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Ley seca en los JJOO de Tokio, ¿podrías ver el España-Japón sin una cerveza en la mano?

Hay quien dice que la cerveza —o el alcohol— y el futbol son la ecuación perfecta para la hostelería. El futbol —y el deporte en general—, y más en unos Juegos Olímpicos en los que no solo hay partidos de futbol, sino también de baloncesto y otros deportes, es uno de los grandes dinamizadores del consumo en bares y restaurantes no solo en España, sino en el mundo entero. Millones de personas en todo el planeta acuden a bares para ver sus equipos o selecciones nacionales con una cerveza, u otra bebida alcohólica en la mano. Y no hace falta leer un solo informe de ninguna universidad para saber que los locales que emiten eventos deportivos en directo duplican las cifras de su negocio.

El Confidencial

Tokio no es una excepción, más bien todo lo contrario: existe una gran cultura de reunirse en los bares, no tan solo para ver deportes, sino que existe una costumbre muy arraigada de ir a beber con los compañeros de trabajo después de las largas jornadas laborales de esta gran metrópolis asiática. Hace poco más de año y medio, la perspectiva de hosteleros y restauradores era inmejorable: unos Juegos Olímpicos en perspectiva que iban a traer millones de turistas; pero, en vez de eso, este verano la capital japonesa está experimentando las mayores cifras de casos desde el inicio de la pandemia.

Para luchar contra estas altas cifras de covid-19, el primer ministro japonés, Yoshihide Suga, declaró el cuarto estado de emergencia en la ciudad de Tokio hasta el 22 de agosto, a la vez que la ciudad se preparaba para disputar unos juegos sin público y casi clandestinos. A su vez, como medida reforzada, ordenó que todos los locales deberían cerrar sus puertas a las ocho de la noche y emitió una prohibición de venta de alcohol a bares, restaurantes y karaokes, algo que provocó una ola de indignación desde el sector. “Debemos evitar absolutamente una situación en la que las infecciones se propaguen desde Tokio”, dijo Suga en conferencia de prensa.

Los locales que cumplen y no venden alcohol reciben un apoyo financiero por adelantado

Los locales que cumplan con las solicitudes para dejar de servir alcohol reciben un nuevo apoyo financiero por adelantado del Gobierno en virtud de un nuevo sistema que ha introducido. Desde la declaración del primer estado de emergencia en la primavera pasada, el Gobierno japonés ha apoyado económicamente a los bares, restaurantes y karaokes que han tenido la persiana bajada durante las declaraciones de estado de emergencia. A pesar de ello, muchos negocios han ignorado las peticiones de cerrar o acortar el horario comercial porque el apoyo financiero del Gobierno llega muchos meses después de presentar las solicitudes de ayuda.

EFE

El Gobierno japonés ofrece subvenciones diarias de entre 40.000 yenes (307 euros) y 200.000 yenes (1.538 euros), dependiendo del tamaño del establecimiento, junto con una ayuda del 70% del salario de cada empleado fijo que tenga cada local, unas cifras muy generosas y más si se compara con cualquiera de las ayudas que se han dado en España o cualquier economía de la Unión Europea. A los que incumplan, las autoridades los amenazan con multas de hasta 300.000 yenes (unos 2.300 euros), aunque quedan excluidas todas aquellas actividades que sean de comida para llevar. Y aunque las solicitudes para hacer cumplir la ley no son estrictamente obligatorias, cabe decir que la mayoría de locales optan por cerrar persianas y aceptar las generosas subvenciones del Gobierno de la tercera economía más importante del planeta.

El cocinero extremeño afincado en Tokio Chema Guillen pone en cuestión toda esta situación: “El estado de emergencia es un poco raro, porque no se puede consumir alcohol (o más bien no se debe) en los locales, pero luego puedes ir a una tienda 24 horas y comprar una cerveza o una bebida alcohólica y nadie te dice nada”. Guillen explica a El Confidencial que no todos los japoneses siguen las reglas, aunque sí la inmensa mayoría. “Me acuerdo de que paseando por Ueno veía todos los bares llenos de gente consumiendo alcohol y la policía no dice nada”, asegura.

Jordi Oliver: “Con la primera línea de ayudas el Gobierno japonés iba de sobrado porque pensaban que esto acabaría pronto”

A pesar de las ayudas gubernamentales, Guillen cree que estas medidas suponen una precarización para la gente que trabaja en el sector. “Tengo varios amigos de cuando trabajaba en mi antiguo bar que, pesar de ser fijos, les han bajado el sueldo a la mitad y tienen que verse obligados a estar trabajando parcialmente”. “Y muchos se están haciendo autónomos usando su propia cocina para trabajar a domicilio con empresas como Uber Eats”, asegura el extremeño. Aunque para él esta situación no es tan mala, ya que “se puede ganar hasta 70.000 yenes por semana (unos 540 euros) e incluso conozco alguna persona que ha llegado a los 400.000 al mes (unos 3.100 euros)”, unas cifras que en España serían menores.

“Cuando hicieron la primera línea de ayudas el año pasado, el Gobierno japonés parecía que iban de ‘sobrados’ porque debieron pensar que esta situación se acabaría pronto y daban bastante dinero para los que tenemos pequeños negocios de hostelería, pero para los locales muy grandes era bastante insuficiente. Poco a poco han ido cambiando el sistema de pagos y, paralelamente, rebajando la cuantía de las ayudas y entonces muchos locales no tienen suficiente con esto, pero hay otros como es mi caso que tenemos suficiente e incluso salimos ganando cerrando”, afirma Jordi Oliver, propietario del restaurante catalán La Fonda Sant Jordi, en el área de Ebisu.

A. A.

El mallorquín Miquel Rosselló, propietario del Spanish Tapas Bar Rosselló en el barrio tokiota de Meguro, explica a El Confidencial que, cuando le dijeron que su bar de tapas y vinos españoles, todo importado de España, tenía que cerrar, “te puedes imaginar cómo me puse”. “Nuestro bar está en la calle principal del barrio, muy cerca de la estación de tren, y toda la gente que va a coger el tren o regresa del trabajo pasa por delante de mi bar, y a mí me interesaría más tenerlo abierto”, admite Rosselló.

“Nosotros tenemos una televisión y teníamos la esperanza que la gente pudiera asistir a los Juegos y, de este modo, nosotros también podríamos haber permanecido abiertos para ver qué hace España; era un valor añadido que nosotros teníamos, pero al final nos han cortado todo, tanto horario como el alcohol”, explica Rosselló. En esta misma línea, Oliver explica que muchos establecimientos se habían preparado para acoger a muchos turistas para poder disfrutar de los juegos. “Hubo muchos restaurantes que invirtieron en formar a sus trabajadores en idiomas y en traducir sus cartas y menús a otras lenguas”, explica el chef catalán.

Foto: EFE.Foto: EFE. Foto: EFE.

Respecto a la prohibición de la venta de alcohol, Oliver y Rosselló tienen puntos de vista diferentes. “No siempre he cerrado durante los estados de emergencia porque, en algunas ocasiones, no lo he considerado necesario”, confiesa Rosselló. Oliver afirma que “el hecho de que no podamos vender alcohol para evitar la propagación del virus lo veo muy bien, porque tenemos que entender que la gente, cuando bebe alcohol, entra en un estado de euforia y pierde la noción del peligro y de la realidad; el concepto es no vender alcohol y que lugar donde ir a comer sea estrictamente para ello y no para hacer relaciones sociales, porque ahora no toca”.

“Quien no cierra no es porque no tenga más remedio o no pueda obtener dinero, sino porque quizá tiene miedo de que sus clientes se vayan a otro sitio. Hay algunos que también hacen trampa; es decir, hacen ver que tienen cerrado y que no venden alcohol (para cobrar las ayudas), pero están dando servicio con la persiana medio abierta, que nosotros sabemos mucho de esto”, explica el chef catalán. “Uno tiene dos opciones: aceptar las ayudas o no hacer nada y seguir abierto, y nadie te dirá nada o, como máximo, pueden venir del Gobierno y obligarte a pagar una multa que creo que son unos 100.000 yenes (unos 800 euros) y puedes permanecer abierto y no pasa nada”, explica el mallorquín.

Lucas Proto

Ambos restauradores coinciden en el retraso en el cobro de las ayudas del Gobierno japonés. “En el nuevo sistema se puede pedir cobrar por adelantado, pero, personalmente, la última ayuda que he cobrado fue la del mes de abril y estamos en agosto. Sí, es cierto que pagan, pero con bastante retraso, y las subvenciones de los salarios también las pagan con retraso”, relata Oliver. “Sacaría más beneficios estando abierto, pero lo que es mi sueldo no lo estoy perdiendo, voy pidiendo las subvenciones del Gobierno, pero van muy lentos en los pagos. Por ejemplo, aún no me han pagado el diciembre del año pasado y estamos en agosto”, confiesa Rosselló.

Ahora no se hacen cenas de empresa ni de negocios, el potencial ha caído el picado

Respeto su visión del futuro, ambos chefs también difieren. “Yo me estoy planteando cerrar”, explica Oliver. “Cuando proyecté abrir La Fonda tenía en mi cabeza dar servicio a empresas para cenas de negocios porque estamos rodeados de compañías. Ahora no se hacen cenas de empresa ni de negocios y no se sabe qué sucederá después de la pandemia, pero, indudablemente, el potencial ha caído en picado y, viéndolo en perspectiva, quizás no me saldrá a cuenta tener abierta La Fonda. Ahora tengo en mente diferentes ideas de lo que debería de hacer y, cuando se acaben las subvenciones, tendré que actuar y ya tengo diversos proyectos en mente”, confiesa preocupado el chef catalán. Por su parte, el mallorquín no duda: “En ningún momento me he planteado cerrar, en realidad, no puedo esperar a volver a tener abierto”.

Desde otra perspectiva, el propietario del popular Bonjour Tokyo Bar, Julien Tirode, aceptó abrir en un principio cerrando a las ocho de la noche y sin servir alcohol, “pero mis clientes suelen terminar de trabajar a las seis o las siete, así que no venía nadie y tuve que cerrar temporalmente”. Pero Tirode no se queja porque cree que las ayudas del Gobierno son más que suficientes: “En términos de subsidios, el Gobierno japonés es bastante generoso” aunque, a pesar de ello, se pregunta hasta cuándo puede durar esta situación. “Mientras exista un estado de emergencia o restricciones, el estado dará dinero. Pero espero que la situación de la pandemia mejore lo suficiente como para poder abrir mi barra en condiciones normales”, afirma este francés afincado en la capital japonesa. Cuando le preguntamos si ha pensado alguna vez en cerrar, se muestra meridianamente rotundo: “No, nunca cerraré”. Otra muestra de esperanza ante la virulencia del virus.

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