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Los diez pueblos más bonitos de Almería

La Provincia de Almería a menudo pasa desapercibida para los turistas, tanto locales como internacionales. Y, cuando se piensa en ella, es frecuente reducirla a sus playas, olvidando toda la riqueza histórica, arquitectónica y natural que el extremo sudoriental de Andalucía tiene que ofrecer.

Por supuesto, buena parte del litoral almeriense se conserva en un estado excepcional si lo comparamos con otros puntos de la costa mediterránea española, y sus grandes playas vírgenes siempre serán un importante reclamo. No obstante, en Almería también hay pueblos muy singulares, tanto en el interior como junto al mar, que merecen una visita en sí mismos.

Agua Amarga es una pequeña pedanía pesquera del municipio de Níjar, dentro del parque natural del Cabo de Gata. Con apenas 500 habitantes, se trata de un pequeño núcleo de casas blancas encaladas típicas de la zona, rodeado del paisaje árido del Cabo de Gata y mirando directamente al mediterráneo. Agua Amarga, además, es un lugar ideal para la práctica de deportes acuáticos como el kayak o el buceo.

Con un pasado que se remonta a la Edad de Bronce protagonizado por fenicios y cartagineses, Mojácar tiene todas las características de típicas de los pueblos andaluces, con casas blancas y callejuelas estrechas decoradas con macetas llenas de flores; pero también grandes playas de arena y animados chiringuitos.

El interior de la provincia también tiene muchas cosas que ver, como demuestra Vélez Rubio. Enclavado entre montañas calizas y dolomíticas cubiertas de bosques de pinos y encinas, el conjunto histórico de Vélez Rubio ofrece una cara de Almería muy distinta a la de las regiones costeras.

Ubicado junto al desierto del mismo nombre, Tabernas es uno de los municipios más cálidos y áridos de Europa, lo que, junto a un paisaje que recuerda al del Lejano Oeste americano, ha permitido que fuera el escenario en el que se rodaron numerosas películas western. De hecho, en sus cercanías se puede visitar Fort Bravo, un pueblo construido expresamente para este fin.

La Villa de Níjar es el núcleo más extenso del parque natural del Cabo de Gata-Níjar, y se trata de un pueblo de origen árabe en el que destacan su Atalaya, resto de una antigua fortaleza morisca, el pequeño pero hermoso casco antiguo con características puertas de colores y el mariposario, entre otras atracciones.

Otro pequeño pueblo pesquero en el Cabo de Gata, Las Negras es una muestra más de la arquitectura típica con casas blancas de baja altura y brilla por su entorno natural, con playas vírgenes como la Cala de San Pedro. Sin embargo, uno de los elementos que hace única a esta población es la presencia de una importante comunidad hippie que, junto con un buen número de pequeños bares y chiringuitos, contribuye a darle un ambiente excepcionalmente animado.

Las Salinas tiene un encanto propio y diferente. Su origen se encuentra en el siglo XIX, cuando la extracción de sal atrajo a muchas personas a la zona y la empresa que explotaba la zona comenzó la construcción de viviendas para alojar a los trabajadores. Se caracteriza por una arquitectura austera y sencilla, que se funde a partes iguales con el paisaje semidesértico, con los reflejos de las salinas y con el mar.

Lucainena de las Torres, en el oriente de la Sierra Alhamilla, a menudo aparece incluido en listas de los pueblos más bonitos de España. Además de tener elementos arquitectónicos como la Iglesia de Nuestra Señora de la Montesión, este pueblo destaca por el paraje natural que lo rodea, que incluye fenómenos geológicos como la Cueva de Ben-Humán, la Cueva del Mudo o la Cueva del Martillo.

Coronado por un imponente castillo, Vélez-Blanco conserva aún numerosos vestigios de su pasado árabe, como la muralla que lo rodea o la Iglesia de la Magdalena, construida sobre la antigua mezquita. Además, dentro de su término se encuentra la Cueva de los Letreros, que cuenta con pinturas rupestres.

Colgado como está en la ladera norte de la Sierra de los Filabres, recorrer las calles de Serón supone una cierta dosis de ejercicio físico por su pronunciada pendiente, pero las vistas que ofrece su conjunto histórico, con un castillo de origen nazarí como protagonista, compensan el esfuerzo.

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