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Lo mejor y lo peor | Hacer sangre en el Clásico: eso le pedían al Real Madrid

El Real Madrid ganó el Clásico de Riad en Arabia Saudí (2-3), está a un partido de conquistar el primer título de la temporada, vivo en todas las competiciones y, aun así, se le hacen reproches. Solo ha perdido tres partidos esta temporada (Sheriff, Espanyol y Getafe) y sobrevuela la duda de que en cualquier momento se puede desplomar. Era un día para golear al Barcelona y necesitó de una prórroga. Se puso dos veces por delante, no apretó el acelerador y hubo relajación. Perdonó cuando le tocaba dar leña. Lo que alimenta las dudas es si a este Real Madrid le da para ganar eliminatorias gestionando los partidos desde atrás y al contragolpe.

En la Liga tiene margen de puntos para corregir un traspié, aunque ahí está el Sevilla. Pero en la Champions, Copa del Rey y en la final del domingo en la Supercopa, en el ‘mata a mata’, no es fiable. Al aficionado del Real Madrid le hubiera gustado que su equipo hiciera sangre y se acostó con sudores, frustrado por tener que escuchar a Xavi decir que fueron mejores y que el Clásico sirvió para quitarse los complejos y pregonar que ya han encontrado el punto de inflexión para crecer. Esto no es lo que deseaban en las filas blancas. Esperaban gozar con una humillación a los culés y el regocijo solo duró los primeros 25 minutos. Hasta que Vinicius hizo el primer gol y después se enfrió y lo fio todo a los contraataques.

Lo mejor | Benzema caza en manada

Karim Benzema sigue demostrando que tiene colmillo y que es el mejor jugador para guiar al equipo como el líder de la manada en ataque. Le robó el balón a Busquets en la acción del primer gol que acabó, con una asistencia suya, en la definición de Vinicius. Es una demostración de lo que es un futbolista que sí salió a hacer sangre en el Clásico. Olió la presa y lanzó el ataque. Una recuperación clave, decisiva, que sirvió para meter más miedo en las filas del Barcelona. Pero sus compañeros no le siguieron. La actitud cambió y el Madrid se volvió más conformista que agresivo. Se dejó llevar por un planteamiento en el que convenía ahorrar energías y buscar contragolpes.

Benzema celebra el gol marcado al Barcelona. (EFE/Julio Muñoz)Benzema celebra el gol marcado al Barcelona. (EFE/Julio Muñoz) Benzema celebra el gol marcado al Barcelona. (EFE/Julio Muñoz)

Si no es por Benzema, un día más, el Real Madrid habría sido un equipo inofensivo. Dio una asistencia, envió un disparo al poste e hizo un gol. Generó fútbol con ayudas para hacer progresar el balón, rompió líneas, presionó para robar la pelota, incomodó, asistió y definió. Esta era la actitud que se esperaba de todos los jugadores en un día señalado para darle un severo correctivo al Barcelona.

Lo bueno | La definición de Vinicius

La ejecución del gol de Vinicius resultó perfecta. El brasileño ganó el duelo a Araújo, condujo la pelota con seguridad y fusiló a Ter Stegen con un disparo por la escuadra. Un gol perfecto. De los que refuerzan la versión de una mejoría sobresaliente en un futbolista que ya no es un simple extremo, driblador y agitador. Sigue sumando con goles y ya son 15 los que lleva esta temporada, junto con 7 asistencias, en los 27 partidos disputados. Vinicius se ha hecho fuerte en la banda izquierda, es indiscutible y se ha ganado el respeto. Era una amenaza para Dani Alves, pero le faltó dar más continuidad a su explosividad y haber comprometido más a una defensa que tomó todo tipo de precauciones para frenarle.

Lo normal | La letalidad del contragolpe

El Real Madrid ganó el Clásico al contragolpe y con un gol en la prórroga de Fede Valverde. Se ha normalizado que el planteamiento de Ancelotti sea replegar el equipo, robar y lanzar los contraataques. Es la mejor arma del Real Madrid. Con la que más cómodo se siente en el campo y resulta letal. En este tipo de partidos, en los que el rival propone llevar la iniciativa y deja espacios, al Madrid le dan la vida las acciones de contragolpe. Las explota con maestría.

Ulises Sánchez-Flor

Puede ser uno de los mejores conjuntos de Europa o el mejor en el juego de transiciones. Y lo consigue por el oficio, compromiso y precisión que tienen los tres del centro del campo (Casemiro, Kroos y Modric) y la velocidad de los de arriba (principalmente Benzema y Vinicius). A Marco Asensio le faltó acierto y regularidad en el Clásico. Pero Ancelotti recuperó a Fede Valverde. El uruguayo tiene unas cualidades perfectas para hacer daño en el juego de ida y vuelta.

Lo malo | Especular con el resultado

Hasta en dos ocasiones pudo empatar el Barcelona el partido. Mal asunto. El equipo de Carlo Ancelotti jugó con fuego y se pudo quemar. Tuvo fases en las que el conjunto azulgrana generó mucho peligro con el vértigo de Dembélé y la salida al campo de Ansu Fati. Hubo relajación tras los goles y momentos en los que tocó sufrir por especular con el resultado. También se vieron despistes defensivos y cansancio. El partido quedó abierto y lo que se pensaba como una goleada pasó a ser un sufrimiento. ¿Debería ser el Real Madrid más protagonista en este tipo de encuentros? Es uno de los reproches que se le hace al planteamiento de Ancelotti, por conservador y acomodar demasiado al equipo atrás esperando las acciones de contragolpe.

Militao y Piqué pugnan por un balón en el Clásico. (EFE/Julio Muñoz)Militao y Piqué pugnan por un balón en el Clásico. (EFE/Julio Muñoz) Militao y Piqué pugnan por un balón en el Clásico. (EFE/Julio Muñoz)

Lo peor | Los despistes de Militao salen caros

Eder Militao vuelve a ser un defensa que produce confusión. Tiene partidos que parece la mejor versión de Sergio Ramos y, en otros, peca de excesos de confianza que cuestan goles. Pasó contra el Getafe, en el primer partido tras el parón navideño, y no estuvo acertado en el gol de Luuk de Jong que significó el empate a uno. A Militao le faltó tensión y contundencia. El delantero holandés intuyó que estaba despistado. Es un problema de concentración que tiene que solucionar el central brasileño y en el Clásico no sirve de excusa que no estuviera a su lado David Alaba (baja por molestias musculares). Tampoco llegó a tiempo para evitar el remate de cabeza de Ansu Fati en el segundo gol. Tiene días que apunta a central poderoso y fiable y otros, los menos, en los que comete pifias. Lo grave es que no tengan remedio y queda mucha temporada.

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