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Los barrios de Madrid buscan apoyo para alejar las ‘cocinas fantasma’ de los coles: “Experimentan con nuestros hijos”

Arranca esta mañana la recogida de firmas para alejar las llamadas ‘cocinas fantasma’ de los lugares residenciales y, sobre todo, de los hospitales y los colegios. Estas ‘dark kitchens’ son negocios industriales, que ocupan centenares de metros, en los que se cocina comida para exclusivamente para el ‘delivery’, por lo que se han colocado allí donde está la demanda de comida para llevar, en las zonas residenciales, y que vierten humo, azufre, malos olores y contaminación de forma constante.

Los vecinos y padres afectados han empezado esta campaña frente al colegio Miguel de Unamuno, en Arganzuela, uno de los lugares más afectados por tener tres chimeneas que vierten directamente al patio y que no saben que consecuencias pueden tener para los 900 menores que estudian allí: “El Ayuntamiento dice que no hay estudios que prueben que estos humos impactarán ni negativa ni positivamente sobre los niños, pero nadie arriesga sobre la salud de sus hijos y a nosotros nos están pidiendo que experimentemos con ellos“, se queja Noelia Cabezas, madre de este colegio y miembro de la Plataforma de Afectados por las ‘Cocinas Fantasma’.

El caso del colegio Miguel de Unamuno es especialmente flagrante porque se ha colocado un local industrial de 600 metros cuadrados, con capacidad para 12 cocinas, de las que, desde hace dos semanas, funcionan dos, en los bajos de una zona residencial, pared con pared con un colegio al que acuden 900 menores de entre 13 y 12 años, en Alejandro Ferrant 8: “Las chimeneas están a la altura de un primero, vierten directamente sobre el patio y están muy cerca de las clases“, asegura Cabezas.

Aunque el Ayuntamiento no ha hecho un estudio medioambiental que estudiara si estas emisiones eran nocivas antes de conceder la licencia, los padres sí han consultado con expertos: “En el Ciemat nos dijeron que los agentes nocivos que salen por las chimeneas tienen partículas de azufre y dióxido de carbono que, teniendo en cuenta el tiempo de exposición, era bastante preocupante para los niños“, cuenta esta madre a 20minutos.

Además de lo que emite la cocina, está el aumento de tráfico, camiones de reparto y ‘riders’ que trae: “Según la licencia, la empresa prevé un aumento de unos 500 vehículos que pasarán por el entorno escolar. Con dos cocinas, ya ha habido veces que nos hemos tenido que apartar de la acera porque los ‘riders’ circulan en sentido contrario. ¿Cómo será con 12?”, se pregunta.

Estos padres y madres simplemente no entienden “como se puede poner una fábrica al lado de un colegio” ni “en qué ciudad del mundo se permite poner un negocio industrial al lado de una escuela”. Y cuando le trasladaron esto al Ayuntamiento, en una reunión con Mariano Fuentes, Delegado de Urbanismo, se les informó de que la economía debía convivir con las residencias, que no había estudios sobre la peligrosidad de estos humos y que, en todo caso, es a lo que se enfrentaban al vivir en el centro y no en un pueblo, según cuenta Cabezas.

“El alcalde, José Luís Martínez Almeida, nos ha dicho que no se puede hacer nada porque estos negocios tienen licencia, pero que si pasa algo grave tendremos las puertas del Ayuntamiento abiertas” dice Noelia. ” Entonces, ¿tengo que esperar a que dentro de diez años mis hijos tengan afecciones de pulmón o a que un ‘rider’ atropelle a un niño? ¿No debería él trabajar por prevenir todo esto?”, se pregunta esta madre.

“Nadie quiere plantar a sus hijos al lado una fabrica con chimeneas de gas, hornos y generadores eléctricos para 12 cocinas. Pero igual es difícil de comprender para un hombre sin hijos como es el alcalde“, añade Cabezas.

Pero la problemática de las ‘cocinas fantasma’, se extiende mucho más allá de este colegio, miles de vecinos, sobre todo en los barrios de Arganzuela, Tetuán y Chamartín, se han visto afectados por estos negocios: “Provocan humo, contaminación, malos olores, ruidos y vibraciones en los pisos. Además hay un montón de motos, de bicis y furgonetas en la calle que ocupan plazas de aparcamiento, atraen suciedad…perjudican mucho la vida de los barrios”, asegura a 20minutos Vicente Pérez, responsable de Urbanismo y Vivienda de la Fravm, federación organizadora de la recogida de firmas.

Pérez aclara que, los vecinos “no tienen nada contra las cocinas industriales” pero creen que “deben estar donde deben estar, en los polígonos, aunque eso suponga que tarden en repartir la comida 30 minutos en lugar de 15“, y si al final, deben estar en las áreas residenciales, hay que “limitarlas o regularlas”.

Fuentes de la Fravm cuentan que, al tratarse de un negocio nuevo surgido durante la pandemia, el Ayuntamiento ha concedido las licencias sin haber hecho los estudios pertinentes de contaminación atmosférica, odorífera o de ruidos y que muchas se han concedido alegando que se trata de obradores, cuando en realidad son negocios industriales. “Ahora, el Ayuntamiento quiere regularlas” a raíz de las quejas e los vecinos, cuenta Pérez, “pero se tratará de una legislación ‘light'”.

Según cuenta Pérez, esta regulación, que irá incluida en la la Modificación de las Normas Urbanísticas del Plan General de Ordenación Urbana de Madrid (Pgoum), llevará medidas “muy laxas”, como “limitar la superficie de las cocinas a 350 metros cuadrados, obligarlas a tener una sala de espera interior o tener zona de carga y descarga”. Pero no responden a las demandas de los vecinos que piden que estas cocinas estén a, al menos, 500 metros de colegios u hospitales, evitar la concentración de estos negocios en una sola zona o limitar el horario de las cocinas. “Es una normativa para decir que están haciendo algo”, lamenta Pérez.

Y, lo que más indigna a los vecinos y que ha confirmado hoy Mariano Fuentes en la Junta Municipal de este jueves: las medidas que se tomen no tendrán efecto retroactivo. Es decir, las cocinas que ya están, como las del colegio Miguel de Unamuno, se quedarán y no tendrán que adaptarse a esta regulación. El responsable de Urbanismo y Vivienda de la Fravm pide “que las normas se apliquen también para las cocinas existentes, con un periodo de un año que se adapten”.

Aún así, los vecinos y afectados tienen pocas esperanzas en que las normas que imponga el Ayuntamiento, por laxas que sean, se cumplan, porque las que hay ahora, tampoco lo hacen: “Por ejemplo, las chimeneas del colegio están por debajo de la altura de los edificios colindantes y según la Ordenanza de Calidad del Aire tendrían que estar por encima. No solo se trata de modificar las normas, sino de aplicar las que hay ya”, declara Pérez.

“El Ayuntamiento se excusa diciendo que las licencias son un acto reglado, pero que me expliquen como conceden esa licencia si la cocina no cumple las condiciones y como luego no vigilan que la cumplan. Esperamos que, con esta recogida de firmas, la regulación atienda a las quejas de los vecinos.”

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