Salud

Los ‘karkinos’ de Hipócrates o por qué asociamos el cáncer a un crustáceo

“Sus venas están tan llenas y apretadas como las patas de un animal llamado ‘cangrejo'”. Con esta descripción, el médico griego Hipócrates de Cos describía la enfermedad de ‘karkinos’, asociando sus síntomas en los pacientes como las consecuencias de ser atacado por este crustáceo, que a pesar de parecer inofensivo en comparación a otras criaturas, posee un aspecto de lo más enigmático y grotesco: como los cangrejos, el cáncer muerde, sujeta y agarra a su víctima, primero de manera silenciosa al tener un tamaño pequeño, pero a medida que pasa el tiempo sus efectos se multiplican hasta llevar a la muerte a quien sufre su asedio.

Cáncer es una palabra que en la sociedad de nuestro tiempo produce auténtico terror. Antes de la crisis del coronavirus, seguramente fuera la preocupación sanitaria más latente. La Red Española de Registros de Cáncer (REDECAN) cifraba en 277.000 los casos nuevos de cáncer en España al año, y aunque sean muchos menos que los registrados por covid en los doce últimos meses, sigue siendo una de las primeras causas de muerte en hombres y mujeres. En este sentido, la pandemia ha agravado de forma sustancial el proceso de diagnóstico y tratamiento de miles de pacientes, aumentando los tiempos de espera de las consultas, aplazando pruebas y procedimientos, colapsando salas de UCI y hospitales.

“No tenía sentido extirpar el tumor, así como tampoco se puede forzar a un cangrejo a dejar lo que ha agarrado entre sus garras apretadas”

¿Por qué un crustáceo estaba destinado a ser el arquetipo animal para designar a esta terrible enfermedad? Como decíamos, es en los ‘Tratados Hipocráticos’ donde encontramos las primeras referencias o asociaciones del cáncer a los crustáceos. Sam Dresser, editor de la revista ‘Aeon‘, ha publicado un interesante reportaje sobre por qué poco a poco se adopta la metáfora establecida por el médico griego, citando un libro muy reciente sobre la historia del cáncer a lo largo de los siglos escrito por la académica Alanna Skuse. En ‘Constructions of Cancer in Early Modern England’ (2015) se recogen testimonios de médicos del siglo XVI que respaldan las descripciones de Hipócrates: “No tenía sentido extirpar el tumor, así como tampoco se puede forzar a un cangrejo a dejar lo que ha agarrado entre sus garras apretadas”, asegura. “La enfermedad es tan astuta como su homónimo: ‘se arrastra poco a poco'”, rescata Skuse de un tratado de medicina medieval inglesa. ‘Roe y muerde la carne, y los tendones disminuyen a la vista como si fuera un cangrejo'”.

Para los más seriéfilos, y en referencia tanto al cangrejo como al mundo medieval, hay un fragmento de ‘Juego de Tronos’ en el que un personaje muy enfermo asegura lo siguiente: “Tengo cangrejos en el vientre… me pellizcan, me pellizcan… Día y noche. Tienen tenazas crueles“, como recoge José Vicente, ingeniero e historiador español en un artículo muy interesante que repasa el origen de la palabra ‘cáncer’.

Portada de 'De Materia Médica' de la edición traducida al castellano por Andrés Laguna de 1555 y disponible en https://www.wdl.org/es/item/10632/Portada de 'De Materia Médica' de la edición traducida al castellano por Andrés Laguna de 1555 y disponible en https://www.wdl.org/es/item/10632/ Portada de ‘De Materia Médica’ de la edición traducida al castellano por Andrés Laguna de 1555 y disponible en https://www.wdl.org/es/item/10632/

El ‘karkinos’, como lo designaban los griegos, evolucionó a ‘karkinomas‘ de la mano de otro médico que llevó sus conocimientos helénicos a la Antigua Roma, llamado Pedanio Dioscórides Anarzabeo, quien escribió un manual de farmacología y medicina muy importante en edades posteriores: ‘De Materia Medica’ se convirtió en la panacea para tratar enfermedades después de la caída del Imperio Romano, es decir, durante toda la Edad Media y hasta el Renacimiento.

Este códice médico fue muy preciado y resultó muy útil no solo en el ámbito cristiano y europeo, sino también para otras culturas de la época como los árabes. Tanto es así que se comenta que el califa cordobés Abderramán III lo recibió como regalo en su versión original en griego, encargando la tarea de traducirlo al árabe por un monje llamado Nicolás con la ayuda del médico y diplomático de más prestigio de todo Al-Andalus, llamado Hasdai ibn Shaprut. La primera vez que fue traducido al castellano y ampliado con mucha más información fue de la mano del erudito segoviano Andrés Laguna, quien recupera todo el saber médico de la Antigua Grecia a la España renacentista, pero también los temas históricos, filosóficos y políticos más importantes que la historia tuvo a bien no olvidar.

¿Y si fuera un gusano?

Otra de las comparaciones fáunicas entre los primeros médicos con la enfermedad es la del gusano. En el siglo XVII, un cirujano francés llamado Pierre Dionis supuso que el cáncer estaba causado por “una multitud prodigiosa de pequeños gusanos” que infectaban a sus huéspedes. Tanto es así que, como comenta Dresser en su artículo, había un remedio medieval para determinadas patologías llamado como “cura de la carne”, el cual consistía en nada menos que colocar trozos de pollo o carne fresca sobre una úlcera para que así los parásitos devoradores saltaran de la carne humana a la carne animal.

Álvaro Hermida

“Los primeros médicos modernos no estaban del todo equivocados al imaginar el cáncer como una enfermedad de la alimentación”, observa el editor de ‘Aeon’. “A medida que el cáncer crece, necesita más y más comida. Las células cancerosas liberan señales químicas a los capilares y las venas circundantes que las inducen a crear nuevos vasos sanguíneos, a ramificarse como un bosque de coral, entregando nutrientes y oxígeno que dan vida a su colonia floreciente. El cuerpo obedece, alimentando inconscientemente al asesino anidado en su corazón”.

Para terminar, existe otra referencia al cáncer en la forma de un gusano encontrada en la literatura del siglo XVIII es la hallada en un poema de William Blake, el más místico y espiritual de los poetas británicos, quien en su libro ‘Canciones de Inocencia y Experiencia’ habla de una muchacha llamada Rose de la siguiente forma:

“Oh Rose, estás enferma /

El gusano invisible /

Que vuela en la noche /

Ha descubierto tu lecho /

De alegría carmesí /

Y su oscuro amor secreto /

Destruye tu vida”.

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