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Los diez nombres del Tour de Francia 2021

Se terminó el Tour de Francia, año 2021, y toca hacer recapitulación. Nombres que se confirman y otros que ya nunca estarán entre los candidatos. Descubrimientos, alguna decepción, resurrecciones dignas de los mismísimos evangelios. Los diez tipos más destacados (y alguno más que se nos cuela) de este julio intenso.

Tadej Pogačar

Número uno. Ganador, dominador. Indiscutible. Jamás nadie, en toda la historia, tenía dos Tour de Francia a su edad. Nunca, y miren que llevamos rato con esto de la Grande Boucle. Puto amo, vaya. El chaval comenzó como una auténtica bala, y sentenció la carrera en el combo contrarreloj-montaña. Como los más grandes, ¿eh? Digamos que destacó sobre todo lo de Romme, por desacostumbrado en los últimos tiempos. Aquel día pareció Merckx, el resto de la carrera se lo pasó jugando a Indurain. No es poco (lean de nuevo los nombres), pero por un instante todos pensamos en masacres diarias. Ocurre que no le hizo falta, porque sus rivales estaban (varios) peldaños por debajo de él. Es joven, valiente, camina en todos los terrenos, posee sprint poderoso y cuando ataca mantiene ritmos altísimos durante mucha distancia. Parece que hay campeón para rato…

Pogacar celebra el título. (Reuters)Pogacar celebra el título. (Reuters) Pogacar celebra el título. (Reuters)

Primož Roglič

Lo jodido de tener un duelo a dos es que como falle uno… agua. Y eso pasó en el Tour. Decían que si Primož Roglič había aprendido la lección (igual no es buena idea hacer ataquitos de cien metros durante dos semanas y media si tienes capacidad para abrir más distancia) y tenía en mente plantear la Grande Boucle de forma distinta. También habría que ver si era capaz de convencer a sus directores, que tienen pinta de… cómo decirlo… algo rígidos. Pero bueno, esperanzas hubo. Solo que no. Que luego no. Fue el mayor damnificado de la primera semana, esa donde hubo más psicosis que caídas (pero a ustedes les habrán contado que hubo tantas caídas que, finalmente, se desarrolló psicosis). Penó en la crono, penó en los puertos, terminó abandonando. Con Roglič nunca hay dudas sobre su profesionalidad, así que debía estar realmente jodido. Ahora a recuperarse y ventilar otra Vuelta a España, que no es poca cosa. Pero… no sé, queda la sensación de que su Tour era ese de 2020 que (nadie me va a quitar esa idea) perdió por errores propios…

Roglic, durante la octava etapa. (EFE) Roglic, durante la octava etapa. (EFE) Roglic, durante la octava etapa. (EFE)

Jonas Vingegaard

Descubrimiento. Vale, el chaval apuntaba, y en esta época de redes sociales y mil ojos puestos en cada jovencillo ya algunos avisaban de potencial latente, pero… Seamos serios, nadie pensó que pudiese estar tan arriba tan pronto. Entre otras cosas porque hasta hace unos mesucos tenía por delante en la jerarquía de su equipo a Roglič, van Aert, Dumoulin, Kuss y hasta Kruijswijk. No es poco asunto, oigan. Pero la carretera dispone, y el danés ha aprovechado la oportunidad. Brillante en el Ventoux, escalador que parece más de ritmo que de patada. Quizá en los Pirineos estuvo algo conservador, pero vistas las expectativas antes de empezar es perfectamente comprensible. Veremos su evolución. Por ahora, brillante.

Vingegaard, tras una etapa. (Reuters)Vingegaard, tras una etapa. (Reuters) Vingegaard, tras una etapa. (Reuters)

Wout van Aert

Tercer Jumbo Visma en esta clasificación, que no es poca cosa. Wout es el chico de los recados, el que sirve para todo, el que lo mismo te arregla una fuga de agua que saca adelante un examen de Derecho Constitucional. Muchacho modélico, vaya, con esa sonrisilla y esas formas elegantes de montar en bici. En este Tour destacó en su terreno (jornadas tipo clásicas, crono, sprint final parisino) y en aquello que le parecía vetado (ganando una etapa donde se sube dos veces el Mont Ventoux, cual escalador de tronío). Si hasta se pasó la segunda semana coqueteando con el maillot a lunares, oigan. Cloaveyrolat y Thierry Marie al tiempo. Paradójicamente esa polivalencia algunos la pueden ver como indefinición, y hace que no centre sus atenciones en un solo objetivo. No importa, lo queremos como es. Solo queda por verse si su equipo le adjudica más galones o se conforma con tenerlo de animador para bodas y paquetes turísticos.

Van Aert, tras la última etapa. (EFE)Van Aert, tras la última etapa. (EFE) Van Aert, tras la última etapa. (EFE)

Mathieu van der Poel

Los primeros días fueron suyos. Sin duda. O, bueno, compartido, si quieren, con van Aert y Alaphilippe. Pero él salió más por la tele. Logró etapa, maillot amarillo, se lo dedicó a su abuelo, luego montó zafarrancho gordísimo a setecientos kilómetros de meta otra jornada. Más o menos. Espectáculo del grande, muchas piernas y hasta una ambición sin mesura (ese primer paso por el Mûr) que no siempre cuadra con la imagen de despreocupación que transmite el mozo (o intenta transmitir). Digamos que el tipo a veces resulta algo excesivo y teatrero, que tiene tics de esos modernuquis que pueden provocar rechazo, que quizá peque por exceso de protagonismo… pero es que es tan bueno… Tanto. Cómo no perdonar defectillos menores cuando plantea espectáculos mayores. Que dure mucho tiempo van der Poel… y que se implique aun más en estos entretenimientos veraniegos. Ahora a por el MTB en Tokyo (aunque parezca de coña).

Van der Poel, durante una etapa del Tour. (Reuters)Van der Poel, durante una etapa del Tour. (Reuters) Van der Poel, durante una etapa del Tour. (Reuters)

Mark Cavendish

La gran resurrección, el gran récord. Hace un año Cavendish solloza delante de una cámara, diciendo que su carrera se había terminado, que no puede más, que es incapaz de seguir el ritmo de los buenos. Ahora se ventila cuatro etapas al sprint, iguala el récord de Eddy Merckx (ya ven, casi nada) y da la sensación de que vuelve a ser aquel hombre dominador que era hace más de un lustro. Todo perfectamente noticiable. Que lo haya hecho arropado por un equipo en perfecta sincronía para ese tipo de llegadas y después de su travesía por el desierto seguramente se olvide dentro de unos meses, pero quede aquí por escrito. Fue el mejor velocista en una carrera que quedó huérfana muy pronto por caídas (Ewan, Sagan), retiradas (Merlier) y esos fueras de control que él siempre salva in extremis y otros, como Démare, no pudieron esquivar…

Chris Froome

No por él, sino por lo que representa. A ver, que un tío con cuatro Tour de Francia haya tenido el desempeño de Froome es bastante noticiable, y aquí ya lo señalamos aun antes de empezar la carrera. Vamos, que, a mi parecer, arrastra un poco su leyenda, pero qué sabré yo. Ah, sí, noveno final. Noveno por la cola, se entiende. Les decía, con todo, que era Froome como podían haber sido otros. Los de su generación. Ese Nibali anónimo, ese Valverde desconocido (destello de Andorra aparte), ese Quintana que ha rendido mucho mejor que los otros, pero con aspiraciones bien alejadas de lo que fue (y aun algunos pensaban que podía seguir siendo). Si alguien albergaba dudas sobre el cambio generacional en el ciclismo este Tour de Francia las habrá disipado todas. Una generación que se pierde, otra llega. Más joven, más impetuosa, con (quizá) mayor espíritu ofensivo. Dejaron tardes de gloria, pero ahora solo son recuerdos. Ley de vida.

Richard Carapaz

Sensación extraña para el ecuatoriano. De primeras, pódium, y ya se ha subido al cajón en las tres Grandes Vueltas, que no está al alcance de todos. El cómo es lo raro. Atacó de lejos el día que van Aert y van der Poel volvieron loco al Tour, de lejos también cuando Pogačar sentenció y de más cerca camino de Tignes. El resultado fue cero segundos a su favor. En Pirineos tiró de conservadurismo y quiso amarrar puesto, así que el sabor de boca es un poco extraño, porque siempre nos quedamos con lo último. Su equipo, Ineos, se mostró superado durante toda la carrera, con líderes cayendo (de forma literal o metafórica) y una estrategia repetida cada tarde que solo beneficiaba a los demás. Poca cintura, pocos resultados. Toca reflexión para los british, porque esta vez el dominador parece haber llegado para quedarse.

Los españoles

¿Quién? Ya, ya sé, siempre digo lo mismo, pero, en serio… ¿quién?

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