y depósitos. En concreto, según datos del Banco de España, 965.000 millones de euros al finalizar el segundo trimestre de este año, lo que da idea de la enorme liquidez con que cuenta la economía para impulsar la recuperación de la actividad, sin contar la que proporciona el Banco Central Europeo (BCE).

Carlos Sánchez

Ese volumen de efectivo y depósitos supera, con mucho, las deudas de las familias, es decir, los pasivos, que ascienden a 769.000 millones de euros, principalmente en préstamos para la adquisición de viviendas. De hecho, si se incorporan todos los activos en poder de los hogares (participaciones en empresa o fondos de inversión), el ahorro histórico de las familias se aproxima a los 1,6 billones de euros, sin contar el patrimonio inmobiliario.

La canalización del ahorro hacia la inversión productiva, sin embargo, choca con algunos factores estructurales, como el envejecimiento de la población, que reduce la propensión al consumo; pero también institucionales, como es la preferencia por los depósitos en lugar de invertir en activos como fondos de pensiones o inversión. Además de un factor cada vez más relevante, las incertidumbres sobre la sostenibilidad del sistema de pensiones, que hacen que muchos hogares ahorren o inviertan en activos inmobiliarios para asegurarse una jubilación adecuada, sobre todo en un contexto como el actual.

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